Entrevistas

Entrevistamos José Ramón Marcaida

Marcaida López es historiador de la ciencia y acaba de publicar su primer libro: Arte y ciencia en el Barroco español. Historia natural, coleccionismo y cultura visual.

arte y ciencia

Realizo esta entrevista a José Ramón Marcaida con motivo de la edición de su primer libro: Arte y ciencia en el Barroco español. Historia natural, coleccionismo y cultura visual (Marcial Pons, 2014). Debido a que trabaja como investigador en Cambridge es imposible una entrevista en persona. Amablemente decide responder a mis preguntas a través del teclado del ordenador. No conozco personalmente a José Ramón y en mi mente le concibo a través de una fotografía de él en bicicleta que hallo colgada en la red social para investigadores academia.edu. Parece un hombre sonriente, jovial y bastante joven. Alguien quizá muy alejado del impresionante curriculum que le precede. Además está su asombroso libro que acabo de terminar. Un libro sutil pero a la vez evocador que tiende puentes entre la cultura barroca española y su proyecto científico, que quedó hundido como la Gran Armada baja el anchuroso mar.

Isaac del Valle: Me gustaría comenzar la entrevista felicitándote por el premio Alfonso E. Pérez Sánchez (Fundación Focus-Abengoa) que se te concedió a principios del año pasado (2014) y gracias al cual posiblemente haya tenido la suerte de leer tu libro. Esto me lleva a mi primera pregunta: ¿Cómo un licenciado en Filosofía y en Físicas y doctorado en Historia de la Ciencia consigue ganar un prestigioso premio de Historia del Arte? Cuéntame cómo fue tu evolución académica desde tu perspectiva personal.
José Ramón Marcaida: Antes que nada, quisiera agradecerte tu amable presentación y el detalle de haber contactado conmigo para realizar esta entrevista. ¡Y muchas gracias también por haber leído el libro!
Me preguntas por mi evolución académica. Me imagino que, como la de cualquiera, ha sido una evolución fruto de una mezcla de mis propios intereses, las circunstancias, y una buena dosis de azar. Ahora bien, más allá de los títulos, las clasificaciones disciplinares y las derivas propias de la profesión, algo que siempre he intentado mantener presente es una gran curiosidad por las cosas y las ganas de aprender. En este sentido, la carrera de filosofía fue determinante. Pero no menos iluminador fue el contacto -como estudiante, al menos- con el mundo de la ciencia, la física en concreto. Este doble interés por la filosofía (las humanidades en general) y el conocimiento científico es lo que me llevó a especializarme en la historia de la ciencia -un área de investigación, contra lo que algunos piensan, extraordinariamente innovadora y versátil, con lazos en las más diversas disciplinas, incluida, cómo no, la historia del arte.
Volviendo, pues, a tu pregunta: el premio Alfonso E. Pérez Sánchez supone para mí el reconocimiento a un trabajo decididamente interdisciplinar, en cuya base se halla una forma de investigar animada por la curiosidad y el gusto por saber.

IV: Tengo la sensación de que es algo muy propio del mundo actual: el hombre renacentista, quiero decir. Hombres que destacan en muy distintos ámbitos. Pero a la vez nuestra actividad está dominada por un crecimiento desorbitado de las relaciones entre las distintas materias ¿Qué opinas de esto? ¿Miedo o esperanza para el historiador?
JRM: Hoy en día es un tópico hablar de la especialización a la que está abocada la investigación -tanto en ciencias como en humanidades-. Y desde luego es un tema que suscita todo tipo de preguntas y recelos. Pero también es cierto que ahora, más que nunca, contamos con ingentes cantidades de información -y herramientas para aprovecharla- a nuestra disposición, lo cual facilita enormemente la labor del investigador. En este sentido, más que aspirar a crear perfiles tipo “hombre del Renacimiento” creo que lo importante es diseñar formas de trabajo colaborativo eficientes, de modo que la especialización de unos se sume a la de otros.

IV: Sé que te esto te puede parecer una simplificación absurda pero no me resisto a la pregunta: ¿Como ves el mundo actual? ¿Barroco, ilustrado o renacentista? ¿Quizá romántico? ¿Un desastre?
JRM:
La expresión “alboroto magnífico” – que era como el historiador del arte Erwin Panofsky describió el Barroco en alguna ocasión- creo que describe bien el mundo actual, ¿no te parece?

IV: Creo que tu obra es más evocadora que contundente. Hay algo fantasmal detrás de los distintos argumentos. Imágenes fulgurantes que sólo se intuyen. No es una crítica. De verdad, creo que es un aspecto muy positivo del libro. Me refiero, por ejemplo, a la historia de la casa-Museo Natural de Juan de la Espina (casa madrileña que en la mentalidad colectiva del siglo XVII estaba cubierta de los más extraños y maravillosos objetos) o al seguimiento de los cuadros de vanitas de, por ejemplo, Juan de Valdés Leal o de Antonio de Pereda. ¿Estás de acuerdo?
JRM:
Sí, en gran medida estoy de acuerdo con tu lectura. Me gusta la idea de que el texto apunte hacia ciertos temas sin entrar de lleno en ellos. En algunos casos, como en el ejemplo Juan de Espina que mencionas, esta retórica de la evocación creo que no sólo encaja bien sino que refuerza el argumento del capítulo acerca de la reflexión barroca sobre el carácter transitorio de la realidad.
Pero incluso a un nivel más amplio, considerando el libro en su conjunto, creo que este tipo de alusiones y sugerencias constituyen un recurso muy efectivo a la hora de captar y mantener el interés del lector.

IV: ¿Crees que eso dificulta la comprensión de la obra? Me imagino que su gestación tampoco fue fácil. ¿Me puedes decir algo de cómo fuiste “horneando” las distintas secciones?
JRM:
No creo que sea un problema en lo que atañe a la comprensión. Como decía hace un momento, el recurrir a una alusión, a una sugerencia, en lugar de tratar un tema con todo detalle, me parece muy interesante desde el punto de vista retórico. Como lector disfruto de este tipo de detalles.
Con respecto a tu pregunta sobre la organización del libro, y sin abandonar el tema de las alusiones y lo evocador, debo reconocer que desde el principio sentí la necesidad de contar con uno o varios motivos que resumieran de manera simple y eficaz las ideas centrales del argumento. Estos motivos – que resultaron ser una serie de imágenes- no sólo debían servirme a mí como medio para ordenar mis ideas; la idea era también que sirvieran de referentes temáticos para el lector, es decir, marcadores -en este caso visuales- que “evocaran” una idea o todo un planteamiento.
El cuadro Las Ciencias y las Artes de Adriaen van Stalbemt (Museo del Prado) es un ejemplo: ¿Qué nos dice una obra como esta sobre la relación entre el mundo del arte y el conocimiento científico en el siglo XVII? El grabado de la flor de la pasión publicado por Juan Eusebio Nieremberg en su Historia naturae(1635) -con su singular representación de los instrumentos de la pasión de Cristo, de la que esta flor toma su nombre- o el grabado dedicado al ave del paraíso (sin patas), son otros dos ejemplos. ¿Qué tipo de conocimiento está codificado en estas imágenes? ¿A qué concepción del mundo natural responderían?
Tomando como referencia estos y otros motivos visuales opté por organizar la estructura del libro de acuerdo a tres áreas temáticas, representadas a su vez por tres géneros pictóricos. La primera parte,Acumulación, dedicada a la cultura del coleccionismo, estaría representada por los llamados cuadros de gabinete – género al que pertenece Las Ciencias y las Artes. La segunda parte del libro, Representación, dedicada al tema de las ilustraciones científicas, tomaría como “emblema” el género de los bodegones. Finalmente, la parte titulada Preservación estaría representada por los cuadros de vanitas, uno de los géneros pictóricos, junto al de los bodegones y naturalezas muertas, más característicos del Barroco.
En resumen: cada género pictórico “evocaría” un aspecto de mi argumento, y cada una de estas imágenes encarnaría alguna de las preguntas centrales del libro.

IV: Uno de los temas a los que apunta tu obra es una pregunta ya clásica en las humanidades españolas: ¿Qué le pasó al proyecto científico español? En tu opinión, ¿La culpa es de la contrarreforma o de nuestro carácter? ¿Es culpa de la historiografía hispánica que no ha atendido a la ciencia como se merece? O, simplemente, ¿Entre todos la mataron y ella sola se murió?
JRM:
Es un tema complejo y una pregunta, como dices, clásica y, desde luego, todavía abierta. Lo positivo es que, de manera creciente, cada vez más investigadores están prestando atención al contexto hispano y como resultado contamos con una metodología más sólida y un repertorio de datos y recursos más amplio.
Déjame, además, insistir otra vez en la riqueza de la historia de la ciencia como área de investigación. Aquí en Reino Unido es una disciplina muy respetada y muy consolidada. Ojalá esto suceda también en España, donde el patrimonio científico y tecnológico es muy rico.

IV: Me gustaría destacar el argumento que utilizas sobre los cuadros del barroco desde el punto de vista de preservadores del conocimiento natural. Es interesante porque no nos damos cuenta lo difícil que podía ser en el siglo XVII conservar algo (más allá de en salazón). El cuadro servía para cristalizar esa imagen. Ya sea, como bien dices en tu libro, la del ave del paraíso o la de la fruta de la pasión. Es curioso porque el otro día leí que de las millones de fotos que se hacen en el mundo diariamente, debido a la vida media de los discos duros, sobrevivirán un bajísimo porcentaje de ellas ¿Qué opinas de este olvido que corroe la humanidad y su historia? ¿Cómo afecta a un historiador?
JRM:
La fragilidad de las fuentes históricas – o su reverso: la sorprendente robustez de algunos objetos o soportes de información- es un tema que siempre me ha intrigado. Al visitar un archivo, una biblioteca histórica o un museo uno no deja de preguntarse cómo han llegado hasta nosotros estos objetos. Pero, como dices, este es un tema que afecta -de forma diferente, aunque en el fondo el problema es el mismo- a nuestros propios materiales. Hace poco vi anunciado un seminario sobre cuál es el mejor formato para guardar los resultados de tu investigación -archivos de texto, imágenes, sonidos, datos numéricos, etc. – pues se está dando el caso de que mucha información recopilada hace décadas resulta inservible si el formato en el que fue registrada ha quedado obsoleto.
Relacionado con todo esto, quisiera resaltar brevemente lo que ha significado para la investigación histórica la proliferación de proyectos de digitalización de documentos y fuentes. Se trata de un avance extraordinario, y las posibilidades que ofrecen estos proyectos -si se llevan a cabo con criterio- son enormes.

IV: Parte de tu libro se fundamenta justamente en buscar las relaciones, obvias o encubiertas, entre ciencia y, dicho a lo bruto, cultura. Estas relaciones ¿son tan evidentes como las pintamos?
JRM: Que algo parezca “obvio” o “evidente” desde un punto de vista histórico no es una cuestión trivial. El caso de Newton es un ejemplo paradigmático en la historia de la ciencia: ¿a partir de qué momento -y como resultado de cuántas investigaciones a contra corriente de la visión generalmente asumida- fue aceptado como “obvio” el hecho de que las investigaciones científicas de uno de los “padres de la ciencia moderna” estuvieran estrechamente vinculadas a sus intereses teológicos?
En mi trabajo -dicho de manera rápida- trato de sacar a la luz conexiones entre el mundo de la ciencia y el mundo de la cultura del Barroco hispano. Pero hay que tener en cuenta que la propia diferenciación entre la esfera de la ciencia, por un lado, y la del arte (o si se quiere, en plural, las artes) y la cultura del Barroco, por otro, es una diferenciación impuesta a posteriori, una construcción. Una vez asumido esto: sí, me interesa mucho observar qué sucede al yuxtaponer realidades tradicionalmente (e insisto, artificialmente) consideradas como independientes. ¿Qué tienen en común Juan de Valdés Leal y Juan Eusebio Nieremberg, o Juan de Espina y Peter Paul Rubens? ¿Qué resulta de observar un bodegón desde la óptica de la historia natural?
Trasladada al panorama actual, la cuestión es igual de interesante – una muestra de ello es la herencia del debate sobre las llamadas “dos culturas” (las artes y las ciencias) y su continuación, desde hace unos años, alrededor de una supuesta “tercera cultura”.

IV: Lo efímero de la vida (del amor, del estudio, etc.), el “vanidad de vanidades” o la irrealidad del mundo son ideas muy ligadas al barroco. ¿Afecta el estudio de estas ideas a tu vida personal? Después de todo un día mirando un cuadro como el In ictu oculi de Juan de Valdés uno puede pensar que todo carece de sentido o quizá esto es sólo una dramatización sin fundamento ¿Cómo lo ves tú?
JRM:
No cabe de duda de que muchos de los autores y obras sobre los que trabajo aluden a temas de gran carga intelectual y emocional. Pero más que afectarme en un plano, cómo decirlo, “existencial”, me gusta el hecho de que mucha gente se identifica con elementos de estos cuadros o de estos textos -o al menos siente que son significativos de algún modo-, y esto ayuda mucho a la hora de conectar con el público (en una charla o en una clase) o con el lector (en el caso de este libro).

IV: Para terminar pensaba preguntarte casi obligado por la situación de la investigación en España pero me resisto en cierta forma al pesimismo de ese enfoque. Por lo tanto prefiero esquivar esa pregunta y lanzarte esta otra: ¿Cómo es investigar en Cambridge? ¿Ha sido fácil adaptarse? ¿Te levantas por la mañana y piensas: ¡Aquello es el Trinity College!, ¡la leche! Allí dio clase Newton…?
JRM:
Cambridge es un lugar donde se trabaja muy bien. Entre la gente que está aquí y la que viene de paso -hay muchísimo tránsito de investigadores que vienen a dar conferencias, impartir clases o investigar- el capital humano es extraordinario. A eso hay que sumarle unos recursos magníficos -estoy pensando, sobre todo, en las bibliotecas, donde encuentras de todo- y la ingente actividad académica, entre clases, conferencias y seminarios, que se desarrolla a lo largo del año. ¿El resultado? Un ambiente de trabajo serio, exigente, muy singular, del que se puede sacar mucho partido.
Ahora bien, por hacer una alusión al caso de España, debo decir que tanto durante mis años de estudiante como durante la época en la que realicé mi tesis doctoral -de la que deriva este libro- tuve la suerte de trabajar con unos compañeros excelentes, en unas condiciones muy buenas. Es una verdadera pena que ese nivel de profesionalidad – comparable al de otros centros de prestigio como la propia Universidad de Cambridge- no pueda sustentarse en el tiempo y acabe perdiéndose por falta de apoyo.


José Ramón Marcaida López

José Ramón Marcaida López es licenciado en Filosofía y Física, máster en Historia de la Ciencia y doctor por la Universidad Autónoma de Madrid. Ha realizado estancias de investigación en centros como el Departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Cambridge.

Arte y ciencia en el Barroco español. Historia natural, coleccionismo y cultura visual.

Arte y ciencia en el Barroco español. Historia natural, coleccionismo y cultura visual.
Autor: Jose Ramón Marcaida
Editorial: Marcial Pons

 

Sobre el autor

Redacción de Ámbito Cultural

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