Entrevistas

Entrevista a Alberto Olmos “Ejército enemigo”

Escrito por Pablo Mahaux

Me cito con Alberto Olmos en la sede de la editorial Mondadori en Madrid, con la que acaba de publicar su última novela Ejército enemigo. Mientras espero, observo a Olmos a través de los cristales, me llama la atención su semblante tranquilo, casi monacal. Cuando no conoces a un autor sino por lo que ha escrito piensas que va a ser la copia exacta de alguno de sus personajes. Perola camisa de cuadros, las gafas de pasta y ese movimiento pausado de los pies sobre la tarima no parecen ser garantes de ninguna revolución ni de su contra.

Me pregunta si fumo, o si no me importa esperar unos minutos mientras sale a la calle. Olmos habla muy rápido. Fumamos. Y le digo la verdad: Ejército enemigo me parece un magnífico artefacto.

─¿Qué años tienes?

─Uno más que tú.

─A míme interesan mucho los autores españoles nacidos a partir del ochenta.

─No te conocía, es la primera vez que leo algo tuyo y la verdad, me ha sorprendido.

─El título mola, a que sí

─Sí

─Me ha llamado la atención en Ejército enemigo, la dislexia de Santiago, el protagonista.

─¿Qué es dislexia? Ah sí, derecha, izquierda…

─La dislexia…

─¿juega un poco con el titulo E – JER-CI-TO. E -NE-MI-GO?

─Bueno sí, dislexia es la alteración de la capacidad de leer, cuando se confunden o se cambian letras, sílabas o palabras.

─¿Eso es dislexia? No sabía exactamente que fuera eso.

─¿Este personaje, Santiago, es un reflejo de la sociedad? ¿Crees que la sociedad es disléxica?

─Si te dijera que sí quedaría muy aparente ─Olmos sonríe levantando las palmas de las manos─. Pero no. Muchas veces me pasan ese tipo de cosas. Yo no creo que sea disléxico pero en vez de leer por ejemplo “San Pedro”, leo otra cosa. Así esta característica del personaje ha sido algo intuitivo: tenía la intuición de que ese rasgo al personaje le quedaba bien. Es un personaje conflictivo, tiene un conflicto con la realidad, y este otro conflicto con la lectura le viene muy bien. Pero ha sido algo intuitivo. En este sentido, mi teoría del buen novelista es que sus novelas son más inteligentes que él. Los novelistas que a mí no me gustan suelen ser más inteligentes que sus novelas y más inteligentes que yo. Son gente que saben mucho de literatura, pueden recitarte a Borges de memoria porque normalmente la mayoría son argentinos. Pero sus novelas no molan.

─ ¿Por qué?

─La gente no quiere novelas inteligentes, quiere novelas que les estimulen. Por eso creo que lo mejor para escribir es la intuición. ¿Ves? Ese rasgo casi disléxico que yo he notado en mí, bueno, pues tuve la intuición de que iba a engrandecer al personaje.

─Pero en alguna otra entrevista afirmabas que la gente lee mal, que el lector sólo se fija en el tema.

─Ah, los lectores.

─Sí, decías que no les importa la calidad literaria siempre que el tema se trate desde un punto de vista políticamente correcto y moralizante. En este sentido tu novela repite hasta la saciedad que la solidaridad ha fracasado, entonces ¿no es también una novela de tesis?

─La novela de tesis es una novela aburrida y en este sentido no quisiera que la mía fuera una novela de tesis. Pero estamos en 2011, y cada lector tiene a su alcance muchísimos contenidos audiovisuales lo que deja menos espacio a la literatura. No es que a la literatura le quede poco por retratar, pero creo que lo más interesante (y esto lo dije hasta con mi primera novela, vamos, que soy coherente) creo que lo más interesante en una novela son las ideas. Las típicas frases que subrayas porque piensas ¡qué fuerte lo que acaba de decir!, o ¡qué ingenioso es esto!, o ¡qué perspicaz! Y también desde luego huir de los clichés.

─ ¿Por ejemplo?

─Sí, metáforas del tipo: ojos como platos o rojos como tomates. Me gusta más que haya cuatro páginas de una reflexión rocambolesca, como por ejemplo la que hay en Ejército enemigo sobre la nueva musa: la chica que llega a su casa y se desnuda para exhibirse a través de una página web, que una descripción que no lleve a ningún sitio; por ejemplo la veracidad de un personaje: dónde nació, cuándo… páginas y páginas de datos que no son interesantes. Yo utilizo más ideas que otro tipo de material. En este sentidoEjército enemigo es una novela de ideas pero de ahí a que sea una novela de tesis… yo no tengo una tesis de nada.

─Comprendo.

Entramos de nuevo en la sala y nos acomodamos. Olmos no pierde el hilo.

─El material del que me gusta hacer los libros es de ideas. Ideas que encuentro interesantes y que a la gente le puedan gustar. Creo que hay una diferencia entre ideas de ensayo e ideas narrativas. Las ideas narrativas son básicamente inútiles. Aunque ahora realmente todo es inútil, al menos las ideas ensayísticas que se proponen funcionales. Pero las ideas literarias son simplemente sorprendentes, ingeniosas, revulsivas… y este es el tipo de idea que yo quiero plasmar en este libro, no una tesis para que uno lea esta novela y ya sepa qué es lo que hay que hacer en el mundo. Todos los periodistas, todos, me han preguntado sobre política, sobre la crisis ysin embargo los lectores que han leído el libro sólo me hablan del sexo. Creo que los lectores están leyendo mejor la novela. ─Olmos muestra las palmas de las manos, vacías─. Yo no tengo tantas respuestas, ¿yo qué sé? Yo no estoy aquí para dar ninguna solución, ni siquiera la tengo y me importa un pepino todo.

─No pretendes dar un discurso.

─Para nada, para nada ─se escandaliza─. Sólo me he acercado intuitivamente a algunas ideas que pueden chocar, que pueden ser estimulantes para el lector bien porque le indignen o le irriten algunas o porque otras le puedan gustar o sorprender.

─Existe una imagen que se repite durante toda la trama: las zapatillas colgadas en los cables de la luz en la calle donde vive Santiago. Esta imagen de las zapatillas ha sido casi un icono en la llamada Generación Nocilla.

─¿Ah sí?

─La utilizas como una especie de venganza contra Fernández Mallo? ¿Es una forma de llamar la atención?

─Es verdad, el otro colgaba en el árbol no sé qué.

─Zapatillas. Colgaba zapatillas.

─Se te va totalmente la olla.─Me mira y estalla en una carcajada─. Quedaría muy simpático que alguien viera que es un guiño al Nocilla, pero es cero guiño. Yo vivo en Madrid, y Madrid está llenó de zapatillas colgadas, vamos, que esto no es algo que se ha inventado nadie. Yo las veo en el centro de Madrid y mola, pero en mi barrio, al lado de mi casa son repugnantes. Porque están dentro de un contexto de suciedad, de gente que está bastante jodida, que lo convierten en algo horroroso. No sé cuál es el origen de colgar las zapatillas, pero es una mierda, un asco.

─ No hay guiño, entonces. Hay una cita de Franz Kafka:” En la pelea entre el mundo y tú, siempre puede el mundo”.

─Estoy totalmente de acuerdo. En mi trayectoria siempre hay un conflicto entre el individuo y la sociedad. Yo escribo sobre el individuo que no se adapta a la sociedad, o sobre el que está en contra del discurso dominante que en el caso de Ejército enemigo es el de que todos somos solidarios y buenas personas y nadie grita a nadie en la calle, ni nadie es racista, sólo esa gente rara que a veces sale en los periódicos.

─¿Relees tus primeras novelas y tus primeros posts?

─Los posts sí. Cuando tengo alguno realmente bueno me leo a mí mismo. A veces me digo: Es la hostia, ¿cómo he podido escribir esto? Pero novelas no. Nunca he vuelto a leer una novela mía. A veces recibo respuestas positivas sobre todo de mi primera novela que se publicó hace trece años, quedó finalista del premio Herralde, imagínate con veintitrés años. Es una novela llena de referencias pop y personajes televisivos de los que dudo que alguien ya se acuerde. Y me alegra que esta novela no haya envejecido todavía. Mucha gente dice que es mi mejor novela, espero que hasta esta que acabo de publicar. Porque aquella la escribí con veintiuno o veintidós años cuando nada me importaba demasiado y ahora he querido recuperar eso de escribir sin que te importe el mundo. Y cuando acabé Ejército enemigo, pensé que nadie querría publicarla porque es una obra demasiado punky. ¿Sabes esa sensación?

─Hay escritores que tardan cinco años en escribir doscientas páginas. ¿Crees que esta forma tuya de escribirlo todo y hacerlo público, te ha servido para ganar calidad en tu escritura?

─Yo no sabía lo que era escribir un blog hasta que lo abrí, y nadie podía presumir que escribir en un blog te llevara a que te lo publicaran en papel ─algunos de los post de El lector malherido fueron publicados por la editorial Melusina en 2010, en el libro Vida y opiniones de Juan Mal-herido ─ o a que de repente todo el mundo viniera a mi blog. Esto no está buscado, es completamente natural, no es que yo tenga un plan magistral para administrar el mundo del tipo “si estoy todo el día dando el coñazo en Internet, tendré más lectores”. No. Es simplemente que a mí me gusta escribir, me sale con bastante facilidad. Por ejemplo, los posts los escribo en el tiempo que tardo en teclearlos, no utilizo esquemas ni nada por el estilo.

─Vas de seguido.

─Hay autores, digamos, verborreicos. Y a mí el blog me sirve para desfogarme y así no escribir más libros todavía, porque en diez años tener siete libros es una media muy alta. Prefiero escribir las cosas que tengo que decir, decirlas y a lo mejor luego puedo utilizar alguna idea o algún hallazgo. Quizás el malherido tiene algo que ver con la voz del libro que he publicado ahora. Pero no hay ningún plan.

Ahora, que un tío para escribir una novela necesite diez años… en diez años habrá hecho de todo menos escribir. ¡Qué cojones va haber estado escribiendo! Llevará diez años intentando encontrar tiempo para sentarse y escribir, y le ha costado diez años encontrar los ocho meses que tardamos todos en escribir una novela. Si estás diez años escribiendo una novela es que eres un imbécil.

Yo creo que los escritores, a los que nos gusta escribir mucho, somos en realidad los verdaderos escritores. Lo que no es un escritor de verdad es alguien a quien le cuesta escribir cien páginas o sufre escribiendo. Si sufres por escribir tienes que dedicarte a otra cosa. Creo que lo que tú sientes cuando escribes es lo que siente el lector. Si yo siento que lo que estoy escribiendo es muy excitante, luego al lector le parecerá sexy. Yo con el lector malherido me río mucho, yo, conmigo mismo. Entonces sé que es bueno. Creo que las sensaciones del escritor son muy parecidas a las del escritor.

─En algún otro medio afirmabas que el cambio es un estímulo para el escritor que en tu caso, pasar de Lengua de Trapo a Mondadori….

─Es mentira, claro (RISAS)

─… ha venido provocado no por falta de lealtad sino por aburrimiento, que el hecho de cambiar de sello te reactiva. Parece que no quieres ser autor de un sello editorial.

─Bueno lo de Mondadori es potente y estoy bastante cómodo. No lo he pensado, pero si lo hubiera pensado no lo diría. No sería muy inteligente por mi parte. Uno de los juegos que más me gusta de mi trayectoria es que tengo varios libros con varias editoriales y haciendo una comparativa: comparándolo con follar básicamente, me da mucha seguridad. Ser un tío con la misma novia desde los dieciocho años, me hace gracia. Está bien, sabes lo que son las mujeres pero si esa novia te dejara, te quedarías de repente solo, y no sé si esto es conocer cómo funcionan las relaciones de pareja. Esto de tener un editor que te publica, y que sea tu único editor, tu editor de siempre, me trasmite una sensación de dependencia. Yo estoy muy agradecido a Pote Huerta de Lengua de Trapo pero si Pote se va─aquí Olmos me confiesa susurrando que eso es lo que ha pasado─hay muchos autores que se van a quedar sin follar, sin publicar, y esto les ha pasado a muchos autores de Lengua de Trapo. Y no me gusta entrar en esa desesperación de pensar “¿y ahora quién me va a publicar?”. Prefiero la idea de que haya varios editores que no se conocen entre ellos ni a mí personalmente, pero que ratifiquen que lo que yo escribo es interesante o va a serlo. Creo también que es bonito ver tus libros en diferentes formatos, como ver un mismo libro con diferente traje. Pero yo no estoy pensando ni de lejos en irme de Mondadori, a parte de que ellos me podrían mandar a tomar por culo con la siguiente novela. La cuestión es que en el mundo editorial sólo hay millones para cuatro, los estímulos entonces son que te traduzcan, que te saquen una edición de bolsillo, que te hagan una obra de teatro, una película. Que hagan cosas nuevas, cambios, estímulos. A lo mejor con Mondadori es más probable que pase.

Le agradezco a Olmos el tiempo que me ha prestado y nos despedimos en la puerta de la sala. Me dice que lo que haya de absurdo, también puedo publicarlo en la entrevista y me da las gracias por no haberle preguntado por el 15M, dice que está un poco harto de contestar sobre ese tema. Le observo unos instantes otra vez a través del cristal, y pienso que me he dejado llevar por mi primera impresión: tras ese semblante tranquilo se esconde un gesto de ácida disconformidad,el germen de una revolución, pero no sé muy bien contra qué o contra quién.


Alberto Olmos

(Segovia, 1975) ha publicado las novelas “A bordo del naufragio”, “Trenes hacia Tokio”, “El talento de los demás”, “Tatami” y “El estatus” (2009, premio Ojo Crítico RNE) y “Vida y opiniones de Juan Mal-herido”. La revista Granta lo incluyó en 2010 en su propuesta de los 22 mejores narradores jóvenes del ámbito hispano.


Alberto Olmos

Alberto Olmos (Segovia, 1975) ha publicado las novelas A bordo del naufragio (1998), Trenes hacia Tokio (2006), El talento de los demás (2007), Tatami (2008), El estatus (2009), Ejército enemigo (Literatura Random House, 2011), Alabanza (Literatura Random House, 2014) y el libro de relatos Guardar las formas (Literatura Random House, 2016).

Ejército Enemigo

Ejército Enemigo
Autor: Alberto Olmos
Editorial: Mondadori España
Páginas: 288
Comprar

 

Sobre el autor

Pablo Mahaux

Escribe tu comentario