Críticas

“El Incongruente”, de Ramón Gómez de la Serna

Poesía a carcajadas

Ramón Gómez de la Serna
Escrito por Pablo Chul

Blackie Books recupera “El Incongruente”, un libro revolucionariamente moderno que el genial Ramón Gómez de la Serna publicó en 1922. Tal vez sea la ocasión de reflexionar sobre el lugar que este autor ocupa en relación con autores como Larbaud, Kafka y Breton.

(Vaya por delante un dato que no conviene olvidar en ningún momento de la lectura de “El Incongruente”: se trata de un libro publicado en 1922, un año antes del “Tractatus” de Wittgenstein, dos del primer manifiesto surrealista y cuatro de la divulgación de las obras de Kafka. Sirva esta nota como recordatorio del carácter radicalmente moderno de los logros de este libro en términos absolutos y relativos.)

Esta anti-novela narra la historia de Gustavo, un personaje definido por “el mal del siglo, el de la incongruencia”. Gustavo, que nace inopinadamente y crece con “rasgos fantásticos”, llega a la juventud arrastrado por la falta de conexión entre un acontecimiento y otro: “Él había desmentido de tal modo todas las cosas, y suponía de tal modo que las unas podían ser igual que las otras, que se le había descompuesto el destino y, en relación con él, todo desvariaba. Por decirlo así, era un disolvente de todas las leyes de la vida, que se rompían, se enredaban, se quedaban aisladas y desanudadas cuando él se interponía entre ellas”.

Hay aquí, al menos, tres puntos que hermanan a Ramón Gómez de la Serna con Kafka: en primer lugar, una narración que se nos ofrece como hecho consumado; en segundo, un personaje que encarna un punto de vista filosófico que revela el fracaso de las leyes del mundo conocido; y en tercero, una historia que adecúa su forma a la falta de lógica de su contenido. “Tiene que ser una incongruencia la misma historia de su vida y la de la elección de capítulos. Además, es que no se podría contar todas las incongruencias de su vida. No; yo sólo intento escalonar unas cuantas, y que se le vea vivir y producirse, y se imagine el lector todo lo que pudo pasar en los otros días que no se reseñan”.

La historia inconexa de Gustavo comienza y recomienza cada día y en cada capítulo, con la recurrencia de un sueño que hace eco en otros sueños. Sin motivo, una mujer le llama desde un balcón, y Gustavo sube a su piso. Sin motivo, se pone un frac y termina en una fiesta de máscaras. Sin motivo, acepta una invitación a una cacería y termina matando animales míticos. Sin motivo, acoge a una náufraga en su piso, se compra una moto, corteja a una mujer de cera, se hace fotografiar, cena con una viuda, es citado por un tribunal…Es un mundo incongruente y maravilloso en el que los únicos atisbos de lógica o continuidad narrativa parecen estar relacionados con la búsqueda de un amor de corte surrealista: la mujer-misterio, la mujer-muñeca o la mujer-espejismo, todas ellas destinadas a desaparecer. La Nadja de André Breton podría estar a la vuelta de la esquina, inalcanzable y etérea.

De la Serna no fue el único en darse cuenta de que la relación tradicional entre palabra e idea estaba en entredicho desde principios del siglo XX, pero fue seguro quien lo contó con más gracia. Y si Karl Kraus estaba acusando con rabia y saña que la metáfora vacía estallaba cuando cobraba sentido literal (“…el bombardeo de una plaza ha sido un bombazo” o “…la operación marítima se ha ido a pique”), Gómez de la Serna lo hacía con chispa y a la manera de Mihura, dando liebre por gato sin que se notase: “Gustavo soltó los peces como si fuesen pájaros y los peces…siguieron su camino como peces en el agua”, “…las grandes letras iban empujadas por el agua…que parecía una sopa de letras”, o “los trajes de tela con espiguilla son…los más a propósito para los tratantes en grano”.

Este libro es dinamita. Su brillo está en el lenguaje poético y pirotécnico, y en el nervio de su poesía surrealista; pero su modernidad absoluta radica en el lugar desde donde escribe Gómez de la Serna: él es escriba de una realidad incongruente y maravillosa que exige una narración incongruente y maravillosa, abierta, flexible, absurda y lírica. Pues él, como su protagonista, “rompió el papel de la decoración y apareció al otro lado del falso mundo, como esos artistas de circo que rompen la virginidad de la noche pasando un aro cubierto de papel de seda en un salto que va de la montura del caballo a la montura del mismo caballo al galope ¡pero que en ese paripé han trascendido de un mundo a otro, del pasado al presente, del intento al éxito evadidor!”


El incongruente

El incongruente
Autor: Ramon Gomez De La Serna
Editorial: Blackie Books
Páginas: 216
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Sobre el autor

Pablo Chul

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