Patricia Martín Matas -
30/01/2013"Cuatro por cuatro", novela finalista del Premio Herralde 2012, trata las relaciones del poder en un internado en el que nada es lo que parece: una novela sobre la opresión y el aislamiento.
Bajo la apariencia inocente de un internado, Cuatro por cuatro, finalista del premio Herralde de Novela 2012, presenta una visión perturbadora sobre el desarrollo de la convivencia en un entorno aislado de un mundo exterior peligroso, planteando así un mosaico de historias que no dejan al lector indiferente.
La novela se estructura en dos partes, la primera mezcla voces y tiempos para presentar fragmentos casi cinematográficos de la vida de los estudiantes. Fragmentos que el lector funde en una visión totalizadora a medida que avanza en su lectura. Surgen así una serie de preguntas que se verán contestadas parcialmente en la segunda parte, narrada a modo de diario por uno de los profesores que llega desde el exterior al internado. Nos encontramos con un caleidoscopio en el que las tramas se separan y se mezclan ofreciendo una realidad que poco a poco se va distorsionando dentro de ese universo separado del exterior por las vallas que limitan el terreno del colegio. Así, la estructura formal y la trama se complementan a todos los niveles, ofreciéndonos una novela compleja con la que debemos interactuar para intentar comprender el mundo que Mesa despliega en sus páginas.
Este micromundo es en apariencia un entorno seguro, un lugar en el que los padres adinerados pueden enviar a sus hijos para alejarlos de un exterior corrompido por la violencia. Sara Mesa plantea las posibilidades que pueden aparecer cuando se convive en un entorno tan cerrado, cómo evolucionan las relaciones de poder y cómo se establecen unas reglas no escritas y cambiantes que hacen que los personajes se deban adaptar constantemente a "las nuevas reglas del juego" según el caleidoscopio gire y reconstruya las personalidades de alumnos y profesores.
En este entorno claustrofóbico, los brotes de violencia surgen de modo natural. Mesa desdibuja las situaciones más violentas de modo que el lector intuye más que ve y así logra perturbarnos al dejar que imaginemos el desarrollo natural de los hechos. Uno de los grandes logros de esta novela es plantear las perversiones que se pueden dar en un ámbito escolar y cómo afectan a los niños que viven en ese internado: ver, por ejemplo, cómo una niña se ve cosificada, llevada a un desarrollo temprano de su sexualidad y sometida a todo tipo de perversiones, no puede dejar a ningún lector indiferente.
Una novela que nos inspira a cuestionarnos prácticamente todo lo que dábamos por sentado respecto a la seguridad de los entornos familiares, que nos habla desde sus páginas "de las cosas que no se ven y están": la revelación de que, a veces, protegiendo con celo algo tan sólo conseguimos convertirlo en la misma fiera de la que lo deseamos proteger.