Entrevistas

Entrevistamos a Stephanie Danler

Dulceagrio es su primera novela, una obra de autodescubrimiento que narra el paso hacia la vida adulta.

La editorial Malpaso edita la primera novela de Stephanie Danler, Dulceagrio, que narra el paso hacia la vida adulta de Tess. Enmarcada en Nueva York en el año 2006, esta novela ofrece una visión femenina de la vida en un restaurante, alejada de la agresividad que se suele asociar al mundo de la alta cocina. Danler usa una prosa lírica para ofrecernos una obra muy sensorial que, desde la descripción del desarrollo del paladar, describe el primer año de la joven en la gran ciudad. La obra sorprende por su lírica y su reflejo del mundo culinario, aderezado con referencias literarias que sorprenderán al lector.
Cuando entrevistamos a la autora tuvimos la oportunidad de  hablar sobre su proceso creativo, la literatura, la fortaleza de sus personajes femeninos y, cómo no, sobre comida.

 

Patricia Martín: Esta es tu primera novela y en 2016 tuvo una gran acogida en los Estados Unidos, ¿lo esperabas?
Stephanie Danler: No, nunca.

P. M.: ¿Y cómo te estás tomando este éxito por sorpresa, te estás adaptando?
S. D.: Escribí Dulceagrio visualizándolo como un libro muy extraño, femenino, así que nunca pensé que tendría atractivo para un público tan amplio. No solo por la femineidad, sino por la naturaleza de la prosa. Las frases son complicadas y líricas, y muy a menudo el público lee libros y solo quiere que desaparezcan las frases, porque leen por la trama para llegar a la siguiente página. Yo no leo así, de modo que nunca escribiría de esta manera. Que encontrase un público amplio fue sorprendente. De algún modo es un poco triste porque la gente me preguntaba «¿Cómo lo celebraste cuando entró en la lista de los más vendidos?». De ninguna manera. Si comienzas a invertir en las cosas buenas también tienes que invertir en las malas. Nunca he leído una reseña. Era un mecanismo de defensa porque realmente da miedo que de pronto te presten tanta atención. Comenzó como algo instintivo y ahora creo en ello de verdad. Aunque me parece que tienes que mantenerte alejado de lo que pasa en internet o en el mundo editorial. Con este libro son cosas buenas, pero quizás con el próximo no lo sean. Mi trabajo es hablar contigo, hablar con mis lectores y sobre todo escribir.

P. M.: La novela surge de un relato. ¿Te consideras una escritora de mapa (con todas las ideas definidas antes de comenzar a escribir) o de brújula (sabes la dirección pero dejas que los personajes sigan su propio camino)?
S. D.: De brújula, y es muy ineficiente. El relato tenía las mismas frases al inicio y al final, pero tenía un poco de «primavera» y un poco de «invierno», había personajes que nunca llegaron a la novela, tenía la escena de las ostras casi idéntica, tenía una escena en Williamsburg… era como si tuviera distintos puntos del mapa y no tenía ni idea de cómo acabarían conectados. Había mucha que me dijo que esto nunca podría ser una novela porque los puntos estaban demasiado separados. Por supuesto esto fue al principio, las escenas tenían la voz de Simone, tenían una visión de Jake, tenía el coro (que son los fragmentos) y una vez escribí la última frase supe dónde terminaría. Supe que habría un ascenso y una caída y entonces escribí un documento enorme sin ningún tipo de orden. Por supuesto la labor de editarlo después fue una pesadilla, revisas doscientas páginas y piensas “¿Por qué? ¿Por qué no hice un guion?”.

P. M.: Se puede decir entonces que dejas que tus personajes crezcan. En el caso de Tess en particular ¿te sorprendió en algún momento el camino que estaba tomando?
S. D.: Sí, y fue la última en aparecer. En el borrador inicial era solo un filtro, no iba a tener nombre, solo iba a ser la chica nueva: era un par de ojos, una página en blanco que empapaba todo lo que sucedía a su alrededor. Y en algún momento me di cuenta de que ella era el corazón de la novela. Quería escribir el libro para contar historias de mujeres y hablar de la llegada a la madurez femenina. Pero si no le daba una voz y un nombre esto se perdería. Me sorprendieron algunas partes del final que fueron duras de escribir.

P. M.: Sí, estaba pensando en esos fragmentos del final (que no contaremos) que muestran una evolución muy lógica del personaje según las decisiones que toma.
S. D.: Eso fue en los borradores finales, cuando me di cuenta de que había estado preparando el camino para esas escenas sin darme cuenta, pero que están ahí desde el inicio del libro. Lo que realmente no sabía es que tocaría fondo.

P. M.: Has hablado de las voces del coro, que puede ser una estrategia arriesgada para incluir en el libro. ¿Cuál piensas que es la respuesta de los lectores?
S. D.: Creo que o te encanta o lo odias. Hay una multiplicidad de voces en el libro: la segunda persona que abre cada sección, el «yo» y el coro, que es un «nosotros». Sabía que tenía que haber muchas voces, un tipo collage, porque es un reflejo del restaurante. La forma la dicta el contenido, no están separados. No es que quisiera escribir viñetas y fragmentos, es que eso es lo que realmente se siente al trabajar en un restaurante: escuchas fragmentos de conversaciones de cada esquina del restaurante que no te permiten terminar tus propios pensamientos, estás en un continuo movimiento con algunas frases que se elevan sobre la superficie… Eso es lo que se siente, así que el coro es fundamental.

P. M.: Has mencionado la segunda persona, ese «tú» menos frecuente de encontrar en las novelas. En este caso encaja perfectamente. ¿Es la voz de Tess de mayor?
S. D.: Sí. Al principio pensé que sería la voz del destino, como alguien que la mira crecer y dice «Se te formará un paladar». El lenguaje es parecido al que usa Simone, que fue intencionado, tiene autoridad y poesía. Pero Tess no habla así.

P. M.: Aún.
S. D.: Exacto, aún. Al final evoluciona y me di cuenta de que es ella hablándose a sí misma. El «tú» es una forma muy personal de primera persona, es la que usamos en el espejo o para reñirnos: «Pero cómo has hecho esa tontería» o «Mírate, estás borracha»… Es el pronombre que usamos en momentos íntimos con nosotros mismos. Así se convierte en Tess.

P. M.: Y es una voz en segunda persona mucho más fuerte. Tus personajes femeninos son muy complejos y con una voz poderosa: Simone lo es, Tess está en camino de serlo… En contraposición a tus personajes masculinos, como Jake, que son planos y muestran estereotipos.
S. D.: Es complicado, porque cuando hablas de que has escrito un libro femenino en cierta manera estás alejando al público masculino, que normalmente no lee libros «femeninos», pero que sí lee libros sobre restaurantes. Era muy consciente de que todo tenía que estar relacionado con esta visión sensual y física que se suele tener del mundo asociado a las mujeres. Hay una visión de los restaurantes como algo muy masculino y agresivo, rebelde, lleno de testosterona, que podemos ver en las estrellas de la televisión y en la cultura de los chefs. Esto me gusta, y es real, pero quería mostrar otra cara… el vino, la dulzura, los pequeños detalles, como sacar brillo a una copa o doblar servilletas, cosas que son tranquilas. Me preguntaba si era lo suficientemente atractivo como para poder escribir una novela sobre ello. Y los es. Es verdad que los personajes masculinos son planos. Recuerdo pensar en El Gran Gatsby y en Daisy Buchanan, que es un personaje muy plano, es un estereotipo de un momento cultural. Y siempre pienso en Jake como el estereotipo del barman que te puedes encontrar en Nueva York en todos los sitios, y que si te acercas te aniquilará a nivel emocional. Tess tiene la esperanza de cambiarlo, de que si lo arregla ya no volverán a sentirse solos. Las mujeres a veces proyectan su dolor e intentan arreglar algo sin antes haberse cuidado a sí mismas… Puede ser muy peligroso estar con alguien que toma y toma sin nunca dar nada a cambio.

P. M.: Sobre la fuerza de Tess, en un momento antes de tocar fondo dice «No tengo que elegir entre mi aspecto y otra cosa. Voy a tenerlo todo».
S. D.: También es muy joven. Una parte de envejecer es darte cuenta de que no todo es posible, y aceptarlo. No quería que ella fuera más lista que alguien de veintidós años que aún piensa que lo puede tener todo, que ella no tendría que transigir, porque parte de hacerse mayor es darse cuenta de que tienes que llegar a ceder, a tomar decisiones aburridas y aceptar las consecuencias. No es divertido o glamuroso. Ella aún no ha llegado a ese punto, pero se acerca.

P. M.: Parece complicado para una escritora escribir en primera persona sobre un personaje femenino que en la época de la novela podría tener tu edad, con el que compartes experiencias de trabajo como camarera. ¿Sientes a menudo que la gente asume que esa narradora en primera persona eres tú, lo tienes que aclarar todo el rato
S. D.: Sí, ¡todos los días! Para mí es sencillo diferenciarlo. Yo pasé casi toda mi veintena con mi ex marido, no era tan imprudente como ella, no conocí a alguien como Jake hasta que fui bastante más mayor. Yo quería ser escritora, me mudé a Nueva York para eso, era más ambiciosa y escribía todo el tiempo. Para mí es muy sencillo separarme de ella. Pero estoy muy orgullosa de ese personaje, es muy valiente, optimista, hace muchas cosas estúpidas, algunas que hacen que me encoja, pero no hay nada de ella de lo que me avergüence. También sé que cada experiencia que aparece en el libro es auténtica. El libro es ficción, la trama es inventada y los personajes están compuestos de cada persona que he conocido. Pero todo lo que aparece en el libro ha sucedido en algún momento, a mí o a alguien. No me preocupa, la gente pensará el resto de mi vida que soy Tess, pero no es lo peor, hay perores personajes con los que ser comparada.

P. M.: En esta novela hay vino, comida, drogas, sexo… pero también mucha literatura. ¿Qué libros son las influencias que reflejas en la novela?
S. D.: Es una gran pregunta. Algunos son: The Gastronomical me, de M. F. K. Fisher. hay muchas referencias a La pasión de G. H., de Clarice Lispector; a The Wild Iris, de Louise Gluck; a las Cartas de John Keats; Lancha rápida, de Renata Adler; Noches insomnes, de Elizabeth Hardwick; Goodbye to all that, de Joan Didion… Creo que casi todo el tiempo los escritores juegan con sus autores, les hablan, discuten con ellos en sus novelas… Hay mucho Freud (estuve una época obsesionada con él), hay mucho Nietzsche. He visto a Jorie Graham, que es una poeta americana laureada y es increíble, la vi hablar y tiene un control absoluto de la poesía. Es una de esas profesoras que puede citar de memoria a Homero, a Virginia Woolf, la Biblia, Carl Jung… y pensé que era Simone, porque ella siempre parte de lo que ha leído. Hay muchas referencias a Emily Dickinson. Es una manera de esconder mis obsesiones en lo que la gente piensa que es un libro sobre un restaurante.

P. M.: Es como si las referencias a la literatura ganasen importancia a medida que la novela avanza.
S. D.: Sí, y también Tierra Baldía de T. S. Eliot. Para la «primavera» Tess ve el mundo de esa manera, donde todo son símbolos y referencias ocultas en un nuevo lenguaje. Pero al principio no tiene esta habilidad aún, solo ve. Pero esto es para ti, el 99% de la gente no lo ve. Mi mejor amiga es lectora y le encanta hacer eso: «¿Eso es una referencia a este poema de Frank Ohara?», y yo le contesto «¡Buen trabajo!».

P. M.: Tenemos que tener en cuenta además que nosotros tenemos aquí el libro traducido, y la traductora María Luz García de la Hoz hace un trabajo estupendo que consigue que captemos toda esta poesía y las referencias literarias. Sé que hablas algo de español, ¿has leído el libro traducido?
S. D.: Sí, eso he oído, voy a intentar leerlo en español, despacio y en voz alta. No he hablado con ella, pero cuando firmo con una editorial lo hago por la calidad de tu trabajo, y cuando me decidí por Malpaso lo hice porque sé que tienen los mejores traductores y hacen libros preciosos. Estoy muy emocionada, me pasa por ejemplo cuando leo a Clarice Lispector, porque pienso que tiene que ser tan difícil capturar todo lo que transmite y sé que nunca la podré leer en brasileño, y siempre hay un espacio entre el original y la traducción que es otra propia obra de arte.

P. M.: Llevas unos días en España y ya has estado más veces. Se podría decir que parte del atractivo del libro para un lector estadounidense es cómo reflejas el Nueva York de 2006. ¿Cuál crees que sería el atractivo para un lector español, que puede que no comprenda las referencias neoyorkinas?
S. D.: Estoy encantada con España. Como en cualquier sitio cuando llegas del «campo» e intentas vivir en una gran ciudad, con el transporte público, ir a conciertos, quedarte hasta la madrugada, comer lo que quieras a la hora que quieras… cuando tienes la libertad y el anonimato que una gran ciudad te ofrece, sea París, Londres, Madrid o Tokio, la experiencia es igual por todo el mundo. Por eso la gente joven acude a las grandes ciudades, por las sensaciones, para conseguir una educación sentimental. Pero pienso que la comida y el vino son el atractivo, y también el aspecto de la crisis existencial… Por lo que conozco de los españoles, están listos para hablar de esto. Hay un párrafo entero dedicado al vino de Jerez, me encanta, pero no consigo que allí triunfe. En 2008 incluso hice unas camisetas que decían «Salva el Jerez», de verdad. Así que espero que esto suponga un buen atractivo para el público.

P. M.: Y ahora, ¿qué planes tienes? ¿Ya estás pensando en tu próxima novela?
S. D.: Ya estoy trabajando en la próxima. En cuanto vuelva tengo que hacer una serie de presentaciones del libro en formato bolsillo, que terminaré en mayo. Entonces dedicaré el resto del año al libro nuevo.

P. M.: Para terminar, como curiosidad, si alguien quisiera organizar una cena contigo, ¿qué comida, qué vino y de qué obra literaria hablaríamos para que fuera perfecta?
S. D.: Hablaría de la poesía de Frank Ohara, en el Oyster Bar de Grand Central en Nueva York, con una docena de ostras y una copa enorme de Chablis.


Stephanie Danler

Stephanie Danler vive en Brooklyn. Tiene un máster en escritura creativa por la New School, que logró después de trabajar como camarera en Manhattan durante siete años. Dulceagrio es su primera novela y el resultado de ambas experiencias.

Dulceagrio

Dulceagrio
Autor: Stephanie Danler
Editorial: Malpaso
Páginas: 368
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Sobre el autor

Patricia Martín Matas

Patricia Martín Matas

Patricia Martín Matas es reseñista en Ámbito cultural desde 2012, después de terminar el Máster en Escritura Creativa Hotel Kafka. Ha publicado participado en las antologías Relatos de Mujeres 7 (Torremozas) y en Servicio de habitaciones (120Pies). También ha ganado dos premios de poesía del Certamen Literario Memorial Florencio Segura (segundo premio en 2013 y primero en 2014).

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