Entrevistas

Entrevistamos a Nuria Varela

En femenino y en plural. Así es como trabaja Nuria Varela (Turón, Mieres, 1967) en su dilatada trayectoria profesional como periodista, escritora, profesora y también editora. Su último libro lleva por título Cansadas (Ediciobes B, 2017) y es una recorrido por las diversas facetas de lo cotidiano y lo extraordinario en las que se filtra, constante y sutil, la nueva misoginia: “Cansadas de los micromachismos, del velo de la igualdad y de los mitos que rodean el amor, de todas las violencias, de las batallas en el frente y en la retaguardia, del desdén, de la cultura de la violación y del mansplaining“, tal como ella misma apunta.

Nos citamos con ella en un céntrico bar madrileño para comentar esta nueva publicación pocos días antes de que llegase a las librerías:

 

El de este libro es un título muy elocuente, pero cuéntanos con más detalle: ¿de qué estamos cansadas?
El cansancio viene sobre todo por dos razones. Por una parte, las mentiras. El problema es que el machismo tiene muy poca capacidad argumental, no se defiende directamente. Si todos aquellos que defienden los privilegios masculinos lo dijeran abiertamente y argumentasen, podría haber un debate. El peligro de la nueva misoginia es que es sutil, no es directa, miente. Es muy agotador que la realidad sea una y el discurso sea el contrario. Las mujeres llevamos en la posverdad muchos siglos, nos llevan contando milongas mucho tiempo: “no podéis votar porque no tenéis capacidad”, “no podéis estudiar porque vuestro cerebro es más pequeño”, “no podéis hacer ciertos trabajos porque vuestras hormonas os lo impiden” … Y cuando ya hemos dicho “mira, ya está bien de tonterías, claro que podemos votar y estudiar y trabajar, por supuesto, lo único que necesitamos es que no nos lo impidáis legalmente y con violencia”, aún así, continúan las mentiras. “Estamos saliendo de la crisis”. Pues no. La crisis económica (en todo el mundo, pero en España se ve especialmente claro) está recayendo sobre nuestros hombros, o ¿cómo es posible recortar el incipiente estado del bienestar si las mujeres no asumimos todos esos recortes? ¿Dónde está golpeando la precariedad, el paro, la falta de subsidios? En nosotras. Entonces el cansancio viene por las mentiras, pero también, y esta es la segunda razón, por estar todos los días empezando, que es igual de agotador. ¿Otra vez te tengo que explicar que tengo derecho a decidir mi maternidad? Llevo haciendo esto desde que tengo uso de razón, no puede ser que estemos todos los días empezando otra vez. Cansadas, es un título amable.

Cansadas es, como reza el subtítulo, “Una reacción feminista frente a la nueva misoginia”. Explícanos en qué consiste esta nueva misoginia.
La nueva misoginia es la misoginia que venimos arrastrando desde siempre pero que se manifiesta , más sutil, con los lenguajes y las herramientas del siglo XXI. Tiene mucho que ver con esta época de posverdad, donde todo puede ser medio verdad, medio mentira, verdades a medias o mentiras rotundas que pasan por verdades. Tiene que ver con las redes sociales y con cómo nos comunicamos en ellas: desde el anonimato, desde la falta de respeto y de responsabilidad sobre lo que decimos porque todo es rápido, inmediato. Y tiene que ver también con un rebrote de la violencia (con un aumento, me atrevo a decir) contra las mujeres en todo el mundo, que va acompañado directamente del negacionismo: hay toda una corriente que niega esa violencia y todo lo que en las últimas décadas hemos estudiado alrededor de ella. Luego hay otros elementos nuevos, como la sexualización de las niñas (no solo de las mujeres), que es un fenómeno que va in crescendo y se va asentando. Y, paradójicamente, porque no lo esperábamos ni en un mal sueño, la falta de educación: ha desaparecido prácticamente la educación en valores de las aulas, ahora solo interesan el inglés y las matemáticas y ahí, en ese saco de lo desaparecido y lo ausente, están, por supuesto, todos los valores de igualdad. Y en igualdad, todo lo que no avanzamos, retrocedemos, no es un valor asentado como para decir “ya está, ya hemos llegado”. Se educa en el aula, se educa en las familias y hay una educación también en las redes. Y la gente joven recibe estos modelos y estos valores.

¿Crees que la nueva misoginia es una batalla plenamente consciente y voluntaria o más bien una repetición inconsciente de patrones para mantener los privilegios adquiridos?
Hay cosas que, en efecto, no son conscientes o, más bien, no son deliberadas. Pero la base sí es muy consciente, muy activa y muy beligerante. Si tú eliminas toda la formación en igualdad (no solo en las escuelas sino en la universidad), si te cargas todas las ayudas a los estudios de género, si la ANECA saca de las universidades los posgrados de género y el único grado de género que existía… eso son decisiones conscientes. En el siglo XXI seguimos teniendo licenciados y licenciadas en Ciencias Políticas que no saben quién fue Clara Campoamor. Seguimos manteniendo mentiras, como que Clara Campoamor consiguió el voto para las mujeres. No, Clara Campoamor consiguió el sufragio universal. ¿Cómo estamos construyendo nuestro imaginario? Pues con grandes mentiras, y eso sí es una decisión consciente, es crear el tipo de sociedad que quieres. Y luego, además, hay militancia beligerante en otros grupos sociales, claro que sí. Tenemos grupos de hombres muy activos contra las mujeres, no solo en las redes sino presionando políticamente, esa corriente negacionista que es un lobby, los medios de comunicación, presionando en el Parlamento… Lo de Trump no es inconsciente, es una forma de ver el mundo y la sociedad en la que quieres estar, que puede ser justa (en la que hombres y mujeres vivamos con menos violencia y en un sistema mucho más justo y equitativo) o puedes defender una sociedad desigual en la que la mitad de la población tenga privilegios sobre la otra mitad.

“El discurso de la queja es un discurso envenenado, ahí están los datos de los que estamos cansadas”. Uno de los puntos fuertes de Cansadas es todo el aporte de datos que ofrece. ¿Te ha sido difícil conseguirlos?
Es otro rasgo de la nueva misoginia. Todavía no tenemos los datos que necesitamos. Hay mucha resistencia a desagregarlos, a que sean distinguidos por sexo. Es una muestra más de machismo, de misoginia, porque en una época en la que podemos saber la huella de ozono que dejamos cada una de nosotras, es insólito que no podamos tener datos desagregados. Es una voluntad activa de no conocimiento. No hay ningún motivo para que no se estudien todos los fenómenos ni para todos los datos que manejamos no estén desagregados.

¿Cuál es el objetivo de tu libro?
Es una aportación más, de las que espero que haya miles, porque yo creo profundamente que ya está bien. Estoy harta y creo que como yo hay millones de mujeres en el mundo. El libro es un gesto más a esa voluntad  de decir “Ya no más, hasta aquí”. Ya no tenemos más paciencia, se nos ha acabado, llevamos demasiado tiempo, demasiados siglos, demasiadas víctimas, demasiadas mujeres asesinadas, demasiada violencia sexual, demasiado abuso, demasiada estafa económica… Ya está bien. La voluntad  es la de aportar algo más, conseguir que de una vez haya una conciencia colectiva por parte de la sociedad, no solo de las mujeres, porque esto es insostenible.

En un momento dado dices que de esto depende la sostenibilidad humana.
Sí. Ahora mismo tenemos una tremenda crisis de cuidados encima de la mesa que parece que a nadie preocupa, pero eso se cae, porque mi generación ya no es cuidadora, así que no quiero pensar cuando mi generación sea abuela.

“En ocasiones he llegado a pensar que, como diría Vito Corleone, Son solo negocios, no hay nada personal en esta guerra contra las mujeres”, dices en el libro. Háblanos de esto.
Hay veces en que te das cuenta de que los misóginos y los machistas defienden sus posturas apasionadamente, con una vehemencia y una violencia llamativas. Y te das cuenta de que, en realidad, no solo están defendiendo su ego, sus privilegios, ciertas costumbres sociales, una forma de familia, una estructura social, también están defendiendo sus intereses económicos. Cuando lo estudias, lo que te salta a la vista es la enorme riqueza económica que esconde el sistema patriarcal. Esos privilegios masculinos además de alimentar el ego y hacer la vida más fácil a los varones, les dan muchos recursos económicos a nuestra costa.

A pesar de todo, ¿no vivimos hoy uno de los momentos más visibles del feminismo, especialmente en la literatura?
Con todas las dificultades del mundo, ha habido un gran esfuerzo de formación en el feminismo y se nota. A pesar de todas las brechas generacionales que existen, también existe una conciencia de que juntas somos mejores, de que no podemos estar siempre empezando, de que cada generación no puede ser huérfana, a pesar de que es lógico que cada generación sea hija de su tiempo y tenga sus propias herramientas y sus propias prioridades. Eso tiene que estar en diálogo e incluso en debate con generaciones anteriores. A mí me gusta mucho la idea de que unas encima de los hombros de otras somos muy altas y no podemos dejar que eso se pierda. Eso está fructificando en algo. Yo estoy feliz, llevo diciéndolo toda mi vida: hay que escribir, porque si no dejamos constancia de lo que pensamos, de lo que hacemos, de nuestra historia, nadie lo va a hacer. Y escuchamos a un montón de intelectuales, gente supuestamente muy culta, que te dicen que las cosas que pasaron en el siglo XIX eran lógicas porque era lo normal, pero no es cierto. En el siglo XVIII y XIX había un montón de mujeres pensando, produciendo, debatiendo, ofreciendo alternativas políticas, pero no tenían visibilidad. Ahora sí que han aparecido o están apareciendo muchos más libros, muchas más propuestas. Hemos tirado algunos diques en las editoriales. Antes era mucho más complicado. Es fruto de nuestra época, se han democratizado un poco los medios de comunicación, las redes, que tienen la cara amarga pero también positiva: a través de ellas el pensamiento feminista está llegando con más voces, más variadas y con más potencia. No recuerdo quién lo dijo, pero estoy completamente de acuerdo: “El feminismo es el movimiento social y político más ávido de conocimiento”; y es verdad. En las clases veo que las alumnas quieren argumentos frente a toda la violencia verbal que reciben, quieren estar sólidamente formadas porque saben que se van a enfrentar a ello. El feminismo es la única revolución que nunca ha utilizado la violencia, ha utilizado todo lo contrario, la razón, la argumentación, la justicia.

En el libro citas a Falaudi: “Cuando el feminismo pasa por horas bajas, las mujeres asumen individualmente el papel de oponentes a la cultura masculina: luchan en forma privada, y muy a menudo encubierta, para afirmarse contra la marea cultural dominante”. ¿Qué opinas de esa lucha individual?
Tiene un coste muy alto. Estamos hartas de heroínas. Trabajamos para que las mujeres sean libres, tengan derechos y estén libres de violencia. Estoy cansada de ver cómo se les quiebra la vida o directamente se las asesina. Tenemos ya la experiencia política, la historia y la inteligencia como para no hacerlo así. Insisto, es mejor hacerlo juntas.

Dicen que el feminismo es la batalla que vamos a ver ganar. ¿Tú eres optimista?
Creo que ya hemos triunfado. Solo nos costó 80 años conseguir el voto, por ejemplo, y allí estuvimos, tres generaciones de mujeres hasta conseguirlo. Es un movimiento exitoso, otra cosa es que la velocidad de crucero no es la que nos gustaría, o en qué lugar del mundo pones el foco, porque las situaciones son muy distintas y otra cosa, también, es el objetivo final. El del feminismo es destruir el patriarcado, hacerlo desaparecer, y no creo que esté cerca. Pero el proceso está siendo exitoso. No es lineal, tiene sus retrocesos y sus épocas oscuras y ahora mismo estamos en una de ellas. Lo más importante es que hay un rebrote muy potente de la violencia, que es lo más oscuro del patriarcado: cuando se ve acosado y acorralado, no tiene ningún problema en atacar y utilizar la violencia. En esas estamos. Hay quienes defienden que estamos en esa época precisamente porque el patriarcado tiene miedo, que es fruto del éxito. Puede ser.

Decía Hélène Cixous que “La mayoría de las mujeres que han despertado recuerdan haber dormido, recuerdan haber sido dormidas”. ¿Cómo fue tu despertar?
Soy hija de la cuenca minera asturiana en una época muy convulsa, lo que quiere decir que la conciencia social y de clase me viene de serie, no puedes nacer allí en esa época y ser ajena, es casi imposible. No tengo claro un momento en el que apareciese para mí la conciencia feminista, creo que estaba ahí a poco que miraras a tu alrededor. Sí tengo claro, en cambio, cuándo le puse nombre, cuándo la identifiqué. Estaba en Madrid, estudiando Periodismo, debía de tener dieciocho o diecinueve años, y recuerdo una conferencia en la que una mujer tunecina hablaba con fuerza y energía. Pensé inmediatamente: “No sé lo que es esta mujer, pero lo que es ella lo soy yo”. Me identifiqué completamente con su discurso y le puse nombre, pero la verdad es que no me recuerdo no siendo feminista.

Háblanos de tu editorial Hotel Papel, a través de cuyo catálogo tratas de romper con los estereotipos de género.
Es sobre todo una editorial infantil, aunque cuando estas editando no dejas de enamorarte de otros libros y publicas cosas también para el público adulto. Pero, básicamente, es una editorial infantil que se define con claridad: son libros para crecer en igualdad, son libros sin guerreros ni princesas. Eso es Hotel Papel. Publicamos literatura infantil muy cuidada, absolutamente alejada de estereotipos y con unas ilustraciones bellísimas. Creemos que la educación y la cultura son fundamentales. La igualdad se aprende y la desigualdad también. Si educamos en igualdad, creceremos en igualdad y tendremos una sociedad justa. Si no, seguiremos generando violencia y desigualdad.


Nuria Varela

Periodista, escritora y experta en violencia de género y políticas de igualdad.

Cansadas

Cansadas
Autor: Nuria Varela
Editorial: Ediciones B
Páginas: 224
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Sobre el autor

Azahara Alonso (Hotel Kafka)

Azahara Alonso (Hotel Kafka)

Nació en Oviedo, es licenciada en Filosofía y máster en Escritura Creativa. Autora del libro de aforismos Bajas presiones (Trea, 2016), trabaja como coordinadora de la escuela de literatura Hotel Kafka y de la web Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Escribe crítica literaria para distintos medios nacionales e imparte clases de escritura creativa y poesía.

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