Entrevistas

Entrevistamos a Iván Repila

Iván Repila (Bilbao, 1978) acaba de publicar ‘Prólogo para una guerra’ (Seix Barral), su tercera novela. El salto a un gran grupo editorial ha dado un espaldarazo a este autor reconocido internacionalmente.

Alberto G. Palomo
Escrito por Alberto G. Palomo

A Iván Repila (Bilbao, 1978) no le gusta que se le llame superviviente. Ni indie de las letras. Ni maldito. Su carrera como escritor, que acaba de apuntalar publicando en Seix Barral, ha estado marcada por la muerte de Gonzalo Canedo, su antiguo su editor, por la consecuente desaparición de Libros del Silencio y por el reconocimiento en muchos países salvo en el propio (quizás esto no es tan particular). Con Prólogo para una guerra, en venta desde hace unas semanas, salta al mercado en butaca preferente.

Lo hace, además, redondeando ese universo poético y sin referencias espaciales o temporales que ya había utilizado en El niño que robó el caballo de Atil’ (2013) y añadiendo toques de crítica social, como en Una comedia canalla (2012). En este caso, los protagonistas se enfrentan a una herida contra sus propios demonios de una forma  diametralmente opuesta y con la arquitectura como forma de construcción de nuestra propia identidad. Hablamos de su trayectoria editorial y de sus objetivos literarios en una librería de Madrid, donde recala en plena promoción antes de volver a su tierra.

¿Cómo viviste el final de Libros del Silencio?
Muy mal. La muerte de Gonzalo Canedo no supuso inmediatamente el cierre de Libros del Silencio. Marc intentó sostenerla, pero duró un poco. Lo doloroso fue que Gonzalo murió cinco días antes de que saliera El niño que robó el caballo de Atila y provocó una etapa de mucha tristeza. Veía el libro, algo que debería alegrarme, y tenía una sensación triste. Cuando pasó el duelo, empecé a buscar agente –porque no tenía a nadie, siempre había habido estado con él– y lo encontré. Recuperé la ilusión y además el libro se tradujo a varios idiomas. Mi nombre volvió a sonar porque el libro no había tenido casi promoción, había desaparecido. Yo era alguien desaparecido. Afortunadamente, hubo buenas críticas en Estados Unidos, Francia y Reino Unido, sobre todo, y volví a circular. A partir de entonces contactaron conmigo muchas editoriales y con este libro estoy metido en una promoción que no había tenido nunca. Me da vértigo. Porque es como haber fichado por el Barça o el Madrid –no quiero decir que Libros del Silencio fuera de segunda–.

¿Puedes decir, por tu caso y más escritores con tu misma edad, que hay brotes verdes en la edición?
Bueno, aunque haya tenido suerte, veo a muchos colegas que lo tienen difícil. Mandan manuscritos y nada. Si hay o no brotes verdes lo deben de saber los editores.

Los datos de lectura y ventas nunca son muy buenos…
Ya. Sí que veo, a lo mejor, cierto interés por escritores de mi generación o cercana a ella. También veo casos de gente que, por lo que sea, no sale. Creo que la suerte es importante. Y quizás por el timing, por el momento en el que sale un libro. Porque a veces hay algo que funciona en un instante determinado y en otro no. Es un misterio.

Lo que sí parece es que algunas de las editoriales pequeñas se mantienen.
Eso es lo importante, que resistan. El gran drama es que a los diez años cierran. Ves muy buenos catálogos que de repente desaparecen. Lo que estamos deseando todos es que se mantengan. Libros del Silencio tenía muy buen catálogo. Si hubiera seguido lo hubiera tenido mucho mejor, seguro. Pero mira qué pasó. Y es una pena que estas editoriales que sacan a autores jóvenes y cuidan todos los detalles desaparezcan. Porque financieramente suelen estar haciendo encaje de bolillos.

¿Cómo has recibido este salto en el gremio y el hecho de que las alabanzas anteriores solo vinieran de otros países?
Hasta ahora no he tenido trato con la prensa de aquí. Poquísimo. Algo local, muy discreto. Pero la culpa no es de nadie, solo de unas circunstancias muy concretas. Solamente hice una presentación y una entrevista porque de repente me quedé sin el medio entre el escritor y la opinión pública. El niño que robó el caballo de Atila fue invisible por unas circunstancias muy marcadas. Nunca diría: “Soy un autor al que han marginado”. Simplemente es que no tenía agente, no había nadie en el flujo de comunicación y, por tanto, es lógico que no hubiera ninguna atención hacia él.

¿Y cómo se dio a conocer?
Fue más por el boca a boca. Gracias a eso estoy aquí hoy, que es algo excepcional: llevo dos días de entrevistas sin parar. A cualquiera esto le podría volver loco, pero para mí es muy emocionante. Me siento un privilegiado. Y lo digo sin victimismo, en serio. Me siento como un niño con libro nuevo.

Compararon El niño que robó el caballo de Atila con Intemperie, de Jesús Carrasco. ¿Te sientes identificado?
Somos muy colegas y creo que coincidimos en algunas cosas: espacio despejado, niños, violencia de trasfondo… Pero mis libros van encaminados más hacia lo simbólico-político. Hay quizás una mayor diferencia en la intención y en el estilo. El mío es muy poético, con mucha alegoría y más imagen. Él viene de la artesanía con el lenguaje, del cuidado de cada palabra. Lo mío está más vinculado a la poesía.

¿Cuáles son tus influencias?
Muchas, claro. Pero podría decir que mi autor de cabecera es [Albert] Camus y sin embargo el estilo no se parece en nada. Quizás sí a nivel de intenciones. Igual que me gusta mucho el teatro y sigo a Beckett, pero no podría decir que haga algo parecido.

¿Y cómo definirías tu prosa?
Me gusta que tenga segundas y terceras lecturas. Utilizar los símbolos y las alegorías. Creo que si me muevo por territorios más simbólicos quizá me es más fácil, para mí y para el lector, plantear temas muy contemporáneos. Puedo no estar de acuerdo con ellos (temas relacionados con la violencia, con la desigualdad, con la intolerancia) pero aun así, sacarlos entre líneas. Que la acción no se centre en ellos, que no se hable muy concretamente de eso, pero se intuya. Quizás es una lectura más activa que pasiva.

¿Crees que si se escribe sobre algo muy pegado a la realidad, muy encorsetado en una época, no resiste el paso del tiempo?
No. Creo que debemos investigar todos los caminos posibles. De Una comedia canalla a El niño hay muchísimo cambio. Hay que explorar muchos discursos para que nadie nos cuente un discurso único. Es verdad que la ausencia de coordenadas espaciotemporales hace que el libro crezca más a lo largo de esas variables, pero es bueno que haya de todo.

Por ejemplo, que se hable del sistema actual.
No dejo de ser permeable al mundo contemporáneo. A lo que sucede a mi alrededor en el plano político, social o cultural. No solo en lo que ocurre en Bilbao o en Valencia, sino a nivel europeo o mundial. Tenemos a miles de refugiados con niños muriéndose de frío a dos horas de avión de aquí. Y los que ayudan son gente que coge las vacaciones para llevarles mantas. Es un mundo de locos. Claro que hay que referirse a ese sistema. Un sistema fallido que lo que consigue es fomentar las desigualdades, la intolerancia, el individualismo salvaje y radical. En el caso de El niño era una llamada a la posibilidad de haya revoluciones que quepan en el tablero, aunque sean pequeñas. Esta abre un abanico más amplio. Dispara a más sitios. Creo que deberíamos avergonzarnos de quiénes somos y qué estamos haciendo.

¿Te suscribirías a alguna generación?
Honestamente, creo que no hay generaciones. Es la clave de este periodo. Ni por temáticas ni por estilos. Hacemos todos cosas muy distintas. Nos leemos con atención, nos seguimos, pero no existen. Las generaciones se han acabado.


Iván Repila

Bilbao, 1978. Autor de Una comedia canalla (2012), El niño que robó el caballo de Atila (2013) y Prólogo para una guerra (2017).

Prólogo para una guerra

Prólogo para una guerra
Autor: Iván Repila
Editorial: Seix Barral
Páginas: 288
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Sobre el autor

Alberto G. Palomo

Alberto G. Palomo

(Madrid, 1983). Aunque formado como maestro, se dedica al periodismo después de escuchar a su hermano leer columnas desde el sillón. Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Salamanca, colabora en varios medios nacionales como TintaLibre, El País o El Mundo escribiendo de temas internacionales, viajes, sociedad o cultura, por lo que está aquí.

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