Columnas

Breve recuerdo del rapto

El Rapto de Europa

Fue en el Himno homérico a Apolo, fechado en siglo VIII A.C, y de autor o autores desconocidos, que el divino Apolo, al fundar el templo y oráculo de Delfos, dijo: “Aquí mismo pienso procurarme un templo hermosísimo, como oráculo para los hombres que por siempre traerán aquí hecatombes perfectas, ya sea cuantos habitan el fértil Peloponeso, ya cuantos habitan Europa y en las islas ceñidas por las corrientes”. Ocurrió aquello por las brumas de la Grecia Antigua y el nacer de la civilización occidental y el nombre de Europa comenzó pronto a delimitar dos perfiles diferentes, el uno erótico y humano, el otro sólo geográfico aunque también voluminoso.

Ya Heródoto en sus Historias lo veía así, por un lado mujer y por el otro continente: “Zeus vio que Europa, la hija de Fénix, recogía flores en un prado acompañada de ninfas y se enamoró; bajó del Olimpo, se transformó en toro y, a modo de aliento, echo de su boca una flor de azafrán. De este modo engañó a Europa”. Y más adelante: “Por lo que a Europa se refiere, es evidente que nadie conoce si, por el este o por el norte, se halla rodeada de agua; en cambio, se sabe que, longitudinalmente, tiene la misma extensión que las otras dos partes del mundo juntas”. Ocurrió aquello sobre el siglo VII A.C y así quedaron ligadas ambas formas.

En lo que el mito se mantuvo estable fue en el toro, ya que pocas cosas parecen más estables que el cornudo, así de músculo perfecto y pata recia. Señalaba Mosco de Siracusa que este (el toro), “se levantó bruscamente y se llevó a Europa como si volara, y llegó rápidamente al mar”. Es el rapto de Siracusa trágico al menos en sus inicios: “Y volviendo la cabeza, llamaba ella a sus queridas compañeras y  les tendía los brazos; pero éstas no podían seguirla (…) y como estaba lejos de la tierra de la patria, no veía ya ella orilla, ‘ni las altas montañas, sino solamente el Urano por encima, y abajo el inmenso mar”. Y trágico resuena también en la versión de Ovidio que señala que la regia virgen se atrevió a sentarse sobre el toro ignorante de a quién montaba. Y que entonces el Dios de la tierra y del seco litoral, insensiblemente, puso en ondas las falsas plantas de sus pies, y de allí se fue más lejos. Y dijo Ovidio que se asustó ella (Europa), arrancada de su litoral abandonado: ” vuelve a él sus ojos, y con la diestra un cuerno tiene, la otra al dorso impuesta está; trémulas ondulan con la brisa sus ropas”.

El resto (como lo ya contado) es de sobra conocido. Se llevó el morlaco a la moza hasta las costas de Creta y allá la arrojó a tierra y entonces (escribe Horacio en susOdas), la moza, que ya era divina e igual a los Dioses, exclamó: “¿Desde dónde vengo y adónde he llegado?; la muerte, sin más, es castigo liviano para el delito de las doncellas. ¿Tal vez lloro despierta una acción vergonzosa o, libre de faltas, se burla de mí un vano fantasma que, saliendo por la puerta de marfil, lleva tras de sí el ensueño? ¿Acaso ha sido preferible marchar por la inmensidad de las olas o recoger las flores recién brotadas? Si alguien, en mi cólera, me entregara ahora el infame novillo, trataría de herir con el hierro y romper los cuernos de ese monstruo al que tanto amé hasta hace un momento (…) Mi padre me acosa desde lejos: -¡Maldita Europa!, ¿por qué te detienes ante la muerte?, puedes ahorcarte con el cinturón, que para bien tuyo te ha acompañado, y suspender tu cuello de ese olmo si es que no prefieres hilar el copo que te encarga tu señora y, siendo sangre de reyes, ser entregada como concubina a una dueña extranjera”.

Así dijo la hija de Agenor, Rey de Tiro y de la ninfa Melía, que al parecer tenía más extenso y rico el lenguaje que los mismísimos muslos de mujer, y Venus, que andaba por allá (porque ya se sabe que los Dioses antiguos andan por dónde quieren), sonriendo con perfidia y luego de haberse divertido con la cháchara de la joven, zanjó: “Cuando el toro odiado te ofrezca otra vez sus cuernos, brindándote la ocasión para que se los rompas, cede en tus iras y en tu acalorada querella. Eres la esposa de Júpiter invicto, y no lo sabes; deja de gemir y aprende a sobrellevar dignamente tu extraordinario destino: una parte del mundo llevará tu nombre”. Y así, sexo mediante, la princesa Fenicia llegó a convertirse por órden de Júpiter en espacio habitable, tierra y mar al mismo tiempo, extensa geografía, espacio preciso y difuso a la par. Y tuvo antes tres hijos, Minos, Radamantis y Sarpedón.

Supongo que algunos se preguntarán en qué sentido vengo yo a recordar ahora el mito de Europa y por qué. Decía E.M. Cioran que España era un país enfermo porque fue primera potencia del mundo y como primera potencia perdió antes que nadie su imperio y que desde entonces (Américas vencidas), venía sufriendo una decadencia permanente. Si aplicamos la idea de Cioran a Grecia, la cosa se vuelve terroríficamente oscura. Pero fuera aparte de quién tiene más o menos culpa en los sucesos de las últimas horas y del análisis político de las estrategias de los unos y los otros (FMI, Troika o Tsipras) lo que queda es una sensación de tristeza, de fracaso mutuo y general, y en momento tal parece pertinente regresar al mito, a la literatura en sí, que por extraño que resulte, de algún modo alambicado, parece hacerlo todo más fácil.


Sobre el autor

Guillermo Aguirre (Hotel Kafka)

(Bilbao, 1984). Ganador del Premio Lengua de Trapo de Novela por "Electrónica para Clara" (2010) y autor de "Leonardo" (2013) ha trabajado en diversas editoriales y ha publicado sus relatos en diversas antologías. Actualmente es coordinador de cursos de Hotel Kafka. "El cielo que nos tienes prometido" es su tercera novela.

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