Entrevistas

Entrevista a Sara Medina

"Como arderá la niebla" accésit de poesía del premio “La flor del almendro 2015”.

Sara Medina
Escrito por Sonia Aldama

Sara Medina y yo nos citamos en el restaurante Arrivederci Roma, un lugar que ella frecuenta, situado frente al Retiro madrileño. La poeta cuenta que a menudo pasea por el parque o se sienta en su rincón favorito, a los pies del Palacio de Cristal “para observar cómo los ejemplares del ciprés de los pantanos esconden no sólo las raíces sino también parte del tronco en el lago”. Sara dice risueña que justo antes de la entrevista ha tenido la suerte de cruzarse con Ricardo Darín y se ha atrevido a saludarlo. Lo que el magnífico actor no sabe es que acaba de conocer a una narradora y poeta extraordinaria, que publicó en otoño de 2015 un poemario que recorre su trayectoria vital y poética: un camino en la exploración de los sentidos.

En esta entrevista la autora retrata su poesía y el sentir del poeta con desgarro y desde las entrañas; su formación como narradora, poeta y dramaturga, se percibe en cada una de sus palabras. Sara Medina se reivindica en Como arderá la niebla, devuelve la dignidad a lo vulnerable y vulnera la estética de cierta poesía del siglo XXI. Nos devuelve la elegancia en versos cargados de expresionismo y donde lo simbólico nos acoge con la calidez de su voz. La precisión del lenguaje como homenaje a lo poético, todo en un devenir de versos que comienzan en la tierra y concluyen en la luminiscencia de esa otra niebla. Un libro de poemas con estructura impecable, fragmentado a través de elementos de la naturaleza: ascuas, calima, llovizna, escampada, centellada, nieve, neblina y fuego. Un poemario con fogonazos confesionales y regado de surrealismo. Sara Medina tiene además la maestría de intercalar versos con poemas en prosa y poesía narrativa. La autora  homenajea a Charles Simic o Alejandra Pizarnik y se refugia en una atmósfera desde la que contempla lo lírico: lo sostiene con fuerza, dirigiéndose al “tú” o hablando desde el “yo” sin rodear la imprescindible montaña de certezas, la lucidez del poeta o el desencuentro con la vida desde la conciencia de la muerte.

Sonia Aldama: Sara, ¿cuántos años llevas investigando sobre el lenguaje poético y desde cuándo escribes poesía?

Sara Medina: Lo primero es agradecer tu interés, Sonia, por mi poesía. La preocupación por el uso de las palabras, sarna con gusto no pica, le concierne a muchos escritores. La mirada poética es importante a la hora de elegir las palabras para poner en pie lo que deseamos comunicar. De alguna manera, esa mirada poética necesita ser traducida. Al escribir Como arderá la niebla también me planteaba una reflexión sobre el lenguaje: lo poético ¿para qué? ¿Por defender las palabras o por desconfiar de ellas? Porque las palabras son acuosas, avanzan mojadas, esculpen, dan volumen, definen, son aproximaciones a lo que de verdad se querría transmitir. Resultan insuficientes, a veces. Por un lado, acotan los límites de lo indescriptible, pero por otro, a la vez, al ejercer de prismas, lo extienden o lo amplifican. El poeta ama y desconfía de las palabras al mismo tiempo. Sabe que son engañosas, tienen aristas, denotan y connotan, conoce los simbolismos y trata de conocer sus saltos semióticos. Al poder observarlas con extrañeza y considerarlas como instrumentos, como objetos, puede jugar con ellas, elegirlas desde la libertad. Pero no son un fin en sí mismo sino un medio para expresar lo que se ha de decir. Respecto a los años que llevo dedicándome a la poesía, aunque escribo desde niña, no sabría darte fechas concretas. Respecto a la reflexión sobre el hecho de hacerlo, creo, más bien, que el uso del lenguaje pasa sus fases de evolución. Al inicio se practica quizá desde la fe en el y enseguida se descubre que el lenguaje es sólo pacto. Es decir, se aprende desde la creencia del lenguaje como absoluto en la niñez, atendiendo al sistema que nos proponen los maestros. Dejamos atrás las propuestas imaginativas que todo niño posee como ser “no educado todavía”, en aras de poder comunicarnos con los demás y ser entendido; más por una transacción, un trueque de palabras que por un entendimiento real. Enlazamos los conceptos con su término y jugamos más a saber que a desconocer. Nos seduce lo fonético, las onomatopeyas, las aliteraciones. Creo que fui alguien precoz en el uso y el juego de las palabras, porque quizá les perdí el respeto pronto, sabiendo que eran pura convención. Todo esto, a nivel superficial.

Más tarde asumí no sólo la desconfianza de las palabras, sino que perdí estima a la propia manera de comunicación verbal que usamos para encubrir o dejar de decir, aunque el verbo sea práctico. Y lo mismo que observé que el tono suele ser tan importante como la palabra en el lenguaje oral, también sentí que en el texto escrito sugieren mucho los recovecos, las humedades de las palabras, lo que no definen, sino lo que proponen. Comprendí, por tanto, que había más fuerza poética, más verdad en lo titubeante, la duda frente a la certeza, en las grietas de las palabras, en sus huecos, que en su mismo cuerpo.

Y, por último, además de todo ello, es importante saber que las palabras pueden ser creadoras de realidad. Deleuze agradecía al arte su capacidad generadora para superar el sentido común al que nos somete el lenguaje mediante la creación de un lenguaje más allá del existente. En este sentido amo la poesía.

S.A.: Háblanos de tu asombrosa relación con el extrañamiento y lo que ha supuesto para este libro.

S.M.: Me hace ilusión que definas así la relación, pues sabemos que la palabra extrañamientono sólo quiere decir lo raro y lo extraño, sino también, lo extraordinario. Y es que, efectivamente, siento que a través de él se puede vivir la vida de una manera “más allá de lo ordinario”. El observar las cosas, los hechos y las personas desde un punto de vistaextrañado, distante de su mal llamada “normalidad”, nos permite poder renovar cada cosa, cada hecho y cada persona; no como un derecho adquirido sino como un regalo, no como algo que la vida nos debe, sino con gratitud. Nos devuelve la capacidad de asombro: todo es de hecho diferente, se renueva, todo es aquí y ahora. En el aquí y el ahora, el cuerpo y la mente están más estrechamente ligados: hacer, decir y pensar llevan la misma dirección. Es lo que los actores llaman hacer o decir “lo orgánico”. Es más primario, más instintivo, fluye de manera natural. En Como arderá la niebla propongo que para que se empiece a “aceptar el frío”, y llegue el proceso de renovación, no hay que vencer el extrañamiento sino dejarse vencer por él. De lo contrario no cabe la existencia plena. Para poder empezar a vivir en la abundancia creo que hay que extrañarse de todo lo que nos rodea y de lo que somos. Para poder aceptar al extranjero, tendremos que entender que también nosotros llevamos a un extranjero dentro. Hay que tolerar la incertidumbre. Extrañarse es bello; descubrir lo raro enriquece con sutilezas y uno puede admirarse por un matiz. Al mirar poéticamente, no sucede lo mismo nunca, cada momento es único e irrepetible. Sin extrañeza no entiendo la poesía. Pasa lo mismo con vivir “en la falta”, en los huecos o “en la abundancia”. Para vivir en la abundancia tengo que saber que ella es hueco y que el mismo hueco es el trampolín de la abundancia: es abundancia en sí misma. Estamos acostumbrados a dejarnos guiar por lo racional, pero a veces nuestras opiniones y creencias sobre los sucesos nos condicionan más que los hechos en sí. Parafraseando a Borges, la opinión sería la parte más superflua del hombre. De hecho, no creo mucho en las opiniones. No creo en las palabras sino en sus huecos, en el tono, en lo que no dicen. No creo en las contestaciones archiconocidas. Me interesan más las preguntas y me quedo con las personas que se las hacen, con las personas que antes de hablar sienten, piensan, se preguntan, son. Poder ver las cosas desde otro prisma es un regalo; mojarse en la vida, pero no en lo que otros te dicen que creas o seas, sino en lo que tú quieres ser o creer; estar abierto a otras personas, a otras propuestas, y al por qué no. En definitiva amo el extrañamiento porque la vida es extraña, y por eso la amo. Si además la extrañeza se puede entender como desvío o desavenencia entre los que eran amigos, también podremos inferir que la amistad o el amor ni se compran ni se pactan, son nuevas, y desde el extrañamiento, amarse; pues partiremos de la premisa de que somos seres rotos.Deberíamos tratar a los seres cercanos y a los familiares con mucho cariño, como gente nueva por conocer cada día, y por lo tanto renovar nuestros pactos de generosidad y escucha activa. Se que no es muy práctico, pero ¿quién dijo que la vida fuese práctica? A mí lo que me gusta es no dar por hecho lo que tengo, lo que siento, lo que pienso. Así me acerco a lo que me parece la felicidad: una especie de recoveco libre que, aunque sea pequeñito, es mi reducto de paz.

S.A.: Como arderá la niebla es un libro introspectivo que a la vez nos habla de la naturaleza humana. ¿Sufres en el proceso creativo o disfrutas como cuando te escuchamos recitar?

S.M.: ¿Sufrir o disfrutar? (Sara ríe). Si tuviera que decantarme por uno de los dos verbos, y no por un magmaverbalde ambos, te diría que disfruto más que sufro, sin lugar a dudas. Sobre todo en el primer momento de la escritura, cuando lo hago desde la libertad, es decir, sin juicios, ni censuras, en mi momento de escritura salvaje, disfruto. Y además con mayúsculas. El ego se olvida y entonces dejo de pertenecerme: “Sara Medina, propiedad privada”. ¿Pero qué más dará quién sea Sara?”. Y parece que está mal que yo lo diga (risas), pero es que es tan liberador alejarse de una misma… Estamos por fin solos la escritura y algo más profundo que mi concepto de mí misma. Algo más juguetón, con menos peso. Entonces se produce un efecto efervescente que es adictivo. Los sentimientos que brotan, por otro lado, son emociones que ya se sintieron, ya se dejaron descansar en paz, quedan sus cenizas y se pueden evocar desde otro espacio distinto al mero desfogue. Ya están encontrando su forma y maduran con la escritura. Pero sí que hay un segundo momento, el de la reescritura, en el que dudo mucho. No sufro cuando desecho, sino justo antes: cuando tengo que admitir que algo en lo que he invertido tanto tiempo y esfuerzo no es bueno. No sufro si tacho y reemplazo un sinónimo por otro, pero sí y mucho cuando tengo que suprimir cacofonías o situar puntos y comas. Sobre todo (se ríe), me aburren las comas. Pero cuando peor lo paso es si, por salud o por otros condicionamientos, no puedo dedicarle el tiempo que querría a escribir. Recitar, como bien has observado, me encanta; es como estar escribiendo el poema de nuevo con los labios. Trato de ofrecerlo con amor al que desee escuchar y así se me pasa la vergüenza. Ya está, ya te he relatado de forma bastante exhaustiva mis sufrimientos y alegrías (Sara ríe), pero afortunadamente, en la balanza pesa mucho más el disfrute y la necesidad imperiosa de escribir, que compensa todo lo demás. Y efectivamente, Como arderá la niebla es un poemario introspectivo, tienes razón, y quiero ahondar en lo que dices. Es un libro progresivamente luminoso, pues parte de un despliegue de variaciones del dolor para resolverse en un aprendizaje: “Quemarse entonces,/aunque parezca trágico,/ no es más que aprender/ a descifrar el humo”. Al tener que ir sucumbiendo a este poemario me plantee el hecho de estar abusando de material autobiográfico. Otras veces había escrito con menos presencia del yo, pues entendía lo autobiográfico como una falta de creación misma y un mero desfogar. Pero he de decir que, a pesar de todo, creo que un autor es víctima de sí mismo, aunque no le interese expresarlo y prefiera jugar a probar otras vidas. Es decir, en mi caso personal, no puedo ser otra cosa que yo misma y, por tanto, veré, sentiré, intuiré la realidad con mis propias limitaciones. Es cierto que sostener un acto puramente vomitivo podría parecer menos artístico, pero lo cierto es que si se hace desde la extrañeza se ofrece una nueva perspectiva aunque se use uno mismo de instrumento. Aunque use rasgos, cualidades o inquietudes nuestras, la que escribe es en realidad una persona algo alejada de nosotros, que hace de embudo o parapeto. Porque uno mismo, hasta hablando desde la primera persona, puede comprenderse como un ser simbólico, como un otro yo. Un alter egopara decir cosas acerca de mí que se parezcan a uno mismo y a los demás. No un yo unitario sino un yo “en extranjería”, “un extraño en mí”. Así me percibo como ser creador y esta es mi propuesta. ¿Por qué? Porque soy mi gran conocido desconociéndose. Pues desde mis creencias parte lo que veo y cómo lo veo, desde el punto de vista, si se quiere, de hablar no ya de lo feo, sino de lo débil, lo vulnerable, lo quebradizo, lo enfermo: para sublimarlo.

S.A.: ¿Qué poesía de la que se escribe ahora te interesa?

S.M.: Amo la poesía que considero de calidad, ya sea la actual o la clásica. ¿Autores actuales? Hay muchos que me interesan. Hay cosas buenas, la poesía se mueve, está ahí, y claro, personalmente conecto más con algunas propuestas que con otras. Mi poeta española de corazón es Julieta Valero. Que concierne, lo he repetido en numerosos foros, es un libro joya. Es un magma muy trabajado de lo auténtico reproducido como collage de varias capas que sí casan: ironía, ternura, amalgama de lenguajes, distanciamiento que pudiera parecer frío y sin embargo es todo lo contrario; es un poemario salvajemente auténtico. Ella juega con lo metafórico y lo simbólico, y consigue que la conciencia tome forma en el propio poema. Transita por un itinerario político y la reproducción de la vida en términos ideológicos y filológicos, parafraseando a Julieta. Ay, recuerdo desordenadamente algunos de sus versos, es tan brillante que no me canso de leerlo. ¿Te los recito?: “El cobre permanece ahí, dormido, pero la mina sigue siendo el hombre y ayer golpearán a cuantos se atrevan a rodear el Congreso”. Qué lucidez en el manejo temporal del hecho. Salto sobre cada poema, como de isla en isla, y me emociona su ternura y fuerza: “Ya de mañana, el hombrecillo de la tribuna interna pone excipiente en nuestra posible extrañeza, quizá amarse consista en no sacar conclusiones; una mirada bajo la que tener de nuevo siete años y desalar mariposas, salvar el humedal. La política, naturalmente, también está en el aire”. “-Esta es la frase del día: «En artes plásticas la vanguardia puede residir en ser visceral; en poesía consiste en ser honesto». También me fascinó La casa amarilla de Julio Espinosa. Es un libro hermoso. Me encanta la sensibilidad extrema de Marta Agudo y también destacaría a Esther Ramón. Admiro a los poetas con hondura, auténticos, implicados en alguna causa social, entre los que te incluyo, Sonia, me gustan los movimientos poéticos en los que participa Luis Luna, su generosidad. Me encanta cómo escribe y cómo edita Jordi Doce. Materia Oscura de Ángel Zapata es un libro bello. Me inspiran Olvido García Valdés, Chantal Maillard, Juan Carlos Mestre, Luis Alberto de Cuenca, Eduardo García, Menchu Gutiérrez y Guadalupe Grande. Hay poetas como María Cabrera, cuyas pinceladas son como riachuelos de agua que nos hacen navegar sutilmente hacia los pozos del ser humano. Sesi García es muy bueno y Sergio Gómez, un poeta y filósofo muy interesante. Entre algunos jóvenes, ahora no sólo existe la voluntad de hacer poesía, sino también de acercarla a la calle, de compartirla, y que llegue a más personas. Me parece muy bonito lo que hace Miguel Ángel López, profesor de filosofía, cuya frescura me atrae porque consigue hacernos vibrar con materiales muy sencillos y profundos. Conseguir lo que él hace no es nada fácil. Por otra parte, recitando conocí a Tono Martínez, a Giovanni Carrazos y a Oscar Esquivias, cuyos poemas me sedujeron. Si ampliamos los poetas actuales al resto del mundo, entonces el abanico es inmenso. La libertad de David Meza es contagiosa y poetas imaginativos como Mohamed Ahid me interesan mucho. Me inclino ante Charles Simic, Charles Wright y Tracy Smith. En fin, la lista seria interminable. Seguiría diciendo autores, ay… cuánta belleza transmiten.

S.A.: Sara, tú has vivido fuera de España y hablas varios idiomas, ¿todas estas circunstancias te han ayudado a conformar tu conciencia poética?

S.M.: Supongo que de alguna forma sí. La falta de fe en el código intocable de la lengua es por descontado obvia; cualquier lengua es fruto de un consenso para asociar los vocablos a las cosas. Y se ratifica la desconfianza hacia las palabras, que más bien sirven de aproximaciones a conceptos. Al confrontar nuestra lengua con otras, de alguna manera la cuestionamos, y al mismo tiempo también nos rememoramos de ella. Deseamos devolverle la expresividad que tal vez dimos por sentado. El español es riquísimo. También hay ciertos conceptos propios de cada país: dichos, formas de pensar. Los alemanes, por poner un ejemplo, no hablan tanto “de enamorarse” sino “de aprender a conocerse”. Lo bello no es la lengua en sí, su construcción gramatical, su fonética, que también, sino su expresividad para referirse a lo que se quiera decir. Hay autores que no escribieron en su propia lengua, como Agota Kristof en francés o Joseph Conrad en inglés, y de alguna manera este hecho se traduce en su prosa. En Kristof, que expresaba a través de la confrontación de los sentimientos y trabajando los opuestos, con conceptos fuertes, el uso de frases sencillas ha hecho que gane fuerza lo rudimentario, por su capacidad expresiva. Casi lo contrario sucede con Conrad, cuya prosa a veces se retorcía de manera muy expresiva al no ser la propia. En mi caso, creo que lo anglosajón condicionó mi prosa y su ironía, y lo francés, más adelante, pero de otra manera, desde la sensibilidad.

S.A.: Háblanos ahora de otra conciencia, la de género. ¿Será en este siglo cuando la música, la literatura y el arte dejen de mostrar a la mujer como sujeto pasivo?

S.M.: Esperemos que así sea, Sonia. Aunque de este tema te debería yo preguntar a ti, que sabes más. Me temo de todas formas que hasta que los sistemas educativos no conciencien fuertemente a mujeres y hombres, no se cambiarán a fuerza de argumentos muchas cosas. Si Giner de los Ríos o Fernando de Castro levantaran la cabeza aún verían que queda mucho por hacer. La educación de los niños y niñas a nivel igualitario ya desde los hogares es elemental. En países como Francia hay menos paternalismo hacia las mujeres, las mujeres dialogan como hombres y viceversa, la tertulia es más abierta y más libre. Asimismo, todo tipo de igualdad debería florecer a pie de calle, en los trabajos, en la conciliación laboral. Las mujeres somos las primeras que debemos defender nuestros derechos. Y claro está, la desigualdad que queda en la estructura social se ha reflejado en el mundo del arte, tanto en el escenario como entre bastidores. Es también una misión del arte, entre tantas otras, reflejar a la mujer como sujeto activo y conseguir que así sea de facto.

S.A.: Tu libro tiene una estructura que conforma otro poema, cuéntanos cómo la has trabajado. ¿Cuánto tiempo has tardado en parir el libro?

S.M.: No suelo escribir con conciencia previa de libro. Este se va construyendo a medida que voy descubriendo lo que busco o, mejor dicho, lo que ha de encontrarme a mí. Voy escribiendo poemas sueltos y, de pronto, un día brota una sensación inquietante de búsqueda hacia una dirección. Entonces van apareciendo otros poemas como respuesta a una o varias preguntas que me acechan. La génesis de este poemario data de varios años. En este caso, la esfericidad de su estructura va desde, imaginemos, un árbol que representa el concepto amoroso con todas sus ramas, y es quemado: ha quedado en ascuas y partiendo de ellas, las cenizas vuelan para alzarse en suspensión, sus partículas formando la calima, y así sucesivamente al intervenir el elemento principal del agua, para ir conformando distintas sugerencias de transformación del agua. El agua vive y, desde la niebla, al dejarse penetrar de la luz, que es lo vulnerable, puede arder. Pero la pregunta surgió desde el inicio, cuando, gracias a la beca que me concedió la Escuela de Escritores, fui a Finlandia. Allí descubrí que la niebla podía arder. Tenía esa inmensa certeza, lo que no sabía es cómo, ni por qué, ni para qué, ni qué significaba la niebla. Pero sabía que ardería. Por eso el título es Como arderá la niebla, y no ¿Cómo arderá la niebla? Y sí, una vez que me encontró el libro ya no lo dejé escapar. Y… ¿qué pasó después? Como no me servían los poemas que acumulé, no todos, algunos sí, no muchos, casi ninguno (Sara ríe), los fui descartando y rescaté antiguos poemas. Algunos fueron viniendo a mi encuentro a medida que me enamoré de la estructura. Disfruté entonces dándoles su lugar y fue de pronto cuando todo cobró sentido. El índice es, por tanto, la columna que vertebra una suerte de poema visual que fue surgiendo a medida que aparecían dichos accidentes y que los poemas se incorporaban al recorrido mojado y cíclico del poemario, o lo abandonaban… Y ya que se lee en distintos planos como un poema, tanto la editorial Torremozas como yo, supimos desde el inicio que este índice no iba a poseer páginas. No queríamos romper su corriente vital.

S.A.: Has participado en varias antologías de relato. ¿Tienes pensado sacar tu propia colección de cuentos?

S.M.: Lo tenía pensado. Tengo, de hecho, varios cuentos escritos esperando en un cajón; había algo que contar y hasta la estructura, pero ahora mismo siento que perdí el fuste. Debo reencontrar el impulso, la fuerza para hacerlo, si ella me encuentra a mí. Y si lo hace ¿por qué no? Nunca me cierro en banda a nada a priori, tampoco me abro en banda; es decir, que pacientemente espero a mi momento creativo para hacerlo con honestidad, desde la honestidad. Si no, no valdrá la pena, a medias prefiero no hacer nada.

S.A.: ¿Te planteas otros géneros como la novela?

S.M.: Como te decía, siempre revolotean ideas, hay cuatro o cinco proyectos de distinta naturaleza martillando para que los deje salir. También una novela.

S.A.: Sé que estás trabajando ya en tu próximo libro de poemas. ¿Estás en tu etapa más creativa?

S.M.: Creo que he tenido épocas así de bonitas antes: estuve escribiendo y dirigiendo teatro unos años y cuando no he podido dedicar el tiempo necesario para escribir, la creatividad se ha expresado por otras vías. Necesito estar creando algo, aunque luego no sirva para nada; para mí es esencial. La poesía es lo que más me alienta y últimamente estaba feliz porque estaba escribiendo con fervor, pero por motivos exógenos tuve que interrumpir el proceso del siguiente libro, con el consiguiente sentimiento de pena por no haber aprovechado el tirón creativo. Pero bueno, no me cierro a nada, confío en que regresará pronto. Confío y estoy tranquila.

S.A.: ¿Cómo influye esta época de desolación y violencia en tu escritura?

S.M.: Vivimos en un tiempo en el que,de alguna manera, y como siempre, el hombre es irreconciliable consigo mismo. Llevamos dentro algo que ya murió. Por eso, en Como arderá la niebla se parte de cero con el primer poema: Mariposa negra. Uno camina deshecho recogiendo sus pedazos y tratando de reconciliarse con los fragmentos de los demás. Porque se camina en ascuas, tratando de apuntalarse a los suyos, anidarse. Y la niebla ¿por qué? Por los seres quebradizos que nos hacen fuertes, por los miedos, por la humedad, por hablar de los agujeros, por seguir mojados, rotos. Y te expongo a corazón abierto mis deseos respecto a la recepción del libro. Puestos a pedir, querría que si este libro fuese una flor, fuese la de las nieves. Influida por los versos puros de ciertos poetas finlandeses nació la blancura del poemario, y su temperatura fría persigue llegar a la del saludable infierno de una sauna finlandesa. Si fuese una estación, comenzaría en otoño y acabaría en primavera. De ahí que me permita recomendaros su lectura detenida. La poesía, a sorbos. Si este libro fuese un bosque con sentimientos, iría desde el árbol del amor, que se quemó y con este poemario pretendí aprender a descifrar el humo, y saltando de rama en rama tendríamos la pérdida, hay personas y cosas que se alejan tan mal como lo que se queda, el desamor, la pasión, el deseo. Viajaríamos juntos desde el descampado de la soledad, el vacío, la muerte, la fragilidad del tiempo, a la abundancia de la explanada por crear. Habría quepoder mirar de otra forma, por si nos sentimos cencellada, pajarillos rodeados por el hielo, para seguir bañándonos desnudos entre las olas aunque el viento ya no acaricie como antes, danzar sobre la nieve, compartir para no perder, dejar de prender con alfileres a los demás, esperar al deshielo de los ríos. Si fuese una pieza musical sería a veces algo de Edvard Grieg y por momentos algo de Arnold Schönberg. Para cerrar tu pregunta respecto a la situación actual, el impulso de mi escritura fue el de alzar la voz del vulnerable, iluminarla para que, amplificar la importancia del resto, del detalle, magnificar lo trágico en lo pequeño y que se sublime. Y para ello, dicho impulso se sirve de un entramado de accidentes, calima, cencellada, llovizna, nieve, y de unos personajes frágiles, crisálida, larva, mariposa, pájaros, seres y accidentes quebradizos, sentimientos que se pierden. Somos seres fragmentados y estamos necesitados de un sentimiento de identidad. Como decía Bernard Shaw, no se trata de buscarse a sí mismo, sino de crearse a sí mismo.

S.A.: Por último me encantaría que recitaras uno de los poemas de tu libro para que los lectores que aún no te han leído, conozcan tu poesía. (Sara, con la generosidad y templanza que la caracteriza, se pone en pie y recita de memoria).

Abrir el cielo

Pareciera que esta playa es la única capaz de seducir al mar.

Atraer sus infinitas voces:

tus palabras, aquellas notas que destilaron lo andrajoso.

Encapotarse, una y otra vez, sin tregua.

Es aquí la espera, bajo un norte de grandes gritos,

que se silencian entre las ranuras del acantilado,

como susurros de lo insoportable.

Sólo se intuye que el último destello del sol

es lo que más hechiza,

y que, por tanto, tu pérdida es la pura abundancia.

Y mientras, mis dedos se conforman con trazar en la ceniza

la alegoría de la derrota.

Porque la arena también pide al revés del tiempo

que la devuelva a la piedra.

Resta insistir al mar, asimismo,

que retroceda su oleaje y te devuelva por fin a nuestra riba,

como si él contuviese en su enigma algún poder sobre tu deseo.

Presiento que la eternidad se ama

justo cuando se desvanece.


Sara Medina

Licenciada en Derecho y Empresariales. Ha escrito y dirigido dos obras de teatro basadas en textos poéticos de su autoría. Ha recibido el accésit de poesía del premio “La flor del almendro 2015”. Sus poemas se recogieron en la XXVI selección de Voces Nuevas de Ediciones Torremozas.

Como arderá la niebla

Autor: Sara Medina

 

Sobre el autor

Sonia Aldama

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