Entrevistas

“Casa de Muñecas”

Patricia Esteban Erlés y Sara Morante
Almudena Sánchez
Escrito por Almudena Sánchez

He quedado con Patricia Esteban Erlés y Sara Morante en la Casa América de Madrid para hablar de su nuevo libro, Casa de Muñecas, recientemente editado por Páginas de Espuma. Al entrar en Casa América y recorrer los pasillos hasta la cafetería no puedo evitar recordar las recientemente visitadas estancias tenebrosas de su Casa de Muñecas. Una imagen que golpea en mi cabeza cuando comienzo esta entrevista.

Almudena Sánchez: ¿Cómo se os ocurrió la idea de escribir un libro sobre una casa de muñecas?

Patricia Esteban Erlés: Este libro no surgió de ninguna idea. No fue a priori que pensara “voy a escribir un libro macabro y va a ser ilustrado por Sara Morante”. No fue así. Fue más bien un proyecto que se fue haciendo poco a poco, que fue tomando forma de manera casi involuntaria y ganando en interés. Pasado un tiempo, se fueron añadiendo una serie de “pluses” y luego al final apareció Sara y decidimos hacer algo juntas.

A.S: ¿Cómo os conocisteis Sara y tú? ¿Cuándo decidisteis que ibáis a poner el proyecto de escribir/ilustrar un libro en común?

Patricia Esteban Erlés: Todo comenzó cuando me propuse colgar todos los días un microtexto en Facebook con una fotografía. Buscaba fotografías en Internet, me quedaba mirándolas y pensando: “¿qué historia me sugiere?” Sobre todo buscaba fotografías de moda. Me atrae mucho ese universo, la atmósfera que se crea a su alrededor. A partir de ahí, yo colgaba el texto en Facebook y los lectores opinaban.

De hecho, Sara y yo nos conocimos en Facebook a través de una amiga en común. A mí me interesó mucho lo que hacía ella y a ella le empezaron a interesar los textos que yo iba colgando en Facebook. En un principio, Sara solamente iba a ilustrar la cubierta del libro – algo con lo que yo ya estaba muy feliz- pero fue leyendo los microcuentos e ilustrando algunos que me mandaba por correo electrónico y a partir de ahí vimos que podríamos juntarnos y hacer algo más grande.

A.S: ¿Ha sido significativa para vosotras la opinión de los lectores de Facebook a la hora de seleccionar los microcuentos que ibas a incluir en Casa de Muñecas?

Patricia Esteban Erlés: A la hora de seleccionar no, pero sí que me interesaba un poco saber si los comprendían porque el mundo del microrrelato es muy enigmático a veces y me preocupaba que no lo entendieran o que sólo lo entendiera yo. Aunque en todo momento he tenido en cuenta sus opiniones puesto que Casa de Muñecas es un libro que se ha construido con las redes sociales como principales aliadas, una característica propia del libro que he querido respetar.

A.S: El escenario en el que se desarrollan vuestras historias e ilustraciones es una casa de muñecas con diez habitaciones. ¿Por qué habéis elegido ese escenario de fondo para ambientar a vuestros personajes?

Patricia Esteban Erlés: A mí me parece que la casa de muñecas es un juguete muy victorial, que evoca a la época victoriana y se enmarca dentro de un tipo de literatura de terror, de estilo gótico. Además la casa es un lugar doméstico pero al mismo tiempo oscuro, muy inquietante. Por otra parte, la casa es un lugar que siempre se ha reservado para la mujer. Muchas mujeres han vivido sin salir prácticamente de su casa y lo importante que les ha pasado en la vida les ha pasado dentro de su casa. La cocina, por ejemplo, es un escenario típicamente femenino. Yo quería que todas esas muñecas que somos las mujeres (una palabra que aparece con mayúscula en el título del libro) se movieran por todas esas habitaciones.

A.S: ¿Qué os parece el estereotipo de la muñeca como juguete cursi, asociado únicamente a las niñas? ¿Queríais romper, precisamente, con ese tópico tan extendido?

Patricia Esteban Erlés: Yo creo que es un arma de doble filo. La muñeca como juguete, muy antiguo, siempre ha aparecido en ruinas y en cuevas desde el principio de los tiempos. Creo que es normal que las niñas -y que los niños- jueguen con muñecas, pero también hay un concepto de muñeca asociado a una apariencia física, a una percepción de la realidad que hace que el concepto se vuelva desquiciante y sí, por supuesto, que queríamos romper con la idea que se tiene de muñeca como algo perfecto.

Sara Morante: Yo nunca he sido de jugar a las muñecas aunque su existencia me parece algo inevitable en esta sociedad. Las barbies, por ejemplo, tienen su función. Hay niñas y niños que adoptan su propio rol a través de muñecas. Lo que me parece más divertido es tratar de jugar con ese imaginario que se presupone de las muñecas. A mí las muñecas siempre me han fascinado, no en el sentido de jugar con ellas porque no jugaba con ellas pero, por ejemplo, la escena de la autómata en la película Casanova de Federico Fellini, es una de mis preferidas. Esa sí que es una pobre barbie desvalida.

A.S: ¿Creéis que todos nuestros miedos provienen de la infancia? ¿La mayoría de nuestros traumas son traumas infantiles?

Patricia Esteban Erlés: Yo, desde luego, sí que lo creo. Todos los miedos que tengo son miedos que han ido creciendo conmigo desde que era muy pequeña. Me acuerdo perfectamente de que tenía miedo del monstruo de debajo de la cama. Tenía miedo al llegar a una casa y ver que los armarios estaban todos cerrados y de los crujidos de los muebles por la noche en mi propia casa. Sí, sin duda creo que la infancia es un gran criadero de miedos.

Sara Morante: Yo tenía pánico a la oscuridad. Me acuerdo que mi padre me hizo un enchufe con diodos para que no me asustase tanto. Coincido con Patricia en que la infancia es un lugar en que se concentran todas las alegrías posibles y todas las angustias posibles. Además, creo que es necesario el miedo en la infancia, aunque no deja de ser algo muy duro.

A.S: ¿Qué importancia tienen los objetos dentro de vuestra Casa de Muñecas? Por ejemplo, el piano, las estanterías de la biblioteca, un crucifijo, los zapatos de tacón, etcétera…

Patricia Esteban Erlés: Para mí tienen muchísima importancia porque yo soy una mujer de cosas. Las ideas me parecen muy interesantes, las cualidades también, pero mi vida sin objetos no tendría sentido. Los objetos te hacen la vida más grata y te hacen la vida más difícil, también. Por eso, todo lo que has nombrado; el piano, el crucifijo, los zapatos de tacón… para mí son objetos que están vivos. Y las muñecas.

La muñeca es considerada tradicionalmente un objeto, pero yo tengo mis dudas de que no sea un ser vivo. Antes hemos hablado Sara y yo de objetos imprescindibles. Son cosas que no pueden faltar: todos tenemos un vestido que da buena suerte, o al contrario, tenemos objetos que odiamos, que directamente nos repelen. Creo que en el libro hay muchos de esos símbolos que son representativos de una manera de estar en el mundo. En el caso de los zapatos de tacón hay un cuento en el libro que muestra la vida de una mujer según los zapatos que tiene. Hay zapatos que no olvidamos jamás y que nos siguen haciendo daño después de haberlos dejado olvidados en alguna parte.

A.S: Y ¿qué función tienen los fantasmas? Porque el libro también hace constantes alusiones a estos seres de otro mundo.

Patricia Esteban Erlés: Los fantasmas son seres a los que les tengo un aprecio especial. Mi concepto de fantasma es el de una criatura entrañable, porque los fantasmas son criaturas que han vivido y han dejado de vivir y se acuerdan de todo lo vivido. Entonces, pienso que tener buena memoria es de ser agradecido. Normalmente los fantasmas se sitúan en algún lugar donde han sido felices o donde tienen, todavía, una cuenta pendiente. Y quizá por eso, las personas a las que hemos querido acaban convirtiéndose, un día y sin darnos apenas cuenta, en nuestros propios fantasmas. Creo, sinceramente, que es muy importante tener fantasmas en la vida de uno porque así a uno no le van a faltar las historias jamás.

A.S: A medida que va avanzando la trama del libro se percibe una sensación atmosférica angustiante, un clima que provoca asfixia ante tantos espacios cerrados. ¿Cómo habéis conseguido crear esa especie de cárcel infantil?

Patricia Esteban Erlés: En mi caso me gustan mucho los ambientes cerrados. Puede que tenga que ver con que soy claustrofóbica y, por una parte, quería que todos se sintieran igual que yo. Además, me gustan mucho los cuentos de casas donde la gente está encerrada en habitaciones. Y creo, por otra parte, que unas de las mejores maneras de contar historias es la de encerrar a los personajes en un espacio sin salida, donde no puedan escapar fácilmente. Incluso los exteriores de Casa de Muñecas son lugares en los que no se puede respirar bien; lugares que parece que están contagiados del ambiente cerrado de la propia casa. Me encantan ese tipo de sensaciones: sitios en los que parece que no hay aire, o que el aire huele a algo extraño. Es algo que hace muy bien Edgar Allan Poe, por ejemplo, un autor que leo a menudo y que consigue reflejar perfectamente ese tipo de atmósferas.

Sara Morante: Yo me quedé atrapada en la casa. Y en esta Casa de Muñecas todavía más, porque hay tantas habitaciones que no encontraba salida. Eso me paso de verdad ya que me introduje de lleno en la casa mientras estaba dibujando, sin encontrar salida. Porque soy así, para ilustrar necesito meterme de lleno en el proyecto que estoy haciendo y lo somatizo todo. Y encima como me gusta todavía me ha afectado mucho más.

A.S: ¿Por qué habéis elegido el color negro y el magenta como colores representantes del libro?

Sara Morante: Normalmente para la mayoría de ilustraciones me gusta emplear mucho el rojo y el negro. Pero en este caso, de haber empleado el rojo le hubiera dado una pátina muy antigua al libro, es decir, esta vez no he considerado el color rojo como el más adecuado para reflejar un ambiente victoriano y gótico, que es lo primero que he percibido al leer los microcuentos de Patricia. Por eso y para darle un toque más actual, como lo son también las microficciones de Patricia, pensé en un color ochentero como es el magenta: un color feminista, primario y, en mi opinión, con mucha más vida que el rojo.

A.S: Y la última pregunta, ¿de todas las habitaciones que tiene la casa en cuál os quedaríais vosotras? ¿Cuál sería vuestra preferida?

Patricia Esteban Erlés: El cuarto de los juguetes y el dormitorio infantil porque me parecen las habitaciones más terribles. Allí yo he sido capaz de contar justo lo que yo quería contar: lugares en los que hay que sobrevivir.En el cuarto de juguetes, por ejemplo, tienes un montón de juguetes pero aún así y con todos esos regalos alrededor, no eres capaz del librarte del horror de la infancia.

Sara Morante: El desván. El desván es terrorífico y aplaca todas mis ansias consumistas, incluyendo el Síndrome de Diógenes o la curiosidad por encontrar cosas nuevas. Es como un desván de los monstruos, donde puedes encontrar cosas que otras personas llevaron puestas, como ropa usada u objetos o instrumentos que alguien utilizó en vidas pasadas.


Patricia Esteban Erlés y Sara Morante

Patricia Esteban Erlés ha publicado tres libros de cuentos: “Manderley en venta” , “Abierto para fantoches” y “Azul ruso”, candidato al Premio Setenil. Sara Morante Ha ilustrado los libros “Diccionario de Literatura para Esnobs”, “Los zapatos rojos”, “La Flor Roja”, “Xingú”, “Señal” y “Los Watson” de Jane Austen.

Casa de Muñecas

Casa de Muñecas
Autor: Patricia Esteban Erlés y Sara Morante
Editorial: Páginas de Espuma
Páginas: 182
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Sobre el autor

Almudena Sánchez

Almudena Sánchez

(Palma de Mallorca, 1985) es licenciada en periodismo. Colabora habitualmente en medios culturales realizando reseñas y entrevistas. En 2013, fue seleccionada en Bajo treinta. Antología de nueva narrativa española. (Salto de Página). La acústica de los iglús (Caballo de Troya, 2016) es su primer libro.

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