Entrevistas

“El perro que comía silencio”

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Escrito por Pablo Chul

Tal vez la voz de Isabel Mellado deba su frescura al hecho de que la autora es una “outsider”. Violinista de carrera, Isabel Mellado debuta en la literatura con El perro que comía silencio, un libro de relatos, microrrelatos, greguerías y otros textos que se resisten a ser catalogados. Charlamos con la autora antes de la presentación de su obra.

ÁMBITO CULTURAL: El perro que comía silencio es un libro que contiene textos en apariencia heterodoxos, desde relatos largos hasta aforismos o textos parecidos a poemas en prosa. ¿De qué está construido?

ISABEL MELLADO: Parto de muchas cosas distintas al escribir: a veces sensaciones o ideas, o cosas que me han ocurrido, o emociones que he sentido respecto a algo…pero son emociones totalmente reales las que vuelco en el texto, que no veo tan surrealista como me han dicho. Tal vez las imágenes lo sean, pero las emociones son totalmente reales. Al contrario de las películas que advierten que todo parecido con la realidad es coincidencia, aquí ocurre al contrario. En algún sentido es parecido a la música, que es totalmente abstracta y toca una fibra interna muy real.

A.C: Tu formación es como música.¿Has escrito siempre? ¿Cómo y cuándo empiezas a escribir?

I.M: Mi padre es poeta, así que la literatura no es para mí algo impostado. No me he dicho de repente “tengo que escribir un libro”, pues he escrito desde pequeña, aunque sin afán de literata. Pero en la época en la que vivía en Alemania lo hice de manera más intensa, y llegó a ser una necesidad. Escribía en alemán, y jugaba con el lenguaje, como armándolo, porque esa lengua lo permite, pero no sentía plena libertad ni flexibilidad. Tras quince años en Berlín sentí la necesidad de estar en un sitio donde se hablara castellano a mi alrededor, un lugar más cálido, con más luz, y vine aquí, sin renunciar a Berlín del todo.

A.C: Si la escritura surge como necesidad, ¿en qué momento consideras que el texto está listo para ser leído? ¿En qué momento percibes que tu texto tiene la capacidad de comunicarse con otros lectores?

I.M: Ocurre de manera fluida: uno se prepara como para un concierto, y en determinado momento está listo para que se le escuche. Además, algunas personas que leyeron mis textos me sugirieron que hiciera el libro, lo que me dio confianza.

A.C: ¿Qué elementos dotan de unidad a El perro que comía silencio?

I.M: Hay algo unitario en la estética de los textos, que al mismo tiempo son diversos: algunos van por esa vertiente que podría llamarse surrealista, aunque para mí es hiperrealista, y otros van por otro lado, pero hay un denominador común: música y silencio. El libro está imbuido de la música, y contiene muchas cosas que escribí o pensé entre ensayos, o mientras estaba tocando.

A.C: Pero también hay unidad en las emociones o las reflexiones que vertebran el conjunto, ¿no es así?

I.M: Sí. Con el leitmotiv de la música y el silencio, aparece el tema del amor y el desamor, y sus alrededores, como puede ser el abandono. Aparecen temas melancólicos y temas bravos, como un concierto o un perro.

A.C: ¿La forma musical estructura el libro?

I.M: Se puede pensar en este libro como un concierto con tres movimientos y una dinámica del pianissimo al fortissimo, o una modulación del tono menor al mayor, de la melancolía al goce feroz…Y también hay mucha variación y contrapunto, que le dan unidad. En el primer movimiento salen objetos animados y animales que recorren el libro… Sí, podemos hablar de un concierto en el que se leen la desgracia del músico, o el abandono, y después el placer brutal o la capacidad de la persona de percibir su alrededor con amor feroz.

A.C.: Varios de los textos son relatos en primera persona. ¿Has querido caracterizar a tus personajes mediante la voz o se trata de una voz común a todos?

I.M: Creo que son voces distintas, pero tal vez me equivoque y sea como un intérprete, que toca a Bach, a Chaikovski o a Monteverdi con el estilo y el vibrato que corresponde, sin dejar de ser él mismo.

A.C: ¿Y cómo es esa voz narrativa?

I.M: Uno es mal lector de sí mismo, pero sí detecto cierto gusto estético que se interesa por cada silencio, cada textura, por el lenguaje en sí mismo… Le doy importancia también a la libertad, al aspecto un poco improvisado, como despeinado, un poco a la manera de la improvisación barroca. Pero las emociones son mías, claro.

A.C: ¿Y el humor? Se detecta en tu libro un humor surrealista, similar al de algunos escritores de vanguardia y caracterizado por las asociaciones irracionales e ilógicas de ideas, por los non sequitur.

I.M: Creo que en el libro hay humor, pero aparece cuando lo piden los personajes, que a veces me sorprenden. Intento que sean ellos los que buscan el humor dentro de su desgracia, y el humor es un recurso suyo, no mío. El libro puede parecer suave y dulce porque tiene humor, pero es también bravo: me gustan la metáfora del concierto y la del chucho, un chucho buscavidas que se deja acariciar pero que muestra sus dientes y sabe sobrevivir. Y creo que en general no he escrito acerca de personajes autocompasivos. Les pasan, como a nosotros, muchas cosas: muere una planta o una nota musical, pero ellos buscan una posibilidad, ya sea en un museo, en un color…

A.C: A las dos primeras partes del libro, tituladas “Mi primera muerte” y “La música y el resto” les sigue un tercer movimiento llamado “huesos”. Son en apariencia aforismos, o greguerías, acompañados de dibujos lineales…

I.M: Podrían ser parientes del haiku, del aforismo, de las greguerías… En esta parte del libro aparece concentrado todo lo que rodeaba a las partes anteriores, pero aquí en esencia: está lo lúdico, lo descarnado, la soledad ante Dios, la fugacidad… He enterrado algunos de estos huesos, pero otros los seguiré royendo.

A.C: ¿Eres metódica?

I.M: Soy perfeccionista y pulo mucho, pero algunos textos vienen a uno sin que pueda explicarse cómo, y parece que la mano escribiera sola.

A.C: ¿Qué textos de esa clase aparecen aquí?

I.M: “La bañera” o “Nocturno”, por ejemplo. El comienzo de “Nocturno” es un sueño que yo tuve, aunque lo he modificado. En mi sueño yo hablaba y la lengua se desenrollaba, y encima bailaban mujeres… Era yo, claro, hablando una lengua que no era mía. Algo parecido sucedió con el texto “Tampoco poema”, y con los “huesos”: algunos son de pensamiento y otros aparecen ahí, en la ducha o en la punta de la lengua al despertarme, o me llegan cuando estoy tocando.

A.C: ¿Y los dibujos?

I.M: Están hechos con el Iphone en las pausas de los ensayos. Es algo simpático, y creo que en ellos aflora también la música. La melodía, sea como sea, dodecafónica o barroca, está allí… Son líneas, melodías…


Isabel Mellado

Isabel Mellado (Chile). Es violinista. Gracias a la beca Karajan pudo hace veinte años instalarse en Alemania y perfeccionarse con el Concertino de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Actualmente vive en Granada y Berlín. Sus textos han aparecido en la antología "Velas al Viento" de Fernando Valls. "El perro que comía silencio" es su primer libro.

Sobre el autor

Pablo Chul

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