Críticas

“Esperanza en la oscuridad”, de Rebecca Solnit.

Leticia Garcia
Escrito por Leticia Garcia

¿Por qué tener esperanza? No es extraño que uno asuma una única versión, como mínimo apocalíptica, sobre el presente y el devenir de ciertas cuestiones: el calentamiento global, la extinción de las especies animales y la crueldad humana son la causa perdida de muchos telediarios. Y por ello parece que nos aguarda un final bastante infeliz. «Creo en el bosque, en la pradera y en la noche en la que crece el maíz», dice Thoreau. Virginia Woolf, por su parte, añade: «El futuro es oscuro, que es, en general, lo mejor que el futuro puede ser, creo». Rebecca Solnit se apoya en estas dos ideas como pilares de la esperanza, esa poderosa emoción que crece en la certeza de un futuro oscuro. Esto es, en la certeza de uno inconcluso e impredecible y, por tanto, en fase de creación y concreción. Rebecca Solnit proporciona numerosas razones para mantenerse despiertos en Esperanza en la oscuridad, ensayo que la autora escribió en 2003 y que edita ahora en español Capitán Swing.

A lo largo del libro, la periodista y activista Rebecca Solnit enarbola y repasa las no siempre conocidas victorias del poder civil. Como dice el teólogo Walter Brueggemann: «La memoria produce esperanza de la misma manera que la amnesia produce desesperación». Y por eso, para que recordemos, Solnit nos señala que «no somos quienes éramos hace no tanto tiempo», que cualquier transformación social debe ocurrir primero en la imaginación colectiva. Los cambios nunca llegan por generación espontánea, de forma predecible o «como propios del sentido común, olvidar la verdadera historia supone olvidar el poder civil de muchos grupos (en su momento considerados marginales y demonizados por la opinión pública) como los anti apartheid, las sufragistas…».  Colectivos que conquistaron su libertad y papel en el discurso social por el esfuerzo librado desde pequeños núcleos de resistencia.

«La esperanza debería empujarte a salir de casa», dice Solnit, y a lo largo de su bien documentado ensayo lo demuestra; estudia las consecuencias de aquellos actos que se percibieron como «fracasos». Aunque, a menudo, la palabra fracaso se radicalice y llegue a denominar la ausencia de una victoria inmediata y total: ¿qué ocurrió tras la movilización por la congelación de programas de armamento nuclear en el Nueva York  de 1982? ¿Tuvo repercusiones aquella integrante de ‘Las mujeres en huelga por la paz’ que protestaba casi en soledad frente a la Casa Blanca de Kennedy por el cese de pruebas nucleares? ¿Qué sostuvo durante su encierro a Václav Havel, dramaturgo encarcelado en la Checoslovaquia de la URSS? ¿Qué evitó el movimiento pacífico que estalló en 2003 en todos los continentes y en oposición a la guerra de Irak, guerra que por otra parte no se pudo impedir? A través de sus preguntas y respuestas, Rebecca Solnit extrae conclusiones esperanzadoras, argumenta verdades muchas veces olvidadas: «Las historias que transforman el mundo proceden de lugares que nos han enseñado a ignorar o que nos han dictaminado a no ver, y es aquí donde la cultura tiene el poder de dar forma a la política y donde la gente corriente tiene el poder de cambiar el mundo».

Rebecca Solnit también recala en los triunfos indiscutibles. Algunos muy difundidos y otros apenas conocidos: la India de Gandhi o el sur estadounidense de King, los estudiantes que en Belgrado derrocaron a Milošević, las manifestaciones que en México desautorizaron la privatización de las pensiones y la energía, los puertorriqueños que expulsaron de Vieques a la marina de Estados Unidos, los doce activistas que se reunieron  en un taller de Londres para abordar la futura, pero improbable, abolición de la esclavitud en Gran Bretaña, y de cuya reunión nació un movimiento que cambió la vida de muchos: «En aquellas cinco décadas el sentimiento antiesclavista pasó de ser radical a conformar el status quo». Esta lista de logros que derivó de reacciones pacíficas y populares conforma «un recordatorio del poder social para construir el mundo» y de que «siempre es demasiado pronto para volver a casa».

Esperanza en la oscuridad también analiza cómo se organiza y vive la revolución social actualmente, cómo explicamos los movimientos activistas hoy. Rebecca Solnit apuesta por el anti ideologismo como su denominador común; destaca una aparente anarquía en la ola de movimientos globales que los enriquece de diversos y novedosos matices: «Estas otras versiones del significado de revolución sugieren que el objetivo no es tanto tratar de crear el mundo como vivir en el tiempo de creación». Otro rasgo es que, a día de hoy, el activismo se ha tornado análogo al jazz en su constante creación y en las sorprendentes coaliciones de sujetos y grupos antagonistas que favorecen. Un activismo que ha evolucionado en «un proceso creativo, colaborativo y dado a la improvisación, que es profundamente contrario a la ideología […] Cornel West tuvo la idea del combatiente por la libertad en el jazz y definió el jazz no tanto como un término para una forma de arte musical, si no para un modo de estar en el mundo, un mundo improvisado de disposición flexible, fluida y proteica hacia la realidad que desconfía de los puntos de vista de o lo uno o lo otro». Esta forma de revolución no parece disímil de esa gran parte de la sociedad que cierra los ojos en una sonrisa y taconea en un bar, cuyo corazón deja de lado el compás habitual, se acomoda naturalmente al piano de Duke Ellington mezclado con cualquier hito de la música electrónica: esas sorprendentes coaliciones antagonistas. Rebecca Solnit observa movimientos que no siguen doctrinas y se alejan de las dicotomías que pretenden encorsetar y dividir al mundo en tan solo dos polos (el desarrollado y el subdesarrollado, el capitalismo y el comunismo, los buenos y los malos).

Del momento actual la autora destaca en particular la tendencia a proteger y consolidar lo pequeño frente a lo grande. La activista y famosa escritora india Arundhati Roy, lo ratifica cuando escribe del «desmantelamiento de lo Grande: las grandes bombas, las grandes presas, las grandes ideologías, […] los grandes héroes. Quizá este sea el Siglo de lo pequeño». Pequeño como cada uno de los que protestan, sus réplicas a aquello que les parece inhumano, a lo que no quieren conformarse: la ola de pacifismo ante la guerra de Irak, Seattle 1999, la protección de los pequeños agricultores, la Comisión para la verdad y reconciliación de Sudáfrica, los movimientos Via Campesina , Reclaim the streets, Occupy Wall Street, Dreamers, Slow Food, American Indian Movement, Back Lives Matter, la cultura tecno-rave, el ciberpunk, el hip-hop, el altermundismo o el biorregionalismo. Todos ellos reafirman aquello que Rebecca Solnit no quiere que se olvide: «El propósito del activismo y del arte es construir un mundo en el que las personas sean productoras de significado, no consumidoras».


Esperanza en la oscuridad

Esperanza en la oscuridad
Autor: Rebecca Solnit.
Editorial: Capitán Swing
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Sobre el autor

Leticia Garcia

Leticia Garcia

Leticia García (Madrid, 1987) se licenció en Ciencias Físicas pero su curiosidad aún no se siente satisfecha y quizá por eso perdura su amor por la literatura.

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