Entrevistas

Entrevistamos Jordi Serra i Fabra

El gran autor de la literatura infantil y juvenil en España, acaba de publicar su libro 482, El gran sueño (editorial Loqueleo), una trepidante novela de amor y supervivencia en la América de finales del siglo XIX, un territorio por construir y por explorar donde todo parece posible.

A su paso por la Feria del Libro de Madrid, Jordi Sierra i Fabra ha aprovechado para presentar su últimos libro, El gran sueño (editorial Loqueleo) y para entregar el premio de escritura para menores de 18 años de la fundación que lleva su nombre. Lamentablemente, la presentación de El gran sueño, prevista para el jueves 17 de mayo, tuvo que cancelarse por el cierre del parque del Retiro debido a los fuertes vientos. Me lo cuenta él mismo, nada más sentarnos a la mesa, apenado por no poder compartir con su público las sorpresas que había preparado, como música en directo, disfraces de época y un periódico imitando el estilo de finales del siglo XIX. Su generosidad y buen humor no impide que nuestra charla resulte interesante y muy dinámica, como sus propios libros.

Ámbito Cultural: En El gran sueño, tu nueva novela juvenil publicada, vuelves a optar por un contexto histórico. ¿Por qué elegiste la Norteamérica de finales del siglo XIX para contar esta historia?

Jordi Sierra i Fabra: Este libro lo escribí en 2015 y sale ahora, junto con otro que escribí hace un año, Que no vayan a por ti (SM), que es un thriller y es muy diferente. En el caso de El gran sueño (señala el ejemplar que he leído en los últimos días y llevo para que me lo firme al terminar la entrevista), este libro es un reto y me encantó investigarlo. Irme a Nueva York, leer cosas, documentarme. Todo lo que hay aquí escrito es auténtico, y eso para un escritor es un orgullo. Estoy muy feliz con él.

A. C.: Empiezas a escribir El gran sueño en Nueva York, en el 2014. ¿Fue el viaje el detonante o ya fuiste con la idea de la novela?

J. S. F.: El germen nace de todas las películas que hay sobre el tema, en las que los personajes siempre son rusos, polacos, italianos, chinos, irlandeses… Nunca se mientan españoles, pero en realidad da igual que sea español o polaco. Cuando llegas a una ciudad como Nueva York sin saber el idioma tienes que malvivir en un lugar como los que salen en el libro, trabajar en cualquier condición… Pero decidí crear a cinco protagonistas españoles: a un chaval que va de polizón, a dos niñas que son hermanas, a otro joven que va con sus padres y a Narciso, que va casado por poderes y parece que tenga la vida resuelta. Ahí empecé a pensar en una historia para estos cinco personajes y a contar cómo era la vida en Nueva York en esa época.
¿Por qué fui a Nueva York? Porque sitúo el principio de la novela en 1881. En esa época en Nueva York Edison creó la primera central eléctrica, se estaba construyendo el puente de Brooklyn… Nueva York estaba cambiando. Y luego porque quería conocer Castle Garden [el lugar donde se recibía a las inmigrantes mucho antes de la creación de Ellis Island], que aún existe, hay ruinas. Quise ir allá, estar ahí en medio y sentir cosas. Me fui allá para ver dónde llegaban los personajes y eso va creando un vínculo de amor con tu novela, porque todo lo que cuentas es verdad.

A. C.: Creo que arriesgas mucho, ¿no? Quiero decir, los jóvenes a los que se dirige el libro probablemente no conozcan las películas que se han hecho sobre este tema, aunque tu novela les ayuda mucho a crear esos referentes culturales.

J. S. F.: Cuando escribo un libro, no pienso en quién va a leerlo, sino en hacerlo lo mejor que pueda. Pero sí es cierto lo del riesgo. Este es mi libro 482, si no tomo riesgos yo, ¿quién los va a tomar? Nunca he seguido modas, pero sí las he creado. Cuando publiqué en España Noche de viernes, en el año 92, abrí una tendencia de novela realista que no existía. El riesgo es una parte de mí: toco temas que nadie toca, procuro ahondar en cosas que todavía no han sido tratadas. Aunque siempre intento ser fiel a mi estilo, en el que hay mucho diálogo, frases cortas y mucho ritmo.

A. C.: Es trepidante y la ambientación está muy bien conseguida. Es genial que a los lectores les permita conocer esos lugares, entrar en esas casas que no tenían electricidad ni inodoros…

J. S. F.: Esta novela es un viaje y todo viaje implica un sueño final. Yo entiendo que haya gente que diga que la época no le interesa o que no lo lee porque es muy gordo… Pero el que se meta en el libro de verdad, aparte de que va a disfrutar muchísimo la novela, aprenderá. Lo que yo, como cota final, espero, es que la gente al acabar el libro piense: “He disfrutado un montón leyendo este libro y encima he aprendido cosas, o he cambiado, o soy mejor”. Eso ya es la guinda.

A. C.: Contexto histórico aparte, también tratas temas de mucha actualidad, como la emigración o las condiciones laborales que sufren los personajes.

J. S. F.: Sí, sí, tú fíjate en una cosa (abre el libro directamente por la página 157): cuando se dice a cómo se paga la docena de pantalones, los ojales, la plancha, a cómo se paga el tabaco de hacer cigarros… ¿Qué está ocurriendo hoy en día? Cuando tú estás comprando una camiseta o unas zapatillas que han fabricado en Taiwan o en Indonesia, yo me imagino que allí habrá unas operarias igual de mal pagadas…
Y la emigración sigue siendo una lacra social. De mis personajes, unos emigran por hambre, otros porque las justicia los persigue… Hoy en día se emigra porque hay una guerra en Siria, hambre en el Senegal, o porque eres albina y te van a matar si vives en Sierra Leona. Hoy en día se cruza el Estrecho en patera o el Mediterráneo en un bote. En la novela pagan un pasaje, de acuerdo. Pero ¿y los emigrantes de México, o los de Guatemala y Honduras, que cruzan todo México en tren y que mueren por el camino? De la época de la novela han pasado ciento cincuenta años y yo creo que estamos exactamente igual que entonces. Seguimos siendo una raza autodestructiva y los problemas de los pobres, de los pequeños, siguen siendo los mismos.

A. C.: Sin embargo, los peligros actuales son muy distintos de los que los personajes de El gran sueño corren constantemente.

J. S. F.: Por eso quería hablar de lo que representaba el Oeste, aparte de la vida en Nueva York. Alberto y Narciso saben que no pueden quedarse en Nueva York. Pero Alberto y Leonor no pueden viajar juntos, y se despiden gritando “¡UNAKAWE!”. Yo creo que lo destacable de esta novela es que los personajes fracasan, fracasan constantemente, porque no se pueden quedar en Nueva York.

A. C.: Pero nunca pierden la esperanza…

J. S. F.: Yo no quería transmitir el mensaje de que el emigrante llega al nuevo país y, con esfuerzo, logra triunfar. En su caso, pierden todos. Pero siempre encuentran un nuevo camino. Que en el caso de Alberto y Leonor está el sueño de irse a un valle paradisíaco y empezar su vida desde cero. Quería hablar también de eso: aunque fracases, siempre hay un camino a seguir.

A. C.: Ellos llegan a un mundo en construcción y tienen que reinventarse constantemente. ¿Qué nos queda por construir en la actualidad?

J. S. F.: En aquel momento los neoyorquinos vivían su vida y no sabían si estaban cambiando o no estaban cambiando. Cuando Edison pone luz eléctrica en un barrio de Nueva York, los demás ni se enteran. Ahora claro que hay que construir algo, siempre estamos construyendo cosas y puentes entre pueblos y personas. Nunca está todo hecho. Estamos en un mundo desigual, lleno de controversia. No hay ni un país que se libre.
A veces pienso que cada generación de gente joven quiere luchar para cambiar el mundo. En los años setenta, con el pelo largo, yo también quería cambiar el mundo. Por suerte, fracasé. Y fíjate que digo “por suerte”, porque cada generación tiene que cambiar lo que pueda, pero el gran sueño es fracasar para que la siguiente tenga otra vez su gran sueño. Soy optimista.

A. C.: Y se nota que transmites ese mensaje optimista en la novela, aunque de forma indirecta.

J. S. F.: Sí, directamente no, porque no me gusta. Siempre he sido muy solidario con los demás y por eso en mis novelas siempre queda un poso. ¿Sabes la de gente que se ha hecho cooperante en África después de haber leído mi libro Llamando a las puertas del cielo? ¿Y la de gente que se ha hecho periodista por mi novela Sin tiempo para soñar o En un lugar llamado guerra?

A. C.: Volviendo a la novela, su final da lugar a pensar que podría haber una continuación.

J. S. F.: No. Cuando hago una obra larga y la divido en varias partes, ya está pensada así de antemano. Tengo muy claro que El gran sueño es un solo libro y no vale la pena hacer una segunda parte ni aunque vendiera un millón de ejemplares o Steven Spielberg hiciera una película con ella.

A. C.: De hecho, la novela es muy cinematográfica.

J. S. F.: Todos mis libros lo son. Aquí sí que no hay vuelta de hoja. Cada capítulo es una escena, se podría rodar tal cual.

A. C.: Por otra parte, todos los personajes están muy vivos y tienen mucho carisma.

J. S. F.: Todos tienen luces y sombras, como tú y yo. Todos en un mismo día podemos ser veinte veces buenos y santos, y, otras cinco veces, malos y perversos. Son personajes de carne y hueso, que luchan por sobrevivir, y la verdad es que uno tiene que amar tanto al malo como al bueno.

A. C.: Además, sus mujeres son personajes muy poderosos…

J. S. F.: Al principio, en mis novelas el prota siempre era un chico, porque yo soy un chico y pensaba que era más normal que escribiera desde esta perspectiva. Hasta que alguien me dijo: “En tus libros faltan chicas”. Empecé a trabajar ese aspecto y en unos años ya me decían que mis personajes femeninos son fuertísimos. Los tíos siempre son tontorrones porque en el fondo soy yo: inseguros, un poco tímidos… Pero las chicas, no. Son como yo veo a las mujeres: fuertes, capaces, seguras.

A. C.: En la literatura estamos muy acostumbrados a leer el viaje de los chicos. Pero en El gran sueño también nos encontramos con el viaje de Leonor, que te hace pensar: ¡qué viva está esta chica!

J. S. F.: Es tímida e insegura, porque es muy jovencita. Pero claro, en esa época eras más maduro con dieciocho años que ahora. Pero sí se arriesga. Sabe que está enamorada y tiene que escoger entre viajar con su familia o viajar en busca de Alberto.

A. C.: ¿Notas diferencia entre los lectores del principio de tu carrera con los de ahora?

J. S. F.: Esto me lo preguntaban ya con cincuenta años, y también que cómo siendo un hombre, y además mayor, entendía tan bien a los adolescentes. Porque te pones en su piel. Porque en el fondo aquí (se señala la cabeza), aún tengo diecinueve años.
Creo que no han cambiado mucho. Una chica de quince años se sigue enamorando igual, y sufre, y llora. Los sentimientos no han cambiado, ¿qué ha cambiado entonces? El entorno. Tenemos más medios, más libertad…

A. C.: ¿Es más difícil llegar con un libro a los jóvenes de ahora, con tanta competencia de ocio?

J. S. F.: Yo a veces no entiendo cómo vendo tantos libros habiendo tantas cosas. Pero sí que es verdad que mis libros se leen rápido, se leen bien. Tengo libros muy famosos como Campo de fresas (SM) o Noche de viernes (Loqueleo), que son libros que han sido referencias escolares durante veinte años. Campo de fresas lleva veintiún años entre los cien libros más vendidos en España. Se sigue leyendo porque el tema sigue interesando. Como me dice un maestro: “pongo tus libros porque son los únicos que no me tiran a la cabeza”.

A. C.: ¿Crees que les interesa la lectura?

J. S. F.: Yo intento decirles que leer es importante. A mí leer me cambió la vida, me la salvó. Pero si encima saben escribir, contar en un papel cómo se sienten, serán mejores personas. Escribir, tocar un instrumento, el arte en general te acerca al universo.

A. C.: Vamos a despedirnos con los protagonistas de El gran sueño. ¿Cómo serían Alberto y Leonor hoy en día?

J. S. F.: Alberto, en vez de ser un polizón, sería un chaval huérfano de la guerra de Siria, que ha huido, que es listo como el hambre. Y sería un superviviente, de esos que nadie puede con ellos. Leonor… es más complicado, porque ella en el fondo es frágil, tiene dos padres y una hermana, pero sería una chica que aprendería a palos. No creo que perdiera la punta de humanidad, pero sería una chica que tendría que hacerse una coraza fuerte para sobrevivir.


Jordi Serra i Fabra

Jordi Serra i Fabra nació en Barcelona en 1947. Es el autor más prolífico en España, con más de 10 millones de libros vendidos de más de 480 publicados. Aunque su especialidad es la literatura infantil y juvenil, también ha publicado numerosos libros de no ficción (entre los que destacan sus ensayos de temática musical y las biografías). Entre otros, ha ganado el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Su libro Campos de fresas (publicado por SM) lleva 21 años entre los 100 más vendidos de España.

El gran sueño

El gran sueño
Autor: Jordi Serra i Fabra
Editorial: Loqueleo
Páginas: 576
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Redacción de Ámbito Cultural

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