Entrevistas

Entrevista a Ismael Martínez, autor de “Un minuto antes de la oscuridad”

Ismael Martinez
Almudena Sánchez
Escrito por Almudena Sánchez

Entrevistamos a Ismael Martínez con motivo de la publicación de “Un minuto antes de la oscuridad” (Fantascy, 2014), novela que transcurre en un Madrid apocalíptico.

Madrid, otros tiempos (futuros). No se recomienda vivir en La Avenida de los Fuegos, ni en ninguna parte. Cuidado si piensan adentrarse más allá de la M-30. En especial, si tienen niños, si no les gustan las camisetas floreadas, si las farolas no están encendidas, si no disponen de un arma o un robot que les proteja.

Porque la supervivencia es un tema en sí mismo. O porque la supervivencia es casi el único tema: eso ya lo sabemos todos.

Ismael Martínez Biurrun se ha atrevido a contarlo y a imaginarlo: la ciudad de Madrid en llamas. La ciudad de Madrid en peligro. Se acerca el apocalipsis y el miedo se acentúa, las relaciones se complican, las necesidades personales crecen dentro de una atmósfera cada vez más irrespirable. Ya nada es lo que parece, si es que alguna vez lo fue. Pero tampoco está tan lejos de la realidad (la de ahora). A sólo un minuto, quizá.

Almudena Sánchez: ¿Cómo se te ocurrió la idea de un Madrid apocalíptico?

Ismael Martínez Biurrun: Vivo en Madrid desde hace muchos años y era la opción natural, la más cercana y creíble para mí mismo. Además, ahora mismo Madrid es la capital de un país en pleno desmoronamiento económico y social; por desgracia, la realidad presente refuerza el tono apocalíptico de la ficción, le imprime un terrible sello de verosimilitud.

A.S. La Avenida de los Fuegos, donde vive la familia protagonista, representa una zona límite, un espacio dudoso, siempre al borde del ataque.

I.M.B. Exacto, me interesaba subrayar lo dudosa que es a veces la frontera entre estar dentro y fuera del sistema, entre ser un ciudadano de pleno derecho y ser un excluido. Es un miedo totalmente real, sabemos que basta carecer del trozo de papel adecuado para quedarte sin derechos; aunque en la novela se lleva al extremo, con la construcción de un muro a lo largo del perímetro de la M-30, fuera del cual todo el mundo queda desprotegido, expuesto a las bandas salvajes. Ahí se encuentra precisamente la Avenida de los Fuegos, y lo que la novela plantea es: ¿qué harías tú, si supieras que algo así está a punto de sucederle a tu familia?

A.S. “El horror con camisa hawaiana”. Podrían ser zombies, pero son personas humanas, vestidas con colores alegres, que van cantando.

I.M.B. En ese Madrid distópico, los habitantes del exterior están comenzando a agruparse en algo parecido a tribus o bandas salvajes, cada una reconocible por su atuendo. Los hawaianos que acechan el barrio de Ciro y Sole son particularmente crueles, pero no son zombies, en absoluto; son personas que han entregado su voluntad al grupo y flotan en una especie de estado natural y amoral, pero sin llegar a perder la condición de seres humanos. ¿Hay algo más humano que la crueldad?

A.S. ¿Consideras que el padre de familia, Ciro, es un idealista? El profesor utópico que no quiere renunciar a su empleo, sin sueldo, en mitad del fin del mundo.

I.M.B. Ciro cree que el sistema todavía puede arreglarse de un modo pacífico, comenzando por la educación de los futuros gobernantes, y a eso se dedica en la universidad. Por supuesto, es un idealista, un iluso, pero no se queda ahí; cuando las cosas se truncan y se vuelven sangrientas decide implicarse, aun a riesgo de perder su vida, y dejando a su familia bajo la dudosa protección de un sustituto, su propio clon. Pero Ciro no es exactamente un héroe, más bien tiene madera de mártir, de alguien dispuesto a morir en un empeño imposible. En cierta forma es un iluminado.

A.S. En cambio, Sole parece mucho más desesperada que él.

I.M.B. Sole es más realista, lo que la convierte en desesperada, porque el mundo se está desintegrando delante de sus ojos. No hay dinero, ni protección, ni servicios; los vecinos de la periferia abandonan sus casas, y quienes se quedan sufren horribles ataques, sus hijos son secuestrados… Dentro de ese caos, lo único que mantiene a flote a Sole son sus propios egoísmos, sus secretos. Pero ella también es una víctima, no se la puede juzgar fácilmente.

A.S. ¿Hasta qué punto nos veremos obligados a obedecer las normas en una situación apocalíptica? ¿Crees que es una cuestión relacionada con la conciencia de cada uno/a?

I.M.B. En el escenario que plantea la novela, el mayor problema es que quienes deberían dirigir la sociedad y rescatarla de sus problemas han caído enfermos o se han quedado sin ideas. De modo que se avecina una dictadura, o incluso un regreso a la Edad Media. En ese contexto es casi obligatorio desobedecer las normas, tomar decisiones radicales y revolucionarias. Todavía no hemos llegado a un escenario así, pero sin duda nos encontramos en el momento de pensar por nosotros mismos, de no aceptar las cosas tal cual nos son contadas, sin hacernos preguntas.

A.S. La aparición de Yonan, el mimético, es un punto de inflexión en la novela y recuerda a los replicantes de Blade Runner.

I.M.B. Es una película mítica, y una referencia inevitable para mi novela. Pero creo que todas las historias sobre hombres artificiales en el fondo abordan la misma pregunta: ¿cuál es la diferencia entre ellos y nosotros? ¿Por qué tenemos derecho a someterlos? ¿Dónde está, en definitiva, la “humanidad”? En el caso de Yonan, además, se trata de un clon idéntico a Ciro, de modo que funciona como un espejo en el que éste ve sus propias frustraciones.

A.S. “¿Comen los miméticos bocatas de jamón?”

I.M.B. La respuesta es sí, evidentemente. Y como descubre Sole más adelante, no es ése el único apetito que los miméticos comparten con el resto de los hombres.

A.S. Tan sólo hay un momento, muy determinado, en que al mimético se le llama “robot”. ¿Respetamos demasiado a las máquinas?

I.M.B. Estos miméticos no son realmente seres artificiales, sino clones cultivados a partir de células humanas; son como hermanos gemelos que crecen en incubadoras y permanecen en estado vegetativo hasta que es necesario activarlos o utilizar alguno de sus órganos. El uso de la palabra “robot” supone aquí un insulto, porque es igualarlo con una lavadora, por ejemplo, cuando estamos hablando de seres con inteligencia y conciencia absolutamente humanas.

A.S. En cuanto a los géneros que se entremezclan en “Un minuto antes de la oscuridad”. ¿Cuánto hay de terror y cuánto de ciencia ficción?

I.M.B. Cuando comienzo a trabajar una historia no parto de argumentos ni géneros concretos, más bien de sensaciones, imágenes o atmósferas. En este caso, el objetivo principal era lograr cierto efecto desasosegante, así que el terror está muy presente en todo el libro, pero también me apetecía explorar las posibilidades narrativas y dramáticas de un elemento de ciencia ficción como son los clones. Además la ambientación distópica o pre-apocalíptica se suele incluir siempre dentro del género de la ciencia ficción, pero en realidad las etiquetas son un problema de los libreros, que tienen que decidir en qué estantería colocan los libros. Para el autor no existen fronteras a priori, todo está permitido.

A.S. ¿Crees que vivimos (salvando las distancias, claro) en una época al estilo The Walking Dead? ¿Está nuestra sociedad alienada? ¿Existe una especie de lucha irracional por conservar nuestras pequeñas miserias?

I.M.B. Más que alienada, yo diría que nuestra sociedad vive anestesiada. Es como si nos hubieran administrado el soma de Un mundo feliz en grandes cantidades, y por eso nos parece que las cosas no están tan mal, o que se arreglarán solas, basta con que nos estemos muy quietos o nos comportemos con indiferencia. En mi novela se menciona la palabra zombies una única vez, y es para referirse a la población normal, la que vive dentro de la ciudad y actúa como si el mundo no se estuviese derrumbando a su alrededor. Ese es el mayor peligro, que empiece a suceder y no seamos capaces de verlo.

A.S. Algunos críticos consideran que tu novela es distópica y otros creen que no lo es. Pero escuchemos la opinión del autor: ¿Es Un minuto antes de la oscuridad una novela distópica?

I.M.B. Lo es, al menos en el sentido amplio que se suele dar al término distopía fuera de los ámbitos académicos. Estamos hablando de un Madrid futuro o alternativo, donde el sistema que conocemos se derrumba y está a punto de instaurarse un régimen de tipo casi medieval. Yo diría que eso suena bastante anti-utópico, ¿no?

Con distopía o sin ella, me despido de Ismael sin hacerle más preguntas. Ya han sido suficientes. Ya hemos sobrepasado el minuto antes de la oscuridad. Es mejor que las entrevistas no lo desvelen todo. Y menos aún, si hablamos de un libro que merece ser leído con ganas y también con un poco de miedo.

Hasta la próxima, Ismael. Y que no nos pille la oscuridad.


Ismael Martínez

Ismael Martínez Biurrun

Ismael Martínez Biurrun (Pamplona, 1972) es uno de los autores más reconocidos del nuevo género fantástico español. Ha publicado “Infierno nevado”, “Rojo alma, negro sombra”, “Mujer abrazada a un cuervo” y “El escondite de Grisha”. Además, ha participado en diversas antologías.


Ismael Martínez

Ismael Martínez Biurrun (Pamplona, 1972) es uno de los autores más reconocidos del nuevo género fantástico español. Ha publicado "Infierno nevado", "Rojo alma, negro sombra", "Mujer abrazada a un cuervo" y "El escondite de Grisha". Además, ha participado en diversas antologías.

Un minuto antes de la oscuridad

Un minuto antes de la oscuridad
Autor: Ismael Martínez Biurrun
Editorial: Fantascy
Páginas: 320
Comprar

 

Sobre el autor

Almudena Sánchez

Almudena Sánchez

(Palma de Mallorca, 1985) es licenciada en periodismo. Colabora habitualmente en medios culturales realizando reseñas y entrevistas. En 2013, fue seleccionada en Bajo treinta. Antología de nueva narrativa española. (Salto de Página). La acústica de los iglús (Caballo de Troya, 2016) es su primer libro.

Escribe tu comentario