Críticas

“Bajas presiones”, de Azahara Alonso.

Cuando comencé a leer, hace ya unos meses, Bajas presiones de Azahara Alonso estaba sumido en un estado de cierta decepción por el género aforístico: salvo pocas (pero muy notables) excepciones, empezaba a echar de menos propuestas frescas y novedosas, que se alejaran del anquilosamiento provocado por el abuso de ciertas fórmulas de escritura y pensamiento (incluso por mí, no me excluyo de la quema). Por eso, empezar a leer ese librito supuso para mí una revelación, el descubrimiento de una voz muy distinta a las que había escuchado recientemente en la aforística de estos lares. Y es así porque Azahara, en este breviario situado a medio camino entre la poesía y la reflexión, no se conforma con una palabra adocenada y tediosa: busca, y a menudo encuentra, la metáfora sorpresiva y el hallazgo genuino, invitándonos a un juego nada complaciente debido a su apuesta por el asombro, pero que tiene como premio el acceso a una visión radicalmente inédita de la realidad.

Siendo los libros de aforismos “diarios sin fechas”, tal y como apostilla Ramón Eder, otro de los grandes del género, las certezas y las dudas que contiene este libro se proyectan desde la atalaya del recuerdo y la nostalgia ya que, como escribe, «Los días sin sol son un imán para las despedidas» o «La memoria es el paraíso perdido», pero en su desarrollo tampoco faltan la ironía («Nunca se sabe si es mejor entrar o salir por la puerta de un hospital»), la intuición certera («Todas las maletas arrastran vidas»), las reflexiones de tinte filosófico («La tecnología hace extrovertido al solipsismo») e, incluso, la confesión más desnuda, ya que, como señala, «Mi espacio está en el recorrido de la frase». La palabra, la literatura, constituyen otro de los leimotiv de estos aforismos, materializado en una posición aparentemente ambigua acerca de su poder, que en ocasiones deviene en una ácida concepción del libro y de la figura del escritor («Es más práctico calzar una mesa con un libro que leerlo»; «Un escritor que elige sus temas no es más que un cronista») o, las más de las veces, en consideraciones  metaliterarias («La más alta literatura es garabato»). Sin embargo, no cabe duda de que Bajas presiones viene a ser el testimonio sintético de una incorregible letraherida, lo que se demuestra tanto por el paseo intermitente por sus páginas de los fantasmas de Capote, Sartre, Wittgenstein, Borges, Cioran o Pascal, como por la claridad meridiana de algunos de sus textos: «Busco palabras en el diccionario como quien busca cobijo en una selva».

Y es que, a la vista está, estos aforismos apuntan, como es habitual en los libros del género, al eclecticismo temático y tonal. El mérito de Azahara radica, además de en su originalidad, en dominar el arte de armar un libro como una coreografía, con una presencia constante y nunca inoportuna del humor y del lúcido ingenio verbal para ejercer de necesario y medido contrapeso a una perspectiva que a menudo es ética pero nunca moralizante: afirmaciones como «Necesitamos vacaciones de la gente para conquistar la filantropía» o «La vanidad traza nuestra caricatura» ejercen de corrosiva bisagra a otras consideraciones de más peso y que resumen las colisiones que propone este libro: «Escribimos porque no tenemos respuesta»; «La única familia son los recuerdos».


Bajas presiones

Bajas presiones
Autor: Azahara Alonso
Editorial: Trea
Páginas: 48
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Sobre el autor

Sergio García Clemente

Sergio García Clemente

Sergio García Clemente (Santa Cruz de Tenerife, 1974) ha publicado poemas y aforismos en diversas revistas digitales. En el año 2013 obtuvo el I Premio Internacional José Bergamín de Aforismos por la obra "Dar que pensar" (Cuadernos del Vigía, 2014). Ha participado en varias antologías de aforismos y en 2016 publicó su segundo libro, "Mirar de reojo" (Cuadernos del Vigía).

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