Críticas Entrevistas

Entrevistamos a Inés Plana por su libro “Morir no es lo que más duele”.

Javier González
Escrito por Javier González

Solo en ciertas ocasiones el esfuerzo de escribir una novela se ve compensado con su publicación. Después, que tenga éxito es una ilusión, pero que algo de la obra pueda convertirse en un referente, en un recuerdo para quien la haya leído porque le ha conquistado es un sueño que puede haber alcanzado Inés Plana en Morir no es lo que más duele, editada por Espasa Calpe. Si la autora supera con solvencia el reto de escribir el segundo libro de esta trilogía, para el que ya tiene fecha de entrega, habrá conseguido incluir al Teniente Tresser, verdadero protagonista de la historia, en una prestigiosa galería junto a personajes tan ilustres como Pepe Carvalho, Philip Marlowe, Miss Marple o el mismísimo Sherlock Holmes. Es un reto difícil de superar. Tanto como al que se enfrentó hace cinco años ante la pantalla en blanco de su ordenador. O al que se enfrenta la propia novela cada vez que alguien lee el magnífico título y comienza con el primer capítulo. O al del mismo Tresser, cuando se le aparecen los fantasmas de su propia vida. Pero ese reto es lo que le da más dimensión al personaje, cuya evolución vemos gracias a uno de los secundarios que más desapercibidos puede pasar, pero uno de los más interesantes por lo que provoca: «Tresser es tan solitario, tan huraño, que necesitaba algo para humanizarle. No quería que fuera un ser humano, para no tener que establecer un tipo de relación que no me interesaba, por eso pensé en Greta, la gata. Escribí varias versiones para que apareciese en la historia y se quedó la que más me gustó. Aunque no lo he vivido personalmente, he visto el cambio que se produce en algunas personas antes y después de tener un animal. Hay quien no se relaciona con humanos pero sí lo hace con animales. A mí el personaje de Greta me encanta y me enamoró poder hacerlo. Me divertí mucho viendo la evolución del teniente Tresser. Al principio la tiene como una gata prestada, un estorbo, y al final llega a tener celos de que alguien la cuide mejor que él».

Los personajes en Morir no es lo que más duele son, con diferencia, lo más trabajado de la novela. La profusión de detalles que dibujan sus personalidades es tal que el lector casi puede verlos en carne y hueso: «Los fui dibujando en el primer borrador, pero todo sobre la página, sin esquemas ni organigramas. No me gusta trabajar con mucha libreta, mucha documentación ni mucha ficha al lado. Ya que la técnica me va a poner en situaciones complicadas, me gusta tener la libertad de crear. En cuanto a la documentación, soy periodista y estamos adiestrados para hacerlo. Pero me documenté en lo básico para crear la historia a partir de ahí. Aunque puedas fabular, se trata de no hacer el ridículo en lo que sea real, de tener algo a lo que agarrarte».

Igor el Ruso es uno de los nombres por los que se conoce a un exmilitar serbio de cuarenta y un años especializado en tiro con arco, experto en artes marciales y armas de fuego. Era el asesino más buscado en Italia y ha sido detenido en España, donde ha confesado la autoría de un triple asesinato cometido en una localidad de Teruel. Esto es realidad.

Gastón Arbilar es el nombre de un exmilitar francés de cincuenta y un años. Fue miembro de la Legión Extranjera, experto en artes marciales y mercenario en diferentes conflictos bélicos. La Guardia Civil lo relaciona con el asesinato de un hombre aparecido en el Cerro de la Brumas, en el municipio madrileño de Uvés. Esto es ficción.

Hace cinco años, cuando Inés Plana dio vida a Gastón Arbilar, nadie en España había oído hablar de Igor el Ruso. Pero la maldad, el hilo que une a estos dos personajes entre la realidad y la ficción sí fue el motor de una historia que motivó a la autora, durante esos cinco años, hasta terminar de escribir su primera obra.

Para ella, los personajes también son altavoces reivindicativos que comunican posturas personales con respecto a determinados problemas cotidianos, para dotarles de una dimensión real y actual. No son elementos que se mueven al margen de nuestra sociedad, sino que viven en ella: «En todos los personajes hay algo mío. La escritura te desnuda ante el ordenador y tienes que dejar que salga todo. Cuando uno escribe, tira de sus propios referentes y debes decidir hasta qué punto te implicas o mantienes la distancia. Yo no puedo obviar la mirada sobre el mundo, la mayoría de las veces para cuestionarlo. Creo que la novela debe contener algún tipo de crítica de la realidad».

¿Existe algo peor que la maldad? Nos refugiamos en la ficción para imaginar lo que nos parece inimaginable en la vida real, pero Igor el Ruso nos ha puesto delante de nuestras narices una realidad que Inés Plana había ideado para representar lo peor del ser humano. «En la novela hay un crimen, sí, pero la historia no termina cuando se resuelve. Va más allá porque yo de lo que quería hablar era de la maldad. ¿Qué razones llevan a alguien a cometer un crimen tan atroz? Ese es realmente el motor de mi novela. De hecho, Maldad era el título original, pero hubo que retrasar el lanzamiento y nos lo pisaron. No dábamos con uno nuevo hasta que una de las editoras propuso recurrir a Emily Dickinson, ya que aparece en la novela, y con un verso suyo: “no es morir lo que más duele”, que resume magistralmente toda la historia. Todo lo que ha ocurrido en el proceso de edición de mi novela ha estado tocado por la magia: desde que Belén Bermejo, editora de narrativa y poesía de la Editorial Espasa, decide mandar el manuscrito a un lector, hasta el cambio del título.»

Nadie debería escribir con el corsé del género o del público, de eso ya se encargará el mercado, porque la creación ha de ser libre: «Empecé a escribir sin pensar en que la novela iba a ser de género negro, se fue oscureciendo a medida que avanzaba, pero en ese momento no me preocupé de manejar las emociones del lector y es posible que me haya saltado convenciones de ese género». Inés Plana escribe porque lo siente como una necesidad desde que nació: «No puedo pasar ni un día sin tenerlo en mi horizonte o en mi paisaje. Forma parte de mí, como forman parte de mí la piel y los brazos. Es mi alimento. Yo no entiendo escribir una obra y guardarla en un cajón porque lo que tiene la escritura es la necesidad de compartir tus emociones y tus reflexiones con otras personas. Quieres explicarle al mundo lo que tú piensas. El acto de contar una historia no termina hasta que llega al público, a partir de ahí ya no te pertenece porque lo has entregado».

En la novela de Plana nos encontramos con un estilo contenido, con poca profusión de adjetivos, que respira en pasajes líricos donde aparece la afición por la poesía inculcada por su padre: «Son palabras mayores. Para mí es el género más elevado. Mi padre era un gran lector de poesía y leo poesía desde pequeña. Supongo que esos pasajes líricos de mi novela se me pegaron por haber estado leyendo poesía mientras escribía, porque leerla es una manera de elevar el lenguaje». Pero hay algo más que navega entre las líneas de su novela: los recuerdos. Nadie que cuente historias, se puede sustraer a ellos. Dice Inés Plana que a cualquiera que hable de un desván de la niñez, le viene el recuerdo de una bicicleta, los juegos de mesa, las muñecas o el tren. Todas ellas son cosas que forman parte de cada infancia. Según la autora, recurrir a los recuerdos es la manera de darle a la atmósfera de la historia una pincelada de realidad con la que cualquiera se pueda identificar.

Hay momentos en el proceso creativo de algunos autores, y es evidente que Plana es uno de ellos, en los que las historias cobran vida propia. Parece que se les fuesen un poco de las manos y quisieran ver a dónde les llevan: « Hay que estar dispuesto a cambiar la estructura en cualquier momento, aunque tengas que tirar cosas a la papelera. Escribir es un proceso de humildad, desde que empieza hasta que acaba, y siempre hay que estar al servicio de lo que te pida la novela».

Según dicen, la segunda novela es la más difícil, pero a Inés Plana le gusta enfrentarse a dificultades. Confiar un poco más en sus lectores y un teniente Tresser a la altura de las expectativas que han quedado abiertas en Morir no es lo que más duele son los retos de esta nueva y prometedora escritora de novela negra.


Inés Plana

Inés Plana nació en Barbastro (Huesca). Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona y desde el principio desarrolló su carrera profesional en Madrid. Ha trabajado en diversos medios de prensa escrita y, en el terreno editorial, ha creado y coordinado distintas colecciones de títulos relacionados con la divulgación de la historia y el arte. Actualmente es directora del periódico-magacín Vivir Bien, en la Comunidad de Madrid.

Morir no es lo que más duele

Morir no es lo que más duele
Autor: Inés Plana
Editorial: Espasa
Páginas: 448
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Sobre el autor

Javier González

Javier González

Javier González (Madrid, 1962) es licenciado en Periodismo y trabajó durante quince años en la editorial GyJ. Ha escrito guiones de cine y teatro y actualmente se dedica a la producción audiovisual de documentales, museos, exposiciones y centros de interpretación. Toco desde hace más de veinte años en una banda con músicos.

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