Entrevistas

Entrevistamos a Julio Jurado

Sonia Aldama
Escrito por Sonia Aldama

Si le preguntas a Julio Jurado por la escritura, sostiene sin demasiados tapujos que escribe “como terapia para soportar las inclemencias del tiempo” que le ha tocado vivir, “de uniformes y capas airadas”. Su escritura es poco apacible, hiriente en buena medida, y no puede evitar ir en contra de las manadas aunque siempre ha deseado amar y ser amado. Se considera a sí mismo como un escritor viejuno, un poco loco y fuera de onda, de insaciable inquietud y abolengo obrero, carátulas precisas que utiliza con profusión de orfebre incomprendido.

Ha publicado los libros de relatos Andar por el aire (Gens 2010) y El bombardero azul (Adeshoras 2016), y varios de sus textos se recogieron en la compilación Parábola de los talentos. Antología de relatos para empezar un siglo (2007). Durante años fue profesor de técnicas narrativas y tiene guardadas en la recámara las balas del escritor, manuscritos que esperemos que dispare pronto alguna editorial.

Hoy me reúno con Julio en Vergüenza Ajena, una de las librería-bar más emblemáticas de Madrid. Nos vemos para no echar tanto de menos al mítico Diablos Azules, donde Julio Jurado hacía sus apariciones literarias para deleitar a los espectadores con sus relatos a micrófono abierto.

Julio y yo  nos sentamos cerca del escenario, nos rodean algunos escritores que suelen frecuentar los saraos literarios. Julio es un habitual en las presentaciones de libros en Madrid, generoso con sus colegas, hoy se sienta frente a la grabadora para ser el protagonista y hablarnos de El bombardero azul, un libro de relatos con personajes inolvidables, escenas que deberían llevarse al cine y homenaje a su vida de escritor y, cómo no, a la buena literatura.

Sonia Aldama: Julio, este es tu segundo libro de relatos, en 2010 publicaste Andar por el aire, ¿cómo ha sido el proceso creativo hasta llegar a El bombardero azul?

Julio Jurado: Andar por el aire supuso para mí el convencimiento personal de que podía pasar de ser un lector voraz e incongruente en mis lecturas a convertirme, desde ese momento, en otro cronista más de un panorama literario abotargado de escritores y escritoras. Lo más interesante del libro es sin duda el prólogo de Medardo Fraile. Se ofreció —en un vagabundeo de última hora por la Feria del libro de Madrid— a leer el manuscrito cuando estuviera terminado. Le hice caso, claro, y aproveché su visita a Madrid en aquel otoño de 2009 para entregarle una copia esperando no desilusionarle demasiado con mis cuentos. Por correo primero y luego en una conmovida (por mi parte) conversación telefónica, me dijo que le había gustado el libro y que si yo quería, él haría el prólogo. Así que me encontré, dos meses después, con un prólogo para el libro y todavía no había encontrado al editor.
Perdona por este introito aconfesional que te he soltado y que quizá no viene a cuento, pero quería dejar constancia de mi amistad con uno de los mejores cuentistas que ha nacido en un país tan poco generoso con sus grandes protagonistas cuando él sí lo era y mucho con aquellos que empezábamos.
Esto es lo que tienen las entrevistas en torno a una mesa cuando se le pregunta a un escribidor insensato, como es mi caso, que ama a su primer libro pero que prefiere hablar de un gran escritor al que se le echa mucho de menos, y no de Andar por el aire, libro que tuvo su oportunidad y que espero y deseo que alguna vez se reedite con mejor suerte. Pienso que se lo merece.
¡Ah, sí! El proceso creativo… El bombardero azul (el libro, no el cuento) necesitó más de dos años para tomar forma en su estructura y casi otro para darlo por cerrado literariamente. El proceso fue bastante liberador porque en ese momento yo no entendía que, viendo y viviendo las cosas tan importantes que sucedían en la calle (aumento del desempleo, desahucios, la revelación del 15M), lo que yo observaba en muchos de mis amigos y conocidos, en la literatura que aparecía por las librerías y aquella que se transmitía tanto en los medios clásicos como en las redes sociales, salvo honrosas excepciones, era demasiado convencional y autocomplaciente con uno mismo y con el mercado editorial. Esta literatura, en su mayoría, solo se salpicaba de esa falta de conciencia moral a través de una enorme despreocupación por todo aquello que nos hace ser y que debería impregnar nuestras historias de rebeldía y de esa angustia vital que yo consideraba entonces tan necesaria. Soy de los que piensan que el lenguaje literario, y por ende las historias que llevamos al papel, deberían inmiscuirse y cuestionar de algún modo a los poderes reales que manejan la sociedad y a sus ciudadanos para su propio beneficio; poderes (todos sabemos a quiénes me estoy refiriendo) que se han convertido y no sé si alguna vez fueron de otra forma, en un ámbito de delincuentes de guante blanco y corruptelas insaciables en vez de ser un servicio para la comunidad y los menos favorecidos. Claro, también es cierto que, si solo hacemos esto, se consideraría a esas narraciones como panfletos y no como productos literarios si no se limitan a representarse a la manera de un ensayo. ¿Qué hacer entonces? Nada nuevo, por cierto. Algo que siempre se ha hecho si miramos también la literatura de siglos pasados. Infiltrar nuestras historias de desconsuelo, dolor y, sobre todo, de degradación social, en el sentido de deformar la realidad porque no nos gusta esa realidad que nos ha sido dada. De ahí esos personajes en mis cuentos con su propia moral. A falta de derechos en un mundo despreocupado e insolvente, las obligaciones del individuo van a ser otras, pura supervivencia como denuncia al “quién vale más”.

S. A.: El libro está dividido en tres partes. La primera consta de siete relatos cortos. La segunda es el relato El bombardero azul y finalizas la tercera parte con Falsa moneda y Encuentro cultural. ¿Cómo has trabajado la estructura del libro?

J. J.: En una pregunta que me hizo el escritor Miguel Sanfeliu hace unos años sobre dejarse llevar o planificar el trabajo a la hora de desarrollar los textos, en este caso un libro de cuentos, le contesté que tenía cierta debilidad por la imperfección, por lo no convencional, por la provocación constante del lector. Creo que en este sentido he cambiado poco. Siempre he considerado esta forma de trabajar como más creativa y necesaria ante tanta normalización. Por qué no sorprender al lector, aunque no le guste lo que haces, en vez de adularle por lo bien que reflexiona. Tres partes que se complementan con un premeditado descontento contra el organismo-hombre como ente social y literario.

S. A.: En el relato Me gusta hacerte daño aparece la mujer con espinas y el hombre quejumbroso; tal vez son personajes universales. ¿Cuánto hay de crítica social en tus relatos?

J. J.: En este relato y en Dándole vueltas a una idea me apetecía mucho indagar sobre las diferentes posibilidades que se traman alrededor de una misma historia dependiendo de dónde se sitúe el punto de vista, si en lo masculino o en lo femenino. Fantasía y perversidad como símbolos para cuestionar la sociedad, abrir los ojos o cerrarlos según sea quién ofrece ese autoritarismo que tanto nos sobrecoge.

S. A.: Hoy he visto a un perro o Falsa moneda” son relatos en los que el narrador habla con el lector, ¿siente el escritor esa necesidad? ¿Piensas en ellos cuando escribes?

J. J.: Si pienso en los lectores debe de ser algo automático, un poso literario del que no quiero deshacerme. Pero estos dos relatos juegan, a veces de una manera un poco grotesca, con una visión tragicómica del mundo contemporáneo. En el primero se potencia una visible ternura por esa desolación tan habitual que encontramos en la vida. En el segundo hay una lucha sin sentido contra la realidad y la falta de una propia identidad en la creación literaria.

S. A.: El bombardero azul es el relato más largo del libro y lo titula. Tiene un comienzo casi onírico y unas imágenes muy poderosas. Háblanos de este relato.

J. J.: A mí me gusta ver a este cuento largo como un monólogo de la conciencia. A veces habla el autor y otras, el narrador o la narración en un terreno onírico, sí. Pero también quiere dejar entrever ese derrumbe de una sociedad en la que no interesa adivinar si hay algún pecado o solo es una inquietud espacial como metáfora de la impotencia humana.

S. A.: El simbolismo aparece en tus relatos, ¿cómo definirías tu estilo literario?

J. J.: El simbolismo que reconoces en mis cuentos es una reacción natural a ese realismo defraudador y chantajista que nos acecha mires donde mires y del que prefiero alejarme siempre que puedo. Me gusta pensar que en mi literatura hay un inequívoco expresionismo kafkiano. El romanticismo (y su periodo decadentista), el surrealismo, la literatura del absurdo… son corrientes literarias que me sirvieron como pretexto y transporte sensitivo para encontrar una concepción de la vida (y la literatura) de una riqueza y profundidad que no tiene mucho o nada que envidiar a las disquisiciones más racionales de otros narradores. Pero esto es lo que pienso yo de mí y de mis narraciones, claro. Otra cosa será la verdad, aunque no siempre tiene que ser necesaria.

S. A.: ¿Recuerdas el primer relato que escribiste?

J. J.: Tengo una carpeta en el ordenador con el título “Relatos de iniciación” y que está completamente olvidada. Pero me viene a la cabeza un relato que se llamó El ladrón de rosas y que cuenta cómo el protagonista plantaba unos rosales con sus capullos brotados en el macetero de la tumba de su madre y que en su siguiente visita habían desaparecido. Tres veces plantó rosales y tres veces desaparecieron. Como estaba bastante enfadado, en la siguiente visita se escondió entre unas tumbas cercanas para esperar al ladrón de rosas. Al dar la medianoche…

S. A.: Has sido alumno en talleres de creación literaria y también profesor. Háblanos de estas experiencias.

J. J.: Yo me hice escritor en talleres literarios. Pienso que tuve mucha suerte en ese sentido porque, aunque siempre he leído bastante, no era capaz de contar con criterio lo que yo quería. Fueron cuatro años: uno con Gloria Fernández Rozas, quien me motivó y animó a que semana tras semana trasladara al papel aquellas historias que me rondaban por la cabeza, y ella, pacientemente, intentaba corregir la precariedad de mis textos. Después fue Ángel Zapata quien moldeó de alguna forma durante tres años mi deseo y mi esfuerzo (sin estas dos cosas no se llegará nunca a nada) para lograr que algún día a alguien más le pudieran atraer mis historias. Yo no nací escritor; así que no tengo esa pátina de hombre culto y agraciado. Es algo que le deberé siempre a mi compañera y amiga Emi Yagüe. Ella fue quien me sedujo con la idea de la escritura en un momento en el que había perdido completamente el rumbo de mi vida. No se lo podré agradecer nunca jamás lo suficiente.
Como profesor fue una experiencia muy interesante y que me ofreció en su día Javier Sagarna, director de la Escuela de Escritores. Fueron dos años y medio en los que comprendí que no siempre van de la mano la enseñanza y la profesión. Creo que me sobraba pedagogía y me faltaba mucha mano izquierda para tratar con los alumnos. No siempre se está capacitado para aquello que te propones llevar adelante.

S. A.: ¿Qué literatura te interesa? ¿Lees a tus contemporáneos?

J. J.: La literatura que me interesa es principalmente aquella que tiene más de cincuenta años. Hay tantos libros y autores para leer que voy de un lado a otro sin demasiados prejuicios. Últimamente leo más poesía y ensayo. A mis contemporáneos también los leo; me esfuerzo y mucho en conocer y comprar todo lo que puedo, sobre todo de autores nuevos o poco conocidos. Me gusta encontrar de cuando en vez a alguno que no demuestra demasiadas prisas por hacerse famoso y cuenta algo interesante. No quiero decir nombres en este sentido porque es con ellos con quienes interactúo generalmente, en persona y en redes sociales, y no quiero que se lo crean demasiado. Una cosa sí puedo decir, hay quizá más mujeres que hombres.
Ay, Sonia, no sabes lo que me ha gustado responder a esta última pregunta, porque depende de las copas que me haya tomado la respuesta puede ser muy diferente.

S. A.: ¿Recuerdas algún poema de memoria? ¿De quién?

J. J.: No. No recuerdo ningún poema, se me olvidan con mucha facilidad. Como soy de mente autodidacta me paso el tiempo anotando en múltiples libretas aquello que me gusta y subrayando libros que luego no encuentro.

S. A.: ¿Tienes más proyectos pendientes de publicar?

J. J.: Sí. Una novela que quiero empezar ya a mover un poco a ver si encuentra editor y un texto híbrido que me ha encantado escribir, muy emocional y diferente, lleno de pensamientos, ideas, reflexiones. Y muchos cuentos o fragmentos o gacetillas imposibles, en los que se intuye algo de un modo sarcástico y caótico, y que se rodean de veintitantas fotografías mías y seis o siete collages de Emi Yagüe; manuscrito que aunque tiene buenos admiradores no está consiguiendo una clara respuesta editorial para su publicación. Si hay algún editor de cabeza despejada y que no le importa acercarse a estos dos proyectos ya acabados, solo tiene que decírmelo.

S. A.: ¿Qué estás escribiendo ahora?

J. J.: En estos últimos seis meses he dado por terminados varios cuentos, uno de ellos aparecerá en breve en una antología dirigida por Ana Grandal. Y también ando metido en algo, no sé todavía su posible extensión, pero casi seguro que se acercará al tamaño de una novela corta.

S. A.: Por último, ¿cuál es el lugar desde el que tú escribes? El sitio desde el que miras el mundo.

Esta pregunta tiene trampa, querida Sonia, pero tu mirada de poeta te ha delatado. Así que voy a contestar dos veces a tu pregunta:
1) Escribo desde la falta, en los márgenes de lo literariamente correcto.
2) Por suerte dispongo de un cuarto amplio desde el que miro el mundo y en el que escribo con plena libertad y sin demasiadas perturbaciones.
(Gracias, Sonia, por hacerme esta entrevista.)
Gracias a Julio Jurado por bombardearnos en azul de literatura.

 

(Imagen de Eduardo Cano).

 

 


Julio Jurado

Julio Jurado (Madrid, 1958) es escritor y está especializado en narrativa breve. Ha publicado los libros de relatos Andar por el aire (Gens, 2010) y El bombardero azul (Adeshoras, 2016), y varios de sus textos se recogieron en la compilación Parábola de los talentos. Antología de relatos para empezar un siglo (2007). Durante años fue profesor de técnicas narrativas.

El bombardero azul

Autor: Julio Jurado

 

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