Críticas Entrevistas

Entrevistamos a Fernando García.

Miguel Rodríguez Minguito entrevista al autor que acaba de publicar "Cómo entrevistar a una estrella del rock y no morir en el intento" en la editorial Jus.

Cómo entrevistar a una estrella del rock y no morir en el intento no es un libro de entrevistas al uso, tampoco es un manual para conversar con los grandes vampiros del rock. Es el análisis de toda una generación colgada de la música y en él se perfila a sus escurridizos protagonistas: Lou Reed, David Bowie, Neil Young, la plana mayor de Kiss o los Bee Gees. Todos ellos se acercan, con mayor o menor suerte, a la grabadora de este periodista para mostrarse tal cual son: «No es solo un testimonio mío. Es el testimonio de una época, nos habla de un momento de Occidente previo a la globalización en el que era muy difícil el acceso a los discos. En los años noventa estas figuras empiezan a migrar buscando ampliar su radio de acción. Y nos encontramos. Ahora Argentina forma parte del circuito internacional. Estas entrevistas cubren desde el año 1992 al 2010. En la segunda mitad de los ochenta empezaron a venir muy de a poco, antes de eso era todo mítico, había venido Santana y la gente recordaba aquello, Queen en el 81, The Police… Y se manejaba uno en esa zona mítica. Se parece un poco a lo que pasaba en Europa del Este: cuando aparecía un disco de punk rock todos grabábamos ese disco. En Argentina hay mucha cultura de rock ‘n’ roll desde finales de los sesenta y no ha parado, la gente está muy informada. La primera vez que Keith Richards fue de solista pensó que iba a tocar en un bar como hacía en Nueva York y le dieron un estadio. Lo llenó y no entendía nada», dice su autor.

Fernando García ha refinado el género de la entrevista hasta convertirlo en un artefacto inflamable, mezclando experiencia y azar, y estando muy atento a los cambios de luz que emiten las estrellas a las que entrevista: «Esto es escritura de rock, no es narrativa ni periodismo corriente, tampoco es literatura. La escritura pop o rock tiene que llevar algo de la intensidad de la música a la que se entrega. Si no tiene esa intensidad, es que algo falla», explica. Así, los perfiles que hace de Lou Reed, Damon Albarn o Noel Gallagher acaban por darnos más información que las respuestas que estos dan. Como periodista se mete en el barro, diseñando muy bien la conversación con el monstruo de turno aunque luego todo salga al revés. «Tienes que prepararte muy bien la entrevista. Preparar preguntas que hagan que el tipo se despierte, está harto de que le pregunten todo el tiempo lo mismo. En el caso de Ozzy logré que se abriera y que la conversación fuera casi una confesión psicoanalítica. No paraba de hablar, era impresionante. He viajado con colegas que no preparaban absolutamente nada, solo les importaba que los metían en un avión y que se iban a Nueva York. En el caso de Lou Reed, por ejemplo, me pasé toda la noche sin dormir porque todas las preguntas que preparaba me parecían una mierda. ¿Cómo le voy a preguntar esto a Lou Reed? Al final terminé con veinte preguntas, y resultó».

García rompe con las reglas básicas del periodismo mostrando todas las dificultades a las que se enfrenta como entrevistador y, como dice Juan Villoro en el prólogo, es «el maestro de la entrevista-que-no-debería-haber-ocurrido». El libro tiene algo de mashup, de creación y refinamiento posterior que van más allá del cuestionario tipo. De lo accidental y lo improvisado que surge siempre de la conversación elabora después textos que son valiosos no únicamente por las criaturas que hablan, sino por sí mismos como piezas literarias: «Nunca pensé en una antología de entrevistas, sino en un libro nuevo. Fue en algunos casos un ejercicio de arqueología de mí mismo: buscar casetes viejos y revisar los archivos, me fui a la Biblioteca Nacional para buscar los diarios que no encontraba… El punto de partida son las entrevistas tal y como están escritas y a partir de ahí escribir de nuevo».

A lo largo del libro asistimos a la persecución de Paul Macartney en un Renault 12 por una autopista en Buenos Aires. Podemos ver a Ozzy Osbourne en plan esquizo, poniendo voces y hablando de sí mismo en tercera persona, arrastrando un ejército de osos de peluche para los que alquila una habitación de hotel. O a David Bowie arreglándole la grabadora en el subsuelo de un estadio de Brasil antes de empezar el concierto. «No soy la única persona que ha entrevistado a estrellas de rock. No es solo la entrevista, sino lo que me había pasado. Me parecía que todo lo que rodeaba a las preguntas era tan importante como los diálogos, pero no quería que una cosa tapara a la otra ni que fuera una colección de anécdotas. Las entrevistas tenían peso propio, en algunos casos más que en otros, y traté de elegir aquellas que tenían eso que le contarías a tus amigos (…) El rock tiene que pagar una cuota de tragedia por lo dionisíaco, por los placeres que obtiene, y cada tanto palma alguien: Bowie, Lou Reed, dos de los Bee Gees, Dee Dee Ramone… Todos muertos. Hoy no podría hacer esas entrevistas. Es un momento en el que ellos ya eran leyendas pero todavía estaban en circulación».

Y al terminar de leer uno se pregunta cuáles serían las estrellas que podrían aparecer dentro de veinte años en un libro como este: «Alex Turner de Arctic Monkeys es alguien a quien me gustaría preguntarle muchas cosas. Pero los personajes que más me interesaría entrevistar serían estrellas de hip-hop. Me parece que son los que marcan nuestro tiempo. Si fue difícil con estos, no me quiero imaginar cómo sería hablar con Kanye West, debe de ser una cosa rarísima. Pero me interesaría mucho, ya lo creo, gente como Kendrick Lamar son las figuras realmente importantes de hoy».


Fernando García Pérez

Cómo entrevistar a una estrella de rock

Cómo entrevistar a una estrella de rock
Autor: Fernando García
Editorial: Jus
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Redacción de Ámbito Cultural

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