Críticas

“El libro de los gatos sensatos de la vieja zarigüeya”, de T. S. Eliot.

Leticia Garcia
Escrito por Leticia Garcia

T. S. Eliot hizo del gato grato asunto poético. A pesar de que fuera un hombre extremadamente celoso de su intimidad y que de ella se guardara en muchos aspectos, no pudo dejar de evidenciar al gran conocedor y amante de los gatos que fue. Escribió para sus ahijados toda una exhaustiva radiografía del carácter gatuno, junto a muchas otras anécdotas y azarosas vidas felinas: El libro de los gatos sensatos de la vieja zarigüeya.

Nórdica publica estos versos y a su vez regala por cada poema varias preciosas ilustraciones de Edward Gorey (originales de la edición de 1928). Los quince poemas en castellano que integran el libro son versiones del escritor y poeta Juan Bonilla, publicadas por primera vez en Ediciones Gaviero y que ahora Nórdica recopila con ciertas correcciones del propio autor. Esta interesante edición también incluye los poemas de T. S. Eliot en su versión original, lectura muy recomendable para todo el que busque recrearse con los grandes aciertos poéticos y gatunos de Eliot.

Cuando los ahijados de Eliot leyeron aquellos versos debieron de pensar que el carácter del gato no se diferencia del de las personas tanto como podríamos creer. Para empezar, los gatos tienen varios nombres: uno de ellos inefable y desconocido («Queda otro nombre, pero no hay accesos / Solo el gato conoce el tercer nombre y nunca lo dirá a ningún hombre / por mucho que lo mimen con mil besos»). De manera que muy a menudo, y por mucho que uno se esfuerce en llamarles, estos jamás se darán por enterados y ninguno de sus otros apodos cariñosos les hará salir de su ensimismamiento. Algo que seguro a más de uno le ha ocurrido con algún conocido.

Dice Eliot, además, que los juegos y las persecuciones que practican los gatos hacia ratones y cucarachas son motivados por una preocupación puramente pedagógica para con estos pequeños y frágiles seres («Jenny se pone pronta a trabajar / Ha decidido que las cucarachas se pueden transformar en vivarachas / exploradoras y les da un argumento / para que no se paren ni un momento»). Una actitud de reforma, esta, que recuerda a ciertos momentos a lo largo de la historia en los que el ser humano ha utilizado como argumentos el educar y aleccionar para así aplicar drásticas medidas y castigos.

Eliot nos informa de que los gatos, al igual que nosotros, también pueden llegar a ser ciertamente intuitivos e impositivos («Te escudriña y al punto sabe lo que estás pensando y no te quepa duda de que se enfada cuando hay gritos y algarabía, así que todo el mundo va callando / cuando Skimble pasa por su lado»); de que muchos de ellos emplean demasiado tiempo en su aseo personal («Dedican el día al aseo y al descanso, / se secan las patas con mucho cuidado, / lavan sus orejas hasta que en el cielo / asoma la luna meliflua brillando»); y otros, simplemente, se comportan como el invitado que uno nunca desearía volver a tener («Sus caprichos ya no dejan perplejo / Dale pescado, pedirá un pastel. / Si no hay pescado, no querrá conejo. / Sírvele crema, la olerá con asco»).

Algunos llevan vidas de crueles piratas (un siamés le mutiló un oído); otros son artistazos venidos a menos (el gato grato que siempre está en la puerta del teatro); los hay ladrones acróbatas (quizás eran un poco más célebres de lo que debe ser un gato) e ilusionistas (auténtico maestro del conjuro): no sorprenden estas facetas felinas de las que con gran maestría el buen Eliot arranca una sonrisa. ¿Puede el lector reconocer entre alguna de ellas quizá a su querida mascota? ¿Quizá a un familiar o amigo? Sea cual sea la respuesta, merece la pena, aunque solo sea por andar más precavido por este mundo, pasar un rato asomado a esta divertida ventana que Eliot abre al intrincado mundo felino. No se puede pasar por alto aquello que dijo Montaigne: «¿Juega usted con el gato o el gato juega con usted?».


El libro de los gatos sensatos de la vieja zarigüeya

El libro de los gatos sensatos de la vieja zarigüeya
Autor: T. S. Eliot
Editorial: Nórdica Libros
Páginas: 120
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Sobre el autor

Leticia Garcia

Leticia Garcia

Leticia García (Madrid, 1987) se licenció en Ciencias Físicas pero su curiosidad aún no se siente satisfecha y quizá por eso perdura su amor por la literatura.

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