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Bob Dylan, Nobel de Literatura 2016

El cantante se alza con el galardón más importante de las letras después de una semana de retraso en el anuncio.

Hoy, 13 de octubre a las 13.00 horas, La Academia Sueca se pronunciaba sobre el galardonado con el Nobel de Literatura de 2016: Bob Dylan, el cantante, el agitador, el revolucionario. La decisión llegaba con una semana de retraso después de que la pasada semana La Academia anunciara que aún no tenían una resolución al respecto. En las quinielas sonaban los ya clásicos favoritos (Haruki, Murakami, Philip Roth, Milan Kundera…) pero La Academia de nuevo sorprende, irrita a unos y alegra a otros.

Pese al desconcierto general que dominaba las redes sociales y los estamentos de las letras esta tarde, el cantante de Minnesota llevaba en la lista del Nobel mucho tiempo y, quizás las letras fueron la joven aspiración del cantante desde que Robert Allen Zimmerman se cambiara el nombre y tomara el “Dylan” del gran poeta Dylan Thomas. Su aparición en las quinielas comenzó en 1996, cuando el poeta Ginsberg comenzó a defender el legado del cantante que influenció a grupos como los Beatles, los Rolling Stones o a Bruce Springsteen: “Dylan es uno de los más grandes bardos y juglares norteamericanos del siglo XX y sus palabras han influido en varias generaciones de hombres y mujeres de todo el mundo”.

Amigo de Jack Kerouac, Neal Cassady, William Burroughs, Herbert Huncke, John Clellon Holmes o el propio Ginsberg, el autor de los grandísimos discos Blonde on blonde o Highway 61 revisited, publicó allá por los setenta una novela radical y extraña, mitad prosa, mitad poesía, y que tenía mucho de experimento y muy poco de suerte. Su nombre fue Tarántula y pese a que el cantautor ya disfrutaba de gran fama en el mundo de la música, la novela pasó desapercibida sin más pena que gloria. Fue mucho después, en el 2004, cuando Dylan regreso a la letra impresa con Crónicas, volumen I,  unas memorias inusuales en las que el artista hace un recorrido gozoso por la historia de la música americana, y contagia su entusiasmo por la música folk: su llegada a Nueva York, sus actuaciones en los clubes del Greenwich Village, la época en la que se sintió abrumado por la responsabilidad y solo deseaba huir del personaje que había creado, son algunos de los capítulos que el libro recoge, así como las anécdotas en torno a la grabación del disco Oh Mercy. Una autobiografía que aparece siempre en las listas que reflejan los mejores libros sobre la música popular.

Suponemos que al artista que renovara el blues y revolucionara el folk y el rock poético con aquel disco titulado The freewheelin, la Academia no le premia por su labor dentro del ámbito de la literatura de papel, sino por su gigantesca influencia en el ámbito de esa otra literatura que vive en la palabra y habita en la música y de la que sin duda Bob Dylan es exponente: esa otra literatura que es la oral y que pertenece al mundo de los bardos y los juglares.

Un Premio Nobel de las Letras que se viene a sumar al Pulitzer o al Príncipe de Asturias de las Artes, con los que ya se alzara el artista, y que esperemos de mucho de que hablar, de leer y, sobre todo, de escuchar.


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Redacción de Ámbito Cultural

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