Críticas

“Frida”, de Benjamin Lacombe y Sébastien Perez.

Cristina Fernández

Hablaba Wisława Szymborska en una de sus reseñas de la dificultad que entrañaba expresar con palabras la obra de Vermeer. Que mucho más apropiado sería hacerlo a través de un cuarteto musical compuesto por dos violines, un fagot y un arpa. En mi caso, que debo afrontar la obra de Frida, la propuesta no me resultó tan sencilla. Lo primero que vino a mi mente fue sin duda la guitarra, la vihuela y, por supuesto, la trompeta mexicana de aquel primer mariachi anterior al estereotipo. Ahí está, puro México, como lo fue y seguirá siendo Frida Kahlo. Después una piensa en Unos pocos piquetitos, El ciervo herido, en el accidente y las infidelidades por parte de Diego… y es entonces la ranchera, apasionada y desgarrada, la que resuena en la lejanía. ¿Pero dejar atrás el son jaracho y ese fandango Cielito mío que tanto le gustaba a la Friducha no sería casi un pecado? Ahí descansan sus vestidos de tehuana y sus flores en el pelo; la forma de hablar directa y grosera, sus amantes. Ahí está ese “¡Viva la vida!” carnoso y tropical.

México encierra en sus músicas, en su historia y en sus gentes una cosmogonía propia. Es único y al mismo tiempo es muchos: el blanco español, el indígena americano, incluso el negro cimarrón. Y es quizá por eso tampoco es fácil aproximarse a Frida con un único ritmo ni una sola visión. Ni tan si quiera con un buen puñado de palabras Su personaje resulta repleto de aristas, reflejos y contradicciones.

Frida (Edelvives, 2017), de Benjamin Lacombe, comparte esta visión caleidoscópica de la pintora. Bajo el trazo característico del ilustrador francés encontramos recreados Las dos Fridas, Mi nana y yo o el citado Ciervo herido, entre otros. La artista mexicana ha pasado a formar parte de la colección de mujeres de enormes ojos y mirada perturbadora del universo Lacombe, siguiendo la estela de sus últimos trabajos, en los que recrea la vida de fuertes personajes femeninos, como antes lo hiciera con Madame Butterfly o María Antonieta.  Pero esta vez el juego visual que propone el ilustrador va más allá. A través de la técnica del troquelado, ofrece al lector esa idea de multiplicidad que envuelve el mito de Frida. Interesado en la vida de la pintora mexicana tanto como en su obra, Lacombe ha querido fusionar en este libro esa misma ambivalencia, vida y arte, como lo hiciera la propia Frida en su obra. Sirviéndose del dècoupage ha compuesto un álbum donde las ilustraciones cambian al antojo del lector. Cada pasar de página implica un acto. Pone en funcionamiento esta especie de teatro en el que Frida queda permanentemente en escena.

Frida Kahlo construyó en parte su biografía y leyenda a través de los más de 200 cuadros que dejó pintados a lo largo de su –no tan larga– vida. Recorrer sus pinturas es mirar en lo más profundo de su interior y conocer de cerca su dolor, su amor y sus pensamientos. Y por ello, resulta imposible abordar la trayectoria y el trabajo de Kahlo sin caer una y otra vez en sus anécdotas personales. El libro de Benjamin Lacombe vuelve a darle al lector todo eso que ya conoce y algo más. El accidente, Diego Rivera, la maternidad fallida o la tierra que tanto amó son algunos de los temas que el ilustrador ha seleccionado como ejes que vertebran el libro y que dan pie a cada una de las imágenes que lo conforman.

Un libro que parece ideado para absolutos seguidores de la figura de Frida, capaces de moverse sin problema alguno ante las narraciones inconexas del álbum. Citas, fragmentos oníricos referidos a algunos de los acontecimientos que condicionaron la vida de la pintora, pero que no explican o contextualizan.

Es por tanto este un experimento visual de carácter intimista y subjetivo. Las citas de la propia Frida, pertenecientes a diarios y cartas y seleccionadas por el propio ilustrador en colaboración con el escritor Sébastien Perez, potencian este aspecto al tiempo que acompañan un trabajo gráfico que proporciona al lector varias perspectivas según avanza entre las distintas capas de las ilustraciones: la histórica, la artística y, sobre todo, la del propio Lacombe.

El álbum se cierra con una sincera explicación por parte del ilustrador del porqué de este trabajo, junto a una escueta cronología de Frida Kahlo, que ofrece un punto de apoyo al lector para poner orden a todo lo experimentado en el álbum. Por si aún existe quien se aproxime a Frida sin conocer en absoluto la vida que se esconde tras uno de los iconos más famosos del pasado siglo.


Frida

Autor: Benjamin Lacombe y Sébastien Perez
Editorial: Edelvives
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Cristina Fernández

Cristina Fernández

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