Críticas

¡Abajo el colejio!

Impedimenta nos presenta al estudiante más desternillante y maleducado de toda la literatura ilustrada inglesa en “un manual de instrucciones para la vida escolar destinado a los alumnos y sus padres.”

Arriba el colejio

Queridos profesores que aplicaban aquello de “Más de dos faltas de ortografía, cuatro si son leves, es suspenso directo” en nuestros exámenes, deben saber algo: es posible escribir Colejio con j y triunfar en la literatura. O siendo todavía más fieles, se puede escribir Skool sin h y con k y convertirte así en el padre de uno de los clásicos ilustrados del humor inglés de los años 50.

No es que queramos con esto elogiar la falta y el vocablo mal empleado, pero por una vez nos permitimos salirnos del tiesto, como el niño pequeño que suelta el primer “mierda” delante de su madre, para contar que este manual para alumnos y sus padres contiene “información pribilegiada sobre colejios, empollones, chivatos, canallas, direztores, criquet, guarros, habusones, padres, profesores, artistas del hengaño, malas llerbas en jeneral, bromitas de dormitorio y desastres diversos.”

Si es difícil para la vista leerlo, comprendan lo difícil que puede llegar a ser escribirlo con el corrector de textos del programa informático de por medio. Mérito tiene que Geoffrey Willans, del que no dudamos de su perfecta gramática y ortografía en sus quehaceres cotidianos, consiguiera escribir una obra legible, comprensible y además admirable, con tanto asesinato de la lengua madre. Mérito también el de Jon Bilbao al abordar una traducción que debe incomodar con cada patada, seguida de una disculpa, a nuestro diccionario.

Si pasada la primera página le consentimos al alumno Nigel Molesworth su desastrosa escritura es porque, además de hacernos reír con sus ocurrencias, palpamos la incisiva crítica de Willans hacia la institución académica, además de disfrutar con los dibujos y anotaciones del ilustrador Ronald Searle.

Con más cinismo, sarcasmo y mala leche que otros personajes como Le Petit Nicolas o Manolito Gafotas, el inglés Molesworth lleva haciendo pasar un buenísimo rato a todos los que han querido conocer el internado de San Custodio desde que sus creadores comenzaron con una pequeña tira cómica en la revista Punch. El pequeño y su centro de enseñanza acabaron protagonizando una tetralogía de la que el mundo anglosajón pudo disfrutar en la última mitad del siglo pasado y de la que, no sabemos si sólo de momento, Impedimenta ha publicado la primera novela.

Así, esta maravillosa gamberrada de “¡Abajo el colejio!” se convierte en un retrato sobre el alumnado, profesorado e instalaciones de un centro de enseñanza que, curiosa e irremediablemente, nos recuerda al de cada uno de nosotros. Cualquiera que haya puesto un mote a un profesor, haya coincidido en clase con un alumno blandengue y llorica, haya “degustado” la comida del comedor, o haya tenido que aprender el teorema de Pitágoras, sentirá cómo Molesworth le guiña el ojo y le lleva de la mano a esa infancia de exámenes, castigos y juegos de equipo.

Por ortografía y gramática, no nos queda más remedio que catearle. Por ingenio y entretenimiento, lo colocaríamos como lectura obligatoria en su programa de estudios.


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Redacción de Ámbito Cultural

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