Entrevistas

Entrevista con la autora de “La peluca de Franklin”

María José Codes

la peluca de franklin
Almudena Sánchez
Escrito por Almudena Sánchez

La escritora, fotógrafa y profesora María José Codes tiene por costumbre sorprendernos. No es raro en ella, pues es una experta en intrigarnos desde hace bastante tiempo, como bien lo demostró en su ensayo: Intriga y suspense. El gancho invisible (Alba, 2013) o en sus novelas, que siempre dejan un poso de misterio y perplejidad: Control Remoto, (Calambur Editorial, 2008) o La Azotea, (Institución el Brocense, 2009). Pero de lo que vamos a hablar con entusiasmo, pues lo merece, es de su tercera novela.

La peluca de Franklin (Menoscuarto, 2014) es una novela extraña, contada en dos tiempos, separada por varios siglos, antigua y moderna, llena de historias duales, valiente en la forma y transoceánica en el fondo, que llega y se instala con aires de renovación en esta época de modas apocalípticas y paisajes arrasados. Para empezar, nos encontramos con dos personajes peculiares que, pese a sus diferencias en el tiempo, se parecen más de lo que suponemos en un principio: Vilán y Jaime Gardoqui.

Almudena Sánchez: ¿Qué paralelismos encontramos entre los dos protagonistas, Vilán y Jaime Gardoqui?
María José Codes: Ambos son “hombres nuevos” de diferente forma. En el caso de Gardoqui, la denominación es real, así se llamaba a los que venían de las colonias americanas a Europa y aunque él sea español, de Bilbao, es admirador y seguidor de Franklin. Vilán es un “hombre nuevo” de los de ahora.Los dos personajes se parecen en la edad, en su voyeurismo, en la dificultad para relacionarse con otros y en su actitud pasiva. Hay un juego especular entre ambos personajes, pero es el primero quien escribe sobre el segundo y crea una especie de versión “mejorada” de sí mismo. A Gardoqui su tiempo no le permite ser tan pasivo a bordo del Reprisal, en 1776. Tiene, además, una misión junto a Franklin y una mujer real por la que actuar.

A.S.: El personaje de Vilán se comporta como un autómata: “No necesito ayuda, no he de relacionarme con nadie, nada de agrupaciones clandestinas, nada de planificaciones conjuntas. Soy una isla flotante ante mi claraboya virtual”. ¿Qué papel tienen las nuevas tecnologías dentro de la novela?
M.J.: Si Vilán lleva una vida aislada es precisamente porque las tecnologías lo hacen posible. Él se abandona a la pasividad con la excusa de estar enfermo. En realidad no ha superado el miedo a abandonar su adolescencia, es el personaje opuesto a Aquiles, que decide salir del gineceo, inducido por Ulises, para vivir y luchar en Troya (sobre esto ha escrito mucho el conocido filósofo Javier Gomá). Vilán prefiere quedarse protegido en su casa-útero, pese a que una plaga amenace el lugar donde vive.

A.S.: Tu novela ocurre tanto en un bergantín, el Reprisal, como en una urbanización a las afueras de Madrid. ¿Cómo se te ocurrió la idea de entrelazar dos atmósferas tan distintas?
M.J.: Fue leyendo sobre Franklin y ese gesto suyo de tirar la peluca al mar durante aquella travesía en el Reprisal. Luego hubo una cadena de ideas sobre lo que entonces representaba el “hombre nuevo”, como dije antes. También encontré una información sorprendente sobre las votaciones de algunas mujeres en Nueva Jersey en aquellos tiempos -un dato que luego enterró la historia-, que me hizo pensar en el papel activo de las mujeres en las trece colonias y en su compromiso actual.

A.S.: La figura del `voyeur´ está muy presente en la novela. Los dos protagonistas espían: uno a través de un sofisticado telescopio y otro a través del agujero de la cerradura. De alguna forma, estas escenas me ha recordado a ‘La ventana indiscreta’ (‘Rear Window’, 1954) del maestro Hitchcock.
M.J.: Sí, claro (risas). La ventana indiscreta se parece mucho al gran ventanal desde donde Vilán hace sus observaciones, una ventana que él a su vez imagina como la toldilla de popa del Reprisal.

A.S.: Eres una gran amante del arte. ¿Qué influencias (literarias, fílmicas, musicales y fotográficas) se reflejan en La peluca de Franklin?
M.J.: Supongo que es inevitable sacar en nuestros libros información, consciente o pasiva, de todo lo que vivimos o nos interesa. Hay ejemplos explícitos en la novela. En cine, ya lo has comentado, un poco de Hitchcock, pero también de Ken Loach y hasta de Peter Weir y suMaster and comander. Las influencias literarias de novela negra son obvias, pero también de Melville. En cuanto al arte -que estudié y que fue mi profesión durante algún tiempo-, tanto la escultura de Floria, que imita a alguna de Jean Arp, como la pintura hiperrealista de Vilán sirven para la masturbación (risas), puede que sea una declaración inconsciente. También me encanta la ópera, como a Vilán, que reproduce en su ordenador un concierto de Olga Borodina. El mismo nombre de Floria, su vecina, es el de la protagonista de la ópera de Puccini, Tosca.

A.S.: Existe, en la novela, un deseo de interacción (en la mayoría de los casos, erótico) hacia los objetos inanimados. Parece que sean considerados como una especie de “suplente” del ser humano.
M.J.: Los objetos a los que te refieres son artísticos en la novela. No diría que los objetos inanimados puedan suplir al ser humano, pero opino que pueden consolarlo, y uso este verbo con toda intención y voluptuosidad (risas).

A.S.: La pasividad de enfrentarse a la vida está muy presente en las dos historias. De hecho, se percibe un halo de desasosiego que va en aumento, tanto a bordo del Reprisal como en el chalé de Vilán. Tan solo rompen esa frialdad las mujeres como Eternity o como Miriam, que no se rinden ante las dificultades.
M.J.: Es cierto. Siempre me ha sorprendido la tranquilidad con que la gente puede comer o cenar ante ciertas noticias e imágenes y luego olvidarse de ellas. Hay muchas personas que vuelven la cara hacia otro lado ante un delito, una agresión o una escena dramática en la calle, por ejemplo. Son personas que lo hacen por costumbre porque la indiferencia y la pasividad se retroalimentan, se autojustifican. Admiro mucho a la gente que toma partido, que se compromete, como hacen en la novela Miriam, Etenity y hasta Floria.

A.S.: ¿Consideras que La peluca de Franklin es una novela feminista?
M.J.: Lo es en cierto modo.


María José Codes

María José Codes es una escritora española. Es licenciada en Historia del Arte y máster en Creación Literaria por la Escuela de Letras de Madrid. Su novela "Control remoto" obtuvo el X premio Río Manzanares en 2008. También ha recibido el premio Cáceres de novela por "La azotea".

La peluca de Franklin

La peluca de Franklin
Autor: María José Codes
Editorial: Menoscuarto
Páginas: 304
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Sobre el autor

Almudena Sánchez

Almudena Sánchez

(Palma de Mallorca, 1985) es licenciada en periodismo. Colabora habitualmente en medios culturales realizando reseñas y entrevistas. En 2013, fue seleccionada en Bajo treinta. Antología de nueva narrativa española. (Salto de Página). La acústica de los iglús (Caballo de Troya, 2016) es su primer libro.

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