Entrevistas

Entrevistamos a Sonia Aldama.

La autora madrileña ha publicado "La piel melaza" (Torremozas, 2017), su segundo poemario.

La Editorial Torremozas publica el segundo poemario publicado por la autora Sonia Aldama, tras su ópera prima Cuarto solo, que sigue la estela del camino iniciado entonces y que transmite lo que ya apuntó el poeta Guido Eytel en su prólogo: «La contención ante lo superfluo, el tono medido que oculta un hervidero de memorias y fuegos». Aldama se centra en lo cotidiano y en La piel melaza el lector se encuentra con distintas gamas de la paleta cromática que es el mundo, desde el aspecto social a la vida familiar, de la soledad a la incomprensión, todo desde un simbolismo que afirma el poeta Ismael Cabezas “surge donde acaba la palabra y comienza el silencio, lo innombrable”. Aldama es una poeta que, robando sus propios versos, encuentra “La palabra exacta. / Precisa en contundencia” .

Se te considera heredera de maestros como Antonio Gamoneda, Olvido García Valdés o Chantal Maillard. ¿Cuáles dirías que son tus influencias literarias como poeta?

Querida Patricia, así lo considera mi admirado poeta Ismael Cabeza, al que agradezco su generosidad. Chantal Maillard, Antonio Gamoneda y Olvido García Valdés me gustan mucho y quizás Juan Carlos Mestre y  Alejandra Pizarnik son los poetas a los que regreso siempre. Si he recibo sus influencias, soy muy afortunada. Me gusta leer también a los clásicos, a Safo, a Catulo. Mi amigo José Carlos Castellanos ha traducido alguno de sus poemas y  son maravillosos. Wislawa Szymborska es otra poeta a la que adoro.

¿De dónde surge esta necesidad de emplear un simbolismo en esta época en la que prima el realismo?

No lo sé con certeza, es algo que siempre ha estado ahí conmigo, aunque en los últimos años se ha acentuado, puede que por las lecturas o quizá porque para nombrar lo que no se nombra en poesía es más fácil hacerlo a través de símbolos, por lo menos para mí. Para que lo poético sea un lugar distinto de lo vivido, para encontrar en una imagen, otro significado lejos de lo literal. En La piel melaza aparecen símbolos, objetos, imágenes y certezas, todas ellas acompañadas del prólogo impecable de la poeta Sara Medina y de las ilustraciones de los artistas Javier Plata, Silvia Domínguez y mi hermana Guadalupe Aldama, ellos han envuelto esa piel con una luz diferente y necesaria para este libro.

Nos encontramos ante un poemario que ya muestra tu madurez como poeta, ¿cuánto tiempo has tardado en construirlo?

La mayoría de los poemas los escribí en los últimos cuatro años, aunque hay alguno más antiguo. Creo que Cuarto solo y La piel melaza son libros con poemas debidos, alguno más tengo por ahí con necesidad de que vuele hacia el papel, quién sabe si será un tercer poemario, el fin de una trilogía que se cerrará para llevarme hacia otros lugares poéticos o narrativos.

En La piel melaza encontramos resistencia y resiliencia, con una marcada temática social hilada entre tus versos. Al mismo tiempo, la esfera de lo íntimo se despliega ante el lector. ¿Qué consideras más importante en tu obra, lo social o lo privado?

Te diría que lo social sin pensarlo, pero es evidente que la vida es una mezcla de las dos cosas, lo íntimo más que lo privado. La conciencia social se va conformando desde la infancia y es desde ahí cuando empezamos a construir el yo. Me da pudor que mi poesía se traduzca como algo privado, me gusta pensar que los versos de cualquier poeta corresponden a lo universal, a lo humano, lo que trasciende y te identifica como persona y hace que te ubiques en un sitio concreto en el mundo, concreto pero que reside en lo abstracto del pensamiento.

¿Cómo surge ese interés por transmitir lo social desde tu poesía?

Surge de la indignación y el desconsuelo. A veces observar el mundo es insoportable y hay algo que duele dentro, que necesita salir. A lo mejor estás haciendo algo cotidiano, fríes unas patatas a tu hija, paseas con tu marido, tomas una copa con los amigos, conduces y escuchas la radio, pero de repente sientes que ya no puedes más y salen los versos. Lo social me interesa como poeta pero también como politóloga, fui sindicalista y  soy escritora, ahí es cuando sale lo social, por pura necesidad.

Tu poesía transmite las múltiples esferas de lo femenino, heredera de Alejandra Pizarnik y de Virginia Woolf, y muestra una clara conciencia de género. ¿De dónde nace esa conciencia? ¿Por qué crees que sigue siendo necesaria?

Pienso mucho en este tema, mi hija dice que demasiado. Ahora ella tiene siete años y ya cuando la vi por primera vez pensé: menos mal que seguimos vivas. Parir ya implica tener una conciencia de género brutal,  jamás he pasado tanto miedo ni he sentido tanta frustración. La mujer tiene la fortaleza y la vulnerabilidad que sostiene la balanza que equilibra lo humano. Sobre la necesidad de tener conciencia de género, bueno, algunos hombres tienen conciencia de que lo son desde que se levantan, el patriarcado no lo inventamos nosotras. Es un momento tan necesario como cualquier otro en la historia para preguntar por nuestro sitio, llevamos siglos de pie o fuera del escenario, directamente. También hablo de esto en un poema: “Tal vez habrá una silla, por fin nadie se sentará en ella”.

Además de poesía, has publicado relatos en diversas antologías, el último en Diez relatos de mujeres, de la editorial Torremozas, ¿crees que alguien te puede encasillar como “escritora de literatura de mujeres” o tu obra es universal?

Claro que me pueden encasillar, pero es un poco ridículo, la historia de la literatura está ocupada por hombres encasillados en ellos mismos. Me interesa la escritura y, por suerte, cuando escribimos no hablamos solo de hombres o mujeres, tratamos sobre la conciencia del ser humano, su paraíso perdido o el bien y el mal. El año pasado publiqué un relato en la editorial 120 pies. La editorial Torremozas existe porque las mujeres somos invisibles por una imposición de algunos hombres acomplejados y es urgente que haya editoriales que nos muestren literatura escrita también por mujeres, pero eso no significa que me alegre de la necesidad de su existencia o que me guste se hagan ese tipo de distinciones.

¿Podemos esperar alguna colección de cuentos pronto o vas a seguir centrada en la poesía?

Mi próximo proyecto es un libro de literatura infantil, ojalá sea lo próximo que publique, pero seguiré con la poesía y la narrativa, no tengo  prisa, tardé cuarenta años en publicar mi primer libro, así que si tengo que esperar dos o tres, seguiré buscándome la vida para que suceda.

Tu poesía destila sensorialidad en todos tus versos. ¿Qué poesía contemporánea se puede encontrar reflejada en tu obra? ¿Qué te interesa de lo publicado en la actualidad?

Soy un poco caótica con mis lecturas. Además de los poetas que ya hemos citado, leo a Sara Medina, María Cabrera, Ismael Cabezas, Julieta Valero, Ana Pérez Cañamares, Giovanni Collazos, Jordi Corominas, Marta Agudo, Guido Eytel, Jordi Doce, Maribel Lacave, entre otros. Son tantos, tan diferentes, pero todos me han conmovido con su poesía.

Después de leer La piel melaza nos quedamos con ganas de más, ¿estás ya trabajando en tu próximo libro de poemas o necesitas un tiempo entre obra y obra?

Escribo poesía desde la infancia, cuando lo hago no pienso en publicar. Se necesita mucho tiempo para cerrar un poemario, para tener ese poso necesario, para ese “no ser” que dicen que es la poesía y  para distanciarse del yo, para entender lo que significa la retracción del yo. La poesía es el género literario más complejo. Me gusta investigar, jugar con los sonidos, leo mucha poesía, leo sobre poesía, quiero seguir aprendiendo y hacerlo lo mejor que pueda. Si me propusiera recopilar poemas nuevos tal vez podría publicar otro libro el año que viene, escribir poemas nuevos, pero creo que tendré que esperar más. Hay otros proyectos, pero la poesía siempre está presente. Me gustaría que La piel melaza tuviera más visibilidad, quiero hacer algún recital y participar en cualquier cita poética que me propongan. Me da mucha pena que los libros tengan tan poca vida, que mueran apenas cuando nacen y que se queden escondidos en las estanterías. Por eso te agradezco tanto que me acompañes en este camino para difundir la palabra.

Para terminar, a alguien que aún no ha leído tu poesía, ¿qué poema le recomendarías como acercamiento a tu obra?

Los libros de poesía tienen una estructura y hay que leerlos de principio a fin como  una novela o un libro de relatos, pero vamos a empezar por el final, con el poema “Destiempo”.

 

XXX. DESTIEMPO

Hay manos acostumbradas

al roce del papel insurrecto,

aleteos de faisanes humildes

que no quisieron salir y volar.

Partituras de música clásica

agitadas en entrañas de agua,

reposo de colores sin quejido,

roce de guerra sin fragmentos.

Hay cuerpos inertes que muerden

el calor oculto de la piel melaza,

y las bocas codiciadas a destiempo

sobreviven tercas a tanta fragilidad.

 

Fotografía: Eduardo Cano.


Sonia Aldama

Licenciada en Ciencias Políticas y Sociología. Máster de Narrativa, Poesía y Ensayo en Hotel Kafka. Escribe narrativa, poesía, literatura infantil, artículos de opinión y crítica literaria. Profesora de poesía y técnicas narrativas.

La piel melaza

La piel melaza
Autor: Sonia Aldama
Editorial: Torremozas
Páginas: 62
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Sobre el autor

Patricia Martín Matas

Patricia Martín Matas

Patricia Martín Matas es reseñista en Ámbito cultural desde 2012, después de terminar el Máster en Escritura Creativa Hotel Kafka. Ha publicado participado en las antologías Relatos de Mujeres 7 (Torremozas) y en Servicio de habitaciones (120Pies). También ha ganado dos premios de poesía del Certamen Literario Memorial Florencio Segura (segundo premio en 2013 y primero en 2014).

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