Críticas

“Cages”, de David McKean.

Hay algo perturbador en asomarse a la mente de Dave McKean. Uno de los dibujantes con más repercusión del panorama americano, cuyo trabajo junto a guionistas de la talla de Neil Gaiman o Grant Morrison, junta en este inmenso volumen sus miedos, sus obsesiones y sus delirios, dando como resultado una suerte de antología de la novela gráfica que explora los sentimientos humanos.

Ilustrador, divulgador, director de cine y ahora también guionista (aunque decir ahora sea una licencia), McKean entró en la escena del cómic en los años ochenta y ha firmado algunas de las obras más influyentes en la novela gráfica, como Orquídea Negra, Violent Cases o Arkham Asylum. Su estilo confluye entre la acuarela y el carboncillo; entre la geometría y el delirio, entre el caos y el orden. Pero siempre resulta desconcertante observar una página completa del autor, sujeta a la oscuridad y las pinceladas de color que arrancan una escena, una figura, una pesadilla. En Cages confluyen algunas de estas técnicas recurrentes, teniendo algunas obras a página completa acompañadas de una suerte de poemas, a una historieta más clásicas en su forma y su contenido, echando mano de un trazo claro y sin ambages. Pero McKean siempre recuerda a McKean. Cages aparece en una edición de lujo en nuestro país de la mano de la editorial ECC, compilando en un único tomo en tapa dura las quinientas páginas de la manga obra del artista.

Resulta, sin embargo, infructuoso tratar de dar una sinopsis clara. Como apunta Terry Gilliam en el prólogo del conjunto: “Después de mucho esfuerzo y una larga caminata, he conseguido salir arrastrándome de la trampa de arenas movedizas que es la mente de Dave McKean”. Y no es para menos. A través del punto de vista de diferentes artistas, Cages nos habla de la pérdida, de la locura, del proceso creativo y de la soledad.

Por cada punto de vista, McKean decide alardear de estilo y da un vuelco también en lo pictórico, ofreciendo así un ejemplo de dominio de la ilustración. De este modo, el cómic podría funcionar también como un catálogo o portfolio de diferentes técnicas del autor. Lo mismo sucede con el guión, que juega a tirar la piedra y esconder la mano; a dar a cuenta gotas las frases suficientes para que la historia sea comprensible. Sin embargo, Cages juega a ser una historia de historias, donde algunos capítulos podrían entenderse como soliloquios de los personajes hablándonos de otras historias, de otros momentos.

Como guionista, McKean es irregular y disperso. La historia no es lo que brilla en esta obra, aunque tampoco creo que se pretenda. El guión se apoya tanto en el dibujo que pasaremos largas páginas sin un solo apunte, sin un solo bocadillo. Tan solo silencio e imágenes, como si asistiéramos a una obra de teatro o una performance en que el actor use solo el cuerpo para narrar. Personalmente, prefiero cuando McKean se alía con un poderoso guionista para encauzar todo ese torrente creativo, pero la lectura de Cages es un obligado para todos aquellos fans del autor. Un viaje a la mente perversa de uno de los dibujantes que más relevancia adquirió en los ochenta y noventa y cuyo trabajo aún tiene mucho que decir.


Cages

Cages
Autor: Dave McKean
Editorial: ECC Ediciones
Páginas: 504
Comprar

 

Sobre el autor

Francisco Miguel Espinosa

Francisco Miguel Espinosa

de madre suiza y adoptado por Madrid, es autor de las novelas Encerrado (Lektu), XXI (Ediciones B), Cabeza de Ciervo (Dolmen Editorial) Infernorama (Dolmen Editorial) y Reyes del Cielo (Dolmen Editorial). Ha publicado relatos en antologías tales como Una utopía, por favor (Salto de Página), Retrofuturismos (Nevsky Prospects), Ignota (Palabras de Agua) y The Best of Spanish Steampunk (Marian & James Womack Edition). Combina su creación literaria con la labor periodística en El Pais, Zona Negativa y Ambito Cultural, además de en el sector videojuegos como lead writer en Bytecore y de profesor en Hotel Kafka.

Escribe tu comentario