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El óleo de Ken Follett.

El autor británico presentó en Madrid "Una columna de fuego", su nueva novela y tercera parte de su aclamada "Los pilares de la Tierra".

Casi tres décadas han pasado desde la publicación de Los pilares de la Tierra, la novela histórica por excelencia, que se ha ganado por derecho propio un hueco en el imaginario colectivo. Convertida en serie de televisión, en juego de mesa, Los pilares de la Tierra catapultó al autor de Gales a una fama de estrella de rock que hace que el libro se presente en un teatro de Madrid y no en una librería. Con todos los honores, con toda la pompa que corresponde a un autor que ha vendido casi doscientos millones de ejemplares en el mundo de sus más de treinta novelas.

El teatro Infanta Isabel es un pequeño y pintoresco recinto que ha sido decorado con los grandes carteles de Una columna de fuego, la esperada tercera parte de Los pilares de la Tierra. Se edita mundialmente a lo largo del mes de octubre, en un movimiento de marketing como pocas veces se ve dentro del mundo editorial. Es el ambiente perfecto, este teatro, para presentar a un autor que dispone de sus personajes como actores en un vasto escenario que es la oscura historia de la humanidad.

Suena una música suave mientras nos sentamos y aguardamos. Un preludio de la historia de Ned Willard, protagonista de la novela, en un convulso año 1558 que cambiaría la faz del mundo. Con el ascenso al trono de Isabel I y la creación del primer servicio de espionaje, Europa volverá sus recelos hacia Inglaterra. El espionaje es el tema central de una mastodóntica novela que despierta el interés de los medios y los lectores. Se atenúan las luces y, tras la presentación de rigor, aparece Ken Follett. Ataviado con un elegante traje, luce pelo blanco y gafas. Habla con el rigor de un narrador; con el acento blanco y límpido de Gran Bretaña, de la élite universitaria. En este hombre se concentran tres décadas de éxito literario, desde que publicara en 1978 el thriller El ojo de la aguja.

Ken Follett nos habla del espionaje en la novela. De cómo la importancia de una Europa convulsa, en pleno proceso de evolución, preludia la creación del primer servicio de espionaje. Nos habla de España, gracias al papel que juega la ciudad de Sevilla en la historia. La ciudad más rica de España en la época. A medida que sus palabras, con esa voz de narrador nato, van transportándonos al escenario de su novela, en el escenario del teatro surgen figuras ataviadas con los ropajes propios del siglo XVI. Se disponen en poses diferentes: está el espía, tapado con el embozado; el guerrero, la reina, el clérigo. Follett continúa hablándonos de sus influencias, de la importancia del misterio. Termina su discurso y toma la mano de la reina, ayudándola a sentarse en el trono. Desciende entonces el marco de un cuadro gigantesco que captura en un óleo viviente a Follett y sus personajes, posando con orgullo para el fusilamiento de flashes que retratan el momento.

Tras la performance, Ken Follett dialoga con su editora, sentados frente al marco que ocupa casi todo el escenario. En este punto, dejando a un lado el teatro y hablando tan solo de literatura, Follett reconoce que el tema de la novela no es la religión sino la libertad. No se corta al hablar de ninguno de los temas que se le proponen, incluso de política.

“En algún momento en el futuro”, dice cuando se le pregunta sobre el Brexit, “la sociedad británica mirará atrás y dirá que esta ha sido la peor decisión del siglo XXI.” Follett es un hombre con autoridad, que no titubea en ninguna de sus respuestas. Con la seguridad que dan la edad y el éxito laboral; pero sobre todo, con la seguridad que da ser uno de los autores más laureados del panorama literario mundial. “No me ayudó demasiado Shakespeare para retratar esta época, pues tan solo se fijaba en los pequeños detalles de los ricos. ¿De qué me sirve eso? En cambio, existe una gran obra epistolar del siglo XVI, y leyendo esas cartas es como pude retratar con la mayor veracidad posible la complicada Europa de esa época.”

Se atreve incluso a opinar, ante la insistencia de varios periodistas, sobre el problema catalán: “En mi opinión, el futuro debería pasar por más unión entre países, no por más independencia”.

Ken Follett padece, como los autores más vendidos, el ojo de la alta crítica literaria sobre su espalda. Una pregunta de entre los medios allí reunidos se lo recuerda: ¿qué opina él de aquellos que no consideran al best seller como digno de ser llamado “alto intelecto” o “buena literatura”? Ante esta pregunta, el autor se toma un momento para reflexionar. “Yo soy un autor mainstream. No creo que el que busque alto intelecto deba ir a la cultura; debería buscar en la ciencia, en las matemáticas. La cultura no ataca al cerebro, ataca al corazón. Es como la música: no se analiza, se siente. Yo no busco la inteligencia de la gente, busco emocionarles. Así que sí, supongo que los que dicen que el best seller no tiene ese nivel elevado tienen razón. Porque no creo que sea su propósito.”

Ken Follett termina esta mezcla de presentación y performance con un saludo hacia el patio de butacas, desapareciendo tras las bambalinas, escondido en las sombras que sus propios espías ficticios recorren en Una columna de fuego. La novela que está llamada a ser uno de los sucesos literarios de este otoño.


Una columna de fuego

Una columna de fuego
Autor: Ken Follett
Editorial: Plaza Janés
Páginas: 944
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Sobre el autor

Francisco Miguel Espinosa

Francisco Miguel Espinosa

de madre suiza y adoptado por Madrid, es autor de las novelas Encerrado (Lektu), XXI (Ediciones B), Cabeza de Ciervo (Dolmen Editorial) Infernorama (Dolmen Editorial) y Reyes del Cielo (Dolmen Editorial). Ha publicado relatos en antologías tales como Una utopía, por favor (Salto de Página), Retrofuturismos (Nevsky Prospects), Ignota (Palabras de Agua) y The Best of Spanish Steampunk (Marian & James Womack Edition). Combina su creación literaria con la labor periodística en El Pais, Zona Negativa y Ambito Cultural, además de en el sector videojuegos como lead writer en Bytecore y de profesor en Hotel Kafka.

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