Redacción -
16/07/2012Ahora podremos disfrutar por primera vez de los 47 finales alternativos que el autor escribió y desechó en su día en relación a su obra bélica "Adiós a las armas". Un lujo que no te puedes perder.
La última página de la novela Adiós a las armas de Ernest Hemingway nunca había tenido un final tan abierto como ahora.Además del nostálgico y triste desenlace que se queda grabado en la mente de todo aquel que lo lee -la imagen lluviosa del teniente Frederic Henry abandonando el hospital camino de un hotel- y el parlamento que lo acompaña"Eso es todo lo que queda de la historia. Catherine murió y tu morirás y yo moriré, eso es todo lo que puedo prometerte", Hemingway barajó, allá por el año 1929, cuarenta y siete finales más que creyó que podrían cerrar su gran novela bélica, considerada una de las mejores obras escritas en el contexto de la Primera Guerra Mundial.
"No hay más final que la muerte y el nacimiento es el único principio" escribió el autor de El viejo y el mar en sus borradores. Una frase que con el paso del tiempo terminó por desechar. Junto a ésta, cuarenta y seis ideas alternativas más que se le ocurrieron al Nobel de literatura para poner el punto y final definitivo a Adiós a las armas y que estuvieron a punto de caer en el pozo oscuro de alguna papelera. Párrafos y anotaciones que quedaron para el recuerdo. Cuarenta y seis propósitos del escritor norteamericano que jamás se vieron impresos en tinta.
La idea viene de la mano de Seán Hemingway, nieto del escritor, que encontró los manuscritosde su abuelo en la Biblioteca del presidente John F. Kennedy, en Boston. Además, es también el encargado de firmar la introducción de la nueva edición que publicará Scribner, editora de Hemingway y filial, actualmente,de Simon & Schuster. Aunque Hemingway ya explicó en una entrevista en 1958 que el proceso de escritura de Adiós a las armas había sido arduo, puesto que reconoció que estuvo dudando en cómo acabar la novela hasta llegar a reescribir el desenlace en 39 ocasiones, nunca habíamos imaginado que alguien pudiera sacar a la luz esos extenuantes párrafos creativos que tanto enredo le causaron.
La nueva edición incluye, además de esta casi cincuentena de finales, un anexo que reproduce todos los títulos que Hemingway eligió para su novela. Una larga lista que se suma al tumulto de finales y de dudas interminables que agitaron a Hemingway mientras escribía. Así, Adiós a las armas podría haberse titulado Love in War (Amor en guerra), Every Night and All (Cada noche y todas las noches), World Enough and time (Bastante mundo y tiempo) y Of Wounds and Other causes (Sobre las heridas y otras causas). También hay otro título, tachado, en el cuaderno del autor que parece vislumbrarse en algo así como The Enchantment (El encantamiento).
Un añadido a la obra de Hemingway que, sin duda, puede resultar muy estimulante para sus lectores de cabecera y aquellos que no lo son tanto podrán conocer a un Hemingway inseguro, trabajador, preciso, que enumeraba títulos, que acumulaba casi cincuenta finales para una sola obra. Un Hemingway tratado a fondo, del que desconocíamos ciertas facetas y del que ahora entendemos algunas frases que repetía muy a menudo como aquella que decía: "La cosa más espantosa, es una hoja de papel en blanco" o "La papelera es el primer mueble en el estudio del escritor."