Entrevistas

Entrevistamos a Antonio Ortuño.

Raúl Sánchez Espinosa y Ana Belén Martínez entrevistan al ganador del V Premio Ribera del Duero de Relato.

Antonio Ortuño (Zapopan, México, 1976) es el ganador del V Premio Ribera del Duero gracias a La vaga ambición, un libro de relatos en el habla de los escritores y de sus miserias a través la creación de un álter ego dramático y satírico. Ortuño es el quinto ganador de este premio que está dotado con 50.000€ y que anteriormente ganaron Marcos Giralt Torrent, Javier Saenz de Ibarra, Samanta Schewblin y Guadalupe Nettel.

 

La vaga ambición está protagonizado, en todos los relatos que lo componen, por un personaje –Arturo Murray– que avanza cronológicamente como si de capítulos de una novela se tratase. ¿Cómo surgió esa idea?

Según entiendo yo la novela, esta requiere una congruencia, un juego con el ritmo para no destrozarse a uno mismo ni destrozar al que la lea. Una colección de relatos, en cambio, me permitía enfocarme en los episodios que yo quería sin necesidad de explicaciones, sin momentos de transición ni pasajes intermedios en los que se prepara lo que sigue. Terminas un cuento, está la pausa, viene el que sigue y comienza de cero. Los cuentos son otro lenguaje, otro tiempo. En este caso decidí que fuera una colección de textos relacionados, pero sin la construcción que requiere la novela, tenía muy claro que quería que tuvieran esas relaciones, pero que el lector no volviera al punto cero. Es otro momento, es el mismo narrador, pero no es una novela partida en rebanadas. Son cuentos muy diferentes entre sí.

¿Cuánto de Ortuño hay en Murray y/o cuánto de Murray hay en Ortuño?

De Murray en Ortuño absolutamente nada porque yo me lo inventé, son letras sobre un papel y yo no creo en toda esa parafernalia de ciertos escritores que tratan de vendernos la moto de la corporeidad de sus entes y de su voz a través de ellos: o realmente es una impostura o tienen que ir a terapia urgentemente. De Ortuño en Murray hay muchísimo. Es una evidencia del álter ego. Es difícil tejer un velo tan transparente como el que se tejió para este libro, pero el entendido verá que todo está contado desde la experiencia, aunque en aras de la eficacia de la ficción narrativa. Me interesaba transmitir la vitalidad de la experiencia de la vida que en realidad es la de este pobre hombre.

Resulta curiosa la estructura del libro: ¿por qué comienzas desde lo dramático y avanzas en la vida de Murray con una sátira y un humor más presentes?

La primera idea es que Murray está transcribiendo algunos episodios de su infancia y reinterpretándolos para concluir finalmente la necesidad de su vocación como escritor. Si a alguien le pasara lo que le pasa en el primer cuento al Murray niño, quién sabe cómo crecería después libre de traumas. Pero él, al reescribirlo en un lenguaje más apretado y más nervioso que en los otros relatos, saca de ahí las cenizas de su identidad como escritor. Es lo mismo, y aunque en circunstancias muy distintas, lo que emerge del segundo relato y que ya después se ve muy confundido en el tercero, en el que parece no encontrarle ya ninguna clase de salida porque triunfa, pero al precio de entrar en la línea de producción industrial de la escritura, en la que se disuelve completamente como creador individual. Cuando habla del presente, sobre el que ya tiene un control distinto y ya es Arturo Murray el escritor, es donde el personaje crece. La idea era seguir construyendo a lo largo de los relatos un arco dramático del personaje que pudiera saltar de un cuento a otro y que se pudiera leer de esta forma, aunque si alguien lo lee desordenado, al final terminará leyendo lo mismo.

Se intuye (y también lo has comentado en alguna ocasión) que Provocación repugnante es un relato escrito por Murray. ¿Qué querías que viéramos los lectores en él, el gran escritor que es realmente el personaje para contrarrestar un poco la mala suerte que estaba teniendo?

Es posible. Para mí es el cuento central del libro. Lo que yo quería con ese relato es que justamente después de que Murray parece haber tocado fondo volviera a las fuentes centrales de la escritura, a esa escena imaginaria pero posible donde se cruzan dos autores a los que él venera y sobre los que ha proclamado su interés con anterioridad. Al presentarlos a ellos y ponerlos en acción, de alguna manera está revisitando la condición –su propia condición– como escritor. Resolviéndolo (negativamente, si se quiere), se da cuenta de que es imposible alcanzar a los maestros. Nunca hablo en términos de mensajes ni lecciones, pero Murray se las arregla para que la escritura sea lo único que le rescate de las cenizas en las que se convierte todo lo que toca. Lo único que sale de ahí es la reafirmación de su condición de escritor, aunque sea frustrante, dolorosa y grotesca en muchos momentos.

¿Cuál consideras que es el ingrediente más importante en un relato?

Caray, los relatos son todos muy distintos, y lo que yo creo que pueda tener el libro como particular es la armonía de la convivencia de textos que son muy diferentes, que corren a velocidades distintas, que tienen lenguajes y construcciones distintas. Para mí, la característica principal de estos relatos y que los hace particulares es el pequeño y sutil tejido que los relaciona y que los une, aun siendo textos completamente autónomos.

Como decirle a una madre que elija a solamente a uno de sus hijos…: ¿con cuál de los seis relatos te quedarías?

No, no, no. Afortunadamente se puede no elegir. Son relatos con una unidad particular. Como una mesa a la que si le quitas una de las patas se va de lado. Si perdiera cualquiera de sus piezas, desde luego que esa unidad que se construye en el libro desaparecería.

En Mientras escribo, Stephen King cuenta que cuando era un niño copiaba historias de tebeos y añadía su cosecha propia porque de mayor quería ser escritor. Así lo hace también Arturo Murray en El Caballero de los Espejos cuando copia El Quijote. ¿Crees que es una buena manera de comenzar a escribir, desde niño e inspirándose en otros?

Es un recurso. No sé qué tan necesario es, pero para mí lo fue. Yo me senté a copiar El Quijote una mañana, por aburrimiento. No pensaba estar haciendo ninguna clase de juegos ni de pinitos literarios. Leí el libro de King, y en estos momentos no recuerdo eso que mencionas, pero creo que es por algo por lo que se pasa y en mi caso más bien simboliza toda otra serie de tentativas en las que uno que empieza a leer, va cambiando de modelos (pero los tiene) y para mí el ideal es llegar al momento en el que ya leíste tanto y tienes las suficientes herramientas como para dejar de tener modelos y empezar a tener proyectos literarios propios.

Se te considera uno de los autores jóvenes latinoamericanos de referencia. Escribes novela y relato. En 2007 fuiste finalista del Premio Herralde de Novela con Recursos humanos y ahora con has ganado el V Premio Ribera Del Duero de Relato con La vaga ambición. ¿Dónde te encuentras más cómodo, en la novela o en el relato?

Me siento cómodo escribiendo narrativa. A veces lo que se me ocurre es trabajar una serie de ideas que dan como resultado una novela y a veces lo que se me ocurre es otra serie de ideas que dan como resultado un cuento o una serie de cuentos. Si escribo de manera distinta es porque la construcción de la novela, al menos tal como yo la trabajo, implica una concentración que lleva mucho tiempo. A veces años incluso de trabajo. Y ya lo he comparado unas veces con asentarse en un terreno y construir una casa: y en ella vives, la construyes a tu alrededor y cuando la terminas te vas. Tengo un poco esa sensación con las novelas que he escrito, como casas en las que viví y de las que me mudé. Y los cuentos se parecen más a hacer un viaje a alguna parte, algo más apretado, más intenso, vas y vuelves. Generalmente redacto muy rápido los cuentos y luego en diferentes episodios a lo largo del tiempo los voy revisando y corrigiendo hasta que el texto está trabajado al grado que creo que ya no lo puedo trabajar más. Es diferente el trabajar una cosa y la otra, pero no prefiero una u otra, porque las hago indistintamente, Alguna de las ideas que se me ocurren es para novelas y otras, para relatos.

¿Qué supone para ti la obtención del Premio Ribera del Duero en este momento de tu vida?

Para mi hipoteca fue sobresaliente haber ganado el premio (risas). En mi labor de fan de mí mismo me da un gusto enorme. Era un jurado muy literario de gente a la que no conocía, salvo a Juan Bonilla, al que había entrevistado hace quince años en la Feria del Libro Guadalajara, pero no tenía contacto con él. A Almudena Grandes y a Sara Mesa las conocía solamente de lecturas. No eran mentores míos ni gente con la que me hubiera ido de viaje y le hubiera hablado de los cuentos y después dijeran “¡ah mira, esta era la colección!”. Son autores con grandes trayectorias y con un respeto en el medio literario español muy importante. Que haya sido un jurado de tanta potencia literaria y con el que no tengo nada que ver en ningún sentido es perfecto, ahora ya los adoro (risas). Fue una satisfacción muy grande el día que anunciaron a los finalistas. Yo, que soy bastante fatalista dije “hasta aquí llegamos”, porque además era una lista de finalistas de grandísima calidad. Ya era una cosa, como poco, vertiginosa y en el momento en que me anunciaron que había ganado el premio bailé con mi perro y hay un video que lo testimonia (risas). Claro que me da mucho gusto y que he estado muy contento desde entonces. Quería hacer este libro y este proyecto, y en el momento en el que me pongo a pensar qué voy a hacer con él, ya tenía en mente al Ribera del Duero porque es un premio tremendamente atractivo para un cuentista. Claro que me lo había puesto como un objetivo y en algún momento abrí espacio en mi pizarrón de trabajo para que estuviera a tiempo de presentarlo al Ribera del Duero con suficientes meses por delante. Me dije “Me voy a sentar con estos apuntes y manuscritos que tengo y de aquí va a salir un libro y lo voy a presentar”. Ganar el Ribera del Duero ayuda a conservar la libertad y la independencia que a mí me ha costado un montón conservar. Hasta hace cinco años seguí conservando un empleo. Ahora ya estoy dedicado a tiempo completo a la escritura y un premio como este hace que se aleje el día de tener que volver a una oficina.

En el relato El Príncipe con mil enemigos el escritor pierde esa bohemia, esa idea romántica que se suele tener de las personas que se dedican a la escritura. ¿Cómo haces tú? ¿Cuál es tu relación con la vida social de la literatura?

No hago vida literaria. Vivo en Guadalajara (México), que es una ciudad en la que no hay industria editorial. Hay una editorial independiente que ha hecho un buen trabajo muchos años y ahí se anda rompiendo los cuernos en el panorama. Otra es Paraísos Perdidos, que recientemente ha publicado textos de chicos jóvenes que parecen interesantes. La industria editorial está toda en México D. F. En general no voy a eventos literarios, salvo en la Feria del Libro de Guadalajara, que es muy grande y a ella va todo el mundo: mis editores, mi agente, muchos amigos… Si me invitan a encuentros literarios o a presentaciones de mis libros, asisto, pero no suelo tener una tertulia literaria, ni me dejo ver, ni voy a cortar listones de inauguraciones. Sencillamente no lo hago porque no lo disfruto. Tengo muchos amigos que son escritores porque me parece normal que la gente que se dedica a lo mismo pueda tener ese tipo de cercanías, pero la mayor parte de mis amigos no son escritores, sino gente con la que me junto a tomar algo y a tocar música, gente que lee y con la que comparto otros intereses distintos a la literatura. Me parece muy divertida la vida literaria porque la vivo de lejos. A mí lo que me gusta es estar sentado en mi mesita escribiendo. Están las camitas de mis perros, cada una a un lado de donde escribo, de vez en cuando se levantan y les rasco la cabeza, llevo a mis hijas a la escuela y a mediodía voy a buscarlas, cuando baja la noche paseo a los perros, el fin de semana no abro la computadora… La verdad es que es una vida muy feliz y, si mi contacto con el medio editorial puede ser a través de correos muy amables en los que yo les mande mis manuscritos y ellos me mandan las fichas de depósito, me parece la solución perfecta.

¿Qué recomiendas a un escritor novel de relatos?

(Risas) Si puede ser le recomiendo que no lo haga y que no lo intente (risas). Justo lo que decía antes: que lea mucho, que lea tanto que sus influencias se disuelvan y se anulen unas a otras y le permitan intentar algo que, aunque sea en pequeños matices sea distinto a lo que ha leído.

En España parece que el cuento está viviendo un repunte dentro del panorama editorial. ¿Se percibe igualen Latinoamérica este renacer del cuento? ¿Ha contribuido a ello tu premio?

En México, el premio ha recibido una gran acogida y yo me creo que hay gente a la que le da mucho gusto que me lo dieran a mí. El cuento en América Latina ya remontó hace mucho tiempo. La gran tradición literaria de Latinoamérica es el cuento. Claro que hay grandísimos novelistas, como Bolaño, pero tenemos a Borge,s que no escribió una sola novela y que es, para mí, el más grande de los escritores en español desde el Siglo de Oro hasta la fecha. En México están los cuentos de Juan Rulfo, los de Elena Garro, los de Augusto Monterroso (que era guatemalteco pero los escribió en México). Guillermo Cabrera Infante hacía novelas sensacionales, pero sus cuentos son magníficos. Es cuestión de políticas editoriales, de márgenes de beneficios. Obtienen más vendiendo tochos de ochocientas páginas que es posible que tengan segunda y tercera parte. Los cuentos son más chiquitos y los márgenes de ganancia para un grupo editorial son muy diferentes. La creación del cuento ha sido muy vigorosa durante mucho tiempo en todo el idioma, incluso en España, donde a lo mejor es más marcado este modelo de la novela y de la personalidad del novelista, pero también hay una gran vitalidad del cuento español. Yo soy narrador, hago novelas y hago cuentos, pero no quiero que los cuentos se esfumen de la faz de la tierra ni que un editor no publique un libro de cuentos por favor a que mis novelas les vaya bien.

Dame una primicia: ¿en qué proyecto estás trabajando ahora? ¿Es novela o relato?

Desde el día 23 de mayo ya me preguntan por la primicia. Dejé estacionada una novela mientras me dedicaba a terminar este libro de cuentos y la voy a retomar una vez se acaben las entrevistas y pueda volver a México. Además, vienen varios viajes de promoción del libro y de otros libros míos que se están traduciendo. Voy también a Francia, Italia, Croacia y Perú. Tengo la presentación de este libro en México y hay toda una multitud de ferias del libro a las que se espera que vaya. En enero, cuando pueda volver al mundo real, seguramente voy a seguir con el proyecto de la novela.


Antonio Ortuño

Antonio Ortuño nació (México, 1976) ha publicado tres libros de relatos, El jardín japonés (2007), La señora Rojo (2010) y la antología personal Agua corriente (2015). También las novelas El buscador de cabezas (2006), Recursos humanos (2007), Ánima (2011), La fila india (2013), Blackboy (2014, con el seudónimo «A. del Val»), Méjico (2015) y El rastro (2016). Con La vaga ambición obtuvo el V Premio Ribera del Duero.

Sobre el autor

Raúl Sánchez Espinosa

Raúl Sánchez Espinosa

Raúl Sánchez (Madrid, 1973) es un gran lector y un pequeño aprendiz de escritor. Su afición a la literatura le viene desde muy pequeño, cuando copiaba y reescribía algunos libros de Los Cinco, de Enid Blyton. También es un apasionado de la Historia (cursa actualmente estudios de Historia en la Universidad Complutense) que compagina con sus estudios en el Máster de Escritura Creativa de Hotel Kafka y con la creación de su primera novela.

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