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75 años de ‘El principito’, el gran clásico de los últimos tiempos

"Lo esencial es invisible a los ojos —repitió el principito para acordarse."

El Principito, la rosa y el zorro

Le Petit Prince fue publicada en Nueva York, donde fue concebida por el aviador y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, en 1943. La edición francesa aparecería un tiempo después, cuando su autor ya había muerto tras ser derribado en un vuelo de reconocimiento realizado sobre el Mediterráneo durante la II Guerra Mundial. Los restos de su avión, un P-38 Lightning fueron encontrados 55 años después cerca de Marsella. Antoine había llegado en 1940 a la Gran Manzana, donde vio la luz su obra más universal, tras la caída de Francia en el inicio de la guerra a bordo de un trasatlántico en el que compartió camarote con su amigo y director de cine Jean Renoir; llegaba siendo un autor reconocido puesto que Tierra de hombres había sido premiada con el National Book Award en 1939, sucediendo a Daphne Du Maurier y su Rebeca, además de haber obtenido antes en su país el Grand Prix du Roman de la Academia Francesa.

La prematura muerte de su autor convirtió al relato sobre el pequeño príncipe en su testamento literario, una obra cargada de una profundidad asombrosa, en la que aborda con una sencillez y eficacia expresiva máxima y con una emotiva aproximación poética, asuntos como la amistad, la soledad, el amor, nuestro papel en relación con los demás, y el valor de la imaginación y de la claridad de la mirada de la infancia e incluso el dolor y la muerte. Todo ello lo ilustró con unas inolvidables acuarelas, que introducía cuando pensaba que una imagen valía más que mil palabras. Una obra que parecía menor en su carrera, pero que no lo era, y no lo fue. Hoy todos sabemos cómo es El Principito. 147 millones de ejemplares editados en 300 lenguas y dialectos le convirtieron en uno de los mayores longsellers de la historia de la literatura, un libro asequible para los lectores más pequeños y lleno de contenido para los adultos, aquellos que alguna vez fueron niños. Es de hecho el tercer libro literario más leído de la historia (tras El Quijote e Historia de dos Ciudades, de los que no hay cifras fiables) y, junto con los libros de la saga de El Señor de los Anillos, el libro más popular de todos los que se publicaron en el siglo XX y también año tras año, el clásico de literatura infantil más vendido en muchísimos países.

Quiero dedicar este libro al niño que una vez fue esa persona mayor. Todas las personas mayores han sido primero niños. Pero son pocas las que lo recuerdan.

Saint-Exupéry era hijo de un conde de provincias, y huérfano desde los tres años, después de que su padre falleciera de un infarto tras sufrir una quiebra. Pasó su infancia en el castillo de La Môle, residencia de su abuelo materno, también aristócrata e hijo del compositor Emmanuel Boyer de Fonscolombe. Estudió en un colegio de jesuitas y tras fracasar en su examen de ingreso a la Escuela Naval, entró en la Escuela de Bellas Artes de París donde estudió durante quince meses la carrera de arquitectura. Durante el servicio militar se quiso formar como piloto, como no pudo acceder al curso se empeñó en obtener una licencia de aviador privado que obtuvo en diciembre de 1921 y que consolidó como piloto militar en febrero de 1922 logrando ascender al grado de alférez. Había encontrado una de sus grandes pasiones, que marcarían su vida y su escritura. Fue destinado a Marruecos. A principios de 1923 se fracturó el cráneo tras un accidente aéreo, su novia se oponía a que ejerciera una profesión que en aquel entonces era tremendamente peligrosa, abandonó su intención de ingresar en el ejército del aire y temporalmente dejó de volar, trabajó de contable, pero finalmente la pareja rompió su compromiso. Poco después, en 1924 volvía a volar a tiempo parcial. En 1925 conoció a Jean Prevost, otro escritor predestinado a acabar su días en la guerra. En 1926 volvía a ser piloto a tiempo completo, esta vez con licencia de piloto de transporte, y publicaba su primer relato: El Aviador, en la revista Navire d’argent que dirigía Adrienne Monnier.

Saint-Exupéry se convirtió pocos años después en un escritor de éxito con dos novelas publicadas, respectivamente en 1928 y 1931: Correo del Sur y la premiada Vuelo Nocturno, que reflejan en parte sus experiencias como piloto en Suramérica. Ese mismo año gana el premio Fémina por Vol de Nuit, y André Gide destaca su excepcional importancia al unir a su admirable valor literario el valor de un documento real. Fue ese año cuando conoció a Léon Werth a quien ofrece la estupenda dedicatoria del El Principito.

En 1939 Saint-Exupéry había sido nombrado caballero de la Legión de Honor por sus servicios como jefe de la compañía Latecoére durante los años 20 en Cabo Juby, una base española que formaba parte de la ruta Tolouse-Dakar, en la que trabó relación con pilotos pioneros de nuestra aviación como Ignacio Hidalgo de Cisneros, que sería posteriormente jefe de la fuerza aérea republicana y Luis Navarro Garnica, jefe del aeródromo de Cabo Juby, que se encuadraría en el llamado bando nacional y que dirigió al final de la contienda al Atlético Aviación consiguiendo el que sería el primer título de liga, siendo mucho después Jefe del Estado Mayor del Aire, ya a finales de los 60. En la época en que la presencia en Cabo Juby del aviador francés era habitual, solía vérsele escribir… se estaba ocupando de dar forma a su primera novela: Correo del Sur.

La quiebra de la aerolínea que dirigía abrió un paréntesis en el que se convirtió en reportero. En 1933 Hollywood estrena la adaptación de Vuelo Nocturno, con Clark Gable, John Barrymore y Helen Hayes como protagonistas. En 1935 estrella su avión, en el que viajaba junto con su mecánico André Prévot, en el desierto del Sahara; sufren deshidratación y alucinaciones en un suceso que inspirará el arranque del segundo capítulo de su libro más famoso:

Viví así, solo, nadie con quien poder hablar verdaderamente, hasta cuando hace seis años tuve una avería en el desierto de Sahara. Algo se había estropeado en el motor.

Hasta 1939 no llega su siguiente obra, que escribe durante su convalecencia tras estrellarse de nuevo, esta vez tratando de establecer un nuevo récord en el trayecto Nueva York – Tierra de Fuego. Se trata de Tierra de Hombres, una obra cargada de su personalísima filosofía, en la que el hombre toma sentido fundamentalmente por su relación con los demás. Es éste un tema que vuelve a aparecer en la escena en la que el texto del pequeño príncipe vuela más alto, su encuentro con el zorro: “Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…” Es entonces cuando el niño le dice que cree que hay una flor que le ha domesticado.

¿Quién era ese aviador que tras la desaparición del Príncipe dice que África es el lugar más hermoso y más triste del planeta? La reedición en España de Vuelo Nocturno por parte de la editorial Berenice, nos permite acercarnos a él a través de uno de sus mejores libros. Veremos reflejada ahí su experiencia como director de la filial argentina de Aéropostale y el peligro extremo al que se sometían los primeros pilotos profesionales, una cuestión que experimentó muy de cerca. Fue allí donde se enamoró de la salvadoreña Consuelo Suncín, su verdadera “rosa”. En esta novela, una de sus obras maestras, podemos encontrar parte de su personalidad en el patrón Rivière, o en el héroe Fabien. El otro personaje en torno al que gira esta obra es la esposa de Fabien. Únicamente encontramos un reflejo tan bueno de la profesión de aviador de aquella época en una película poco frecuentada de Howard Hawks, Sólo los ángeles tienen alas. El aviador era una persona sensible y llena de valores, pero no fue un pacifista, esto queda claro en otro de sus libros Piloto de guerra, un libro de memorias publicado en 1942, donde describe su papel en la batalla de Francia, como piloto de reconocimiento sobre Arrás y donde él, que era absolutamente contrario a los nazis, aboga por que Estados Unidos entre en la guerra, lo que considera esencial para salvaguardar la civilización occidental; un libro que fue también un importante éxito en su carrera.

Ella lo había alimentado, velado y acariciado, no para sí mismo, sino para aquellas noches que iban a arrebatárselo. Para luchas, para angustias, para victorias. (Vuelo Nocturno)

 

En 1943, tras escribir y publicar en Nueva York El Principito, escribe también Lettre à un otage (Carta a un rehén) y Citadelle (Ciudadela), que ganaría el Prix des Ambassadeurs en 1948 tras su publicación de forma póstuma. A través de sus contactos y a pesar de su edad fuerza ser admitido en las tropas de la Francia Libre.

  • Los momentos clave de la vida de Saint-Exupéry está recogida en un libro del excepcional y galardonado ilustrador Peter Sís, del que recomendamos todos y cada uno de sus libros, titulado El piloto y el principito. También el padre de Corto Maltés, Hugo Pratt, publicó un libro sobre él, este centrado en sus últimos días: El último vuelo.
  • Su nombre completo era Antoine Jean Baptiste Marie Roger, conde de Saint Exupéry.
  • En 1927 conoció en Latécoère a los famosos pilotos Jean Mermoz y Henry Guillaumet, con el primero, también de una gran sensibilidad literaria, consolidaría entre 1933 y 1936 una profunda amistad cuando éste se convirtió en inspector general de Aeropostale. La actividad de ambos está reconocida como una de las más importantes para el desarrollo de la aviación comercial argentina. Hace un par de años, la editorial Macadan publicaba Los aires roturados, un maravilloso libro en el que vemos a un auténtico héroe y en el que Saint-Exupéry firma el prólogo y un emotivo epílogo. Mermoz desapareció el 7 de diciembre de 1936 tras un fallo en el motor de su hidroavión, que actualmente continúa sin aparecer.
  • Uno de los pilotos que manejaron los P38 Lightning, iguales a aquél con el que el escritor perdió la vida en su faceta de piloto, de héroe de guerra, fue el mítico Charles Lindberg, conocido por ser el primero que cruzó el atlántico.
  • El Principito nació a sugerencia de la esposa de uno de sus editores quien sugirió que escribiera un libro para niños, que pudiera competir con la Mary Popppins, de P.L. Travers.
  • Antoine era un gran aficionado a las matemáticas, poco antes de morir, en un bistró de Argel compartiendo comida con el pintor Isia Leviant, aún más experto que él en esta ciencia, empezó a explicarle sobre una servilleta cómo había resuelto la conjetura de Fermat, lamentablemente había cometido un error a la mitad del desarrollo, por lo que su compañero hubo de detenerle.
  • La obra de Saint-Exupéry recibió importantes reconocimientos, pero también los dardos de la crítica por parte de compatriotas como Jean-François Revel y François Nourissier. El triunfo de El Principito ha contribuido a caricaturizarle como autor, cuando su obra, alejada de tópicos, planteaba en sus páginas, llenas de melancolía e incluso de angustia, desde la soledad y la duda, cómo superar la condición humana a través del honor y de la amistad.
  • Ya en el siglo XXI obtuvo dos reconocimientos más sobre Tierra de Hombres, considerado como el tercer mejor libro de todos los tiempos en una encuesta de la revista Adventure de National Geographic (2004) mientras que Outside Magazine lo consideraba el mejor de todos los tiempos en ese género en 2002.
  • En 1974 Stanley Donen dirigió El pequeño príncipe, adaptación en clave musical que obtuvo dos nominaciones a los Óscar y el Globo de Oro por su banda sonora, que estaba a cargo de Alan Jay Lerner y Frederick Loewe. Producida también por Paramount fue filmada en Túnez e Inglaterra. No está entre las obras más brillantes de Donen pero es una película más que aceptable con detalles muy valiosos.
  • Con 43 años Saint-Exupéry se convirtió en el piloto de más edad en volar sobre el Mediterráneo durante la II Guerra Mundial, con 8 años más que sus más veteranos compañeros. Para ello necesitó que la excepción se aprobara por el mismísimo General Eisenhower. Fue sometido a un severo entrenamiento de 7 semanas, pero en su segundo vuelo con un P-38 causó la destrucción del aparato. Aunque acumulaba ya 100 horas de vuelo de combate, fue dejado en tierra hasta que se le asignaron nuevas misiones, de reconocimiento, en un F5B (una versión adaptada al efecto de los magníficos P-38). Adquirió entonces la costumbre de leer y escribir sentado en la cabina del Lightning. El 31 de julio se subió de nuevo a su avión monoplaza para una nueva misión. La invasión de la costa sur de Francia era inminente y sus compañeros pensaban revelarle ese hecho a la vuelta de ese vuelo con la esperanza de que cesara en su peligroso empeño. Pero nunca volvió. Dejó escrito lo siguiente la noche anterior:

Si me derriban no extrañaré nada. El hormiguero del futuro me asusta y odio su virtud robótica. Yo nací para jardinero.

Aunque no fuera rubio, ni fuera un niño, y fuera calvo, corpulento, reflexivo y melancólico, con seguridad estaba pensando en una rosa, aquella que decía haber nacido al mismo tiempo que el Sol. En realidad El Principito nunca fue otro más que Antoine de Saint-Exupéry. Quizá un día, si viajamos por el desierto y nos detenemos bajo una estrella, podamos encontrarlo de nuevo.


El Principito

El Principito
Autor: Antoine de Saint-Exupéry
Editorial: Salamandra
Páginas: 96
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Sobre el autor

José Antonio Redondo

José Antonio Redondo ha desarrollado su actividad profesional entre los ámbitos de Internet, la formación y la cultura. Es cofundador de Hotel Kafka. Ha trabajado más de 20 años en el campo del eLearning como consultor y directivo y lleva más de 22 liderando proyectos en el ámbito digital y escribiendo libros y manuales sobre estas materias y sobre management. Actualmente es director de estrategia digital e infraestructura web de IMF Business School; siendo también director de ambitocultural.es, la web de cultura de El Corte Inglés. Fue vocal desde su fundación de la Comisión de Innovación y Nuevas Tecnologías de CEIM (Confederación de Empresarial de Madrid - CEOE) y de la Comisión de eLearning de la Asociación Nacional de Empresas de Internet (ANEI). Es autor también de varios libros, artículos y manuales relacionados con la gestión de calidad en empresas de servicios, Internet y comercio electrónico. Tras estudiar Ciencias Químicas y Matemáticas en la UCM, se especializó en dirección de empresas y en gestión de producción y tecnología en la Universidad Politécnica de Madrid así como en todos los aspectos relacionados con Internet. Cursó Piano en la Escuela de Música Creativa y es Máster en Creación Literaria por la Escuela de Letras de Madrid.

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