Entrevistas

“El oficio de editor”

Hace unos meses salió a la luz, tras años de espera, El oficio de editor, un libro que recoge las conversaciones mantenidas entre Jaime Salinas -hijo de Pedro Salinas y uno de los editores fundamentales del pasado siglo XX en España- y Juan Cruz, al que apenas le hace falta presentación en un panorama literario en el que, desde hace tiempo, es una de las piezas clave. Cruz vio a Salinas como un hombre extraterritorial: el exiliado, el retornado, el comprometido, el amigo, el memorialista. Todo eso se escondía tras una pátina de discreción rayante en la timidez, y todo eso es precisamente lo que Juan Cruz quiso hacer notorio: Jaime Salinas como el editor fuera de serie.
¿Cómo no querer, entonces, escuchar más de esa conversación inacabada? Así, entrevistamos para Ámbito Cultural a Juan Cruz. Nos encontramos con él en Hotel Kafka, donde le preguntamos acerca de Jaime Salinas, del mundo de la edición y su recorrido. Este es el resultado.

Azahara Alonso: ¿Qué es Jaime Salinas. El oficio de editor: un homenaje a Jaime, un manual para nuevos editores, una memoria compartida…?

Juan Cruz: Es el resultado de una curiosidad. Yo ya llevaba algunos años al frente de Alfaguara, pero confieso que sabía muy poco del mundo editorial por aquel entonces (y aún hoy sé muy poco), así que mis preguntas eran genuinas. Yo tenía curiosidad por saber cómo lo hizo, cómo convirtió en la España de entonces tres editoriales (la de Barral, la de Ortega Alianza editorial y Alfaguara), sucesivamente, en barcos cosmopolitas de la creación literaria, y del pensamiento, incluso de la ciencia, en el caso de Alianza editorial. Él convirtió las tres editoriales, sobre todo esta última, en un medio de comunicación, como una gran revista cultural y científica. Y eso es lo que es una editorial, un medio de comunicación. Le pregunté cómo lo hizo y el resultado es este libro.

A.A.: Las entrevistas que integran el libro tuvieron una vida accidentada. El material se había perdido…

J.C.: Sí, se perdió el libro en concreto, porque la editorial quebró y se quedaron dispersos los manuscritos (entonces no había CDs como ahora). Una amiga que trabajaba con Muchnick, Ángeles Fernández, leyó un post mío hablando de la existencia de ese libro, y así cayó en la cuenta de que ella lo tenía entre las cosas que se llevó. Pensaba que yo también lo tenía, pero no, solamente lo tenía ella. Y esa copia es la que salió, o sea que este libro es un milagro.
A.A.: ¿Jaime quería que se publicara este libro?

J.C.: Sí, quería. De hecho hay un epílogo en el libro, que yo no recordaba. Claro, como a mí me da mucho apuro ver los libros que yo he hecho y no los miro por dentro luego, no me di cuenta de que había un epílogo. Si lo había es que Jaime quería. Quería absolutamente.


A.A.: Mario Muchnik dice que, en este libro, el editor es el lector. ¿Crees que El oficio de editor puede interesar a mucha más gente aparte de la del gremio? ¿Cuál era la intención?

J.C.: Debería llegar, sí. Yo creo que en España, más que en América Latina, hay un enorme desconocimiento de lo que es un editor, de lo que supone para la obra de un escritor, porque la existencia de otros elementos (los agentes literarios, por ejemplo) ha distorsionado el papel del editor. Luego los escritores tomaron la costumbre de creer que ellos pueden publicar sin editores, y eso genera una enorme confusión sobre lo que son los autores y lo que son los editores. Los editores mejoran los libros, los ponen a disposición del lector de la mejor manera posible, los promueven… El autor no hace eso. Y el agente literario tampoco. No porque no sepan, sino porque no es su función. El sector del libro es un conglomerado de gremios: el distribuidor distribuye, el librero vende… y todos tienen una función muy específica. Si mezclas las funciones, distorsionas la principal de cada una de ellas.
A.A.: En relación con esto, Jaime afirmaba que hay que respetar intelectualmente al autor, es decir, no cambiar su libro. Hoy, en ocasiones, no hay mucho reparo en intervenir en los textos.

J.C.: Eso pasa sobre todo en el ámbito de los libros de encargo, que suelen ser de no ficción. Pero lamentablemente también hay encargos de ficción. Como algo está de moda, las editoriales piden más material relacionado: novela negra sueca, niños robados, novela erótica… Dicen “haz un libro de estas características”. Creo que eso distorsiona el trabajo del autor de ficción. Las editoriales tienen que tener cuidado con eso.
A.A.: ¿Dónde crees entonces que está el límite en la intervención del editor en el trabajo del autor?

J.C.: El editor debe respetarlo para mejorarlo. Avisar de los errores que pueda estar cometiendo.


A.A.: Defines a Jaime Salinas como el editor por antonomasia porque era modesto, entusiasta, discreto… ¿Son esas las características que ha de tener un editor?


J.C.:
Sí, yo creo que un editor ha de guardar siempre el secreto. El editor es una persona que sabe mucho de las dificultades de los autores y no debe hacer de ello una burla ni, por supuesto, un altavoz. Un editor debe respetar el ámbito de intimidad que tiene su relación con el autor, y eso Jaime Salinas lo respetaba absolutamente. Jaime era un maestro, igual que lo es Beatriz de Moura, igual que lo fue Francisco Porrúa. Respeto mucho la figura del editor porque me parece que es un elemento sin el cual la cultura se resentiría.


A.A.: Entonces crees que hace falta una intuición especial para este oficio…

J.C.: Sí, sin duda. Editar es la consecuencia de leer. Como dice Beatriz de Moura, “la consecuencia del gusto por leer”. Si tú no tienes ese gusto, si no tienes esa curiosidad, si no tienes el entusiasmo de leer, no servirá para nada lo que hagas.


A.A.: Y en cuanto a la disposición de ánimo, ¿es necesario cierto carácter para ser editor y no morir en el intento?

J.C.: Hace falta una enorme paciencia y un control muy fuerte de tus propios impulsos. Luego tienes que aprender una cosa que es fundamental: el escritor trabaja en soledad, tú eres el primero que sabe cómo le va, así que tienes que ser muy respetuoso, tienes que soportar sus egos y luego conducirlos.

A.A.: ¿Son tan habituales los grandes egos?

J.C.: Nadie se escapa. Y los que publican el primer libro tampoco. También ha entrado en juego el dinero, y eso los convierte en más rabiosamente competitivos. Es algo con lo que el editor tiene que tener cuidado. Pero también ha de tener cuidado con los demás, porque muchas veces
la gente se olvida de su papel.


A.A.: ¿Cómo llevaba Jaime el ser hijo del poeta Pedro Salinas?

J.C.: Pues eso fue para él un conflicto sentimental, era un padre muy preponderante que además tuvo una vida dramáticamente errática -también en lo sentimental- como consecuencia de la Guerra Civil. Él lo confrontó, no quiso hacer lo que su padre quería que hiciera, y por eso se fue a la Segunda Guerra Mundial como conductor de una ambulancia, y luego a Europa a hacer cine. Es decir, hizo todo lo que el padre no quería que hiciera. Más tarde llegó a Barcelona y le ofrecieron un trabajo en Seix Barral. Él fue el que puso orden en Seix Barral, y luego le propusieron a que viniera a Madrid a seguir en la edición.


A.A.: Tú qué has estado en todos los campos de la literatura, ¿crees que existe esa tensión negativa entre autor y editor de la que a veces se ha oído comentar?

J.C.: Hombre, depende. Si esa tensión es negativa, alguno de los dos falla, porque esa relación está hecha para beneficio mutuo. El editor necesita la obra del autor para mejorar su sello, para mejorar su catálogo, y el autor necesita al editor para mejorar su obra, de modo que todo es positivo, o tendría que serlo.


A.A.: Jaime y tú, como muchos otros, también habéis escrito libros. ¿Cómo es el desplazamiento de editor a autor?


J.C.:
Carlos Barral, por ejemplo, no publicó prácticamente nunca en su propia editorial. Yo tampoco. Otros sí, otros lo hacen, pero yo creo que un editor es una persona que da toda su energía al libro ajeno haciéndolo propio. Un editor es el que firma los libros ajenos.


A.A.: ¿Qué opinas de la autoedición?


J.C.:
Me parece un ideal tramposo, porque un editor no es a la vez muchas cosas. Por ejemplo, no es un autor. Pero un autor tampoco es un editor, ni un librero, ni un distribuidor. Por muy tecnificado que esté el sector, un autor necesita elementos que lo completen, no es él quien se completa.


A.A.: ¿Y acerca de la formación académica de editor, que antes era sencillamente un oficio transmitido en la práctica?

J.C.: Me parece bien, porque la gente tiene que aprender. Igual que la gente viene a Hotel Kafka a mejorar su escritura. Todo el mundo aprendió de alguien. He estado dando clase en un máster de la Pompeu Fabra, y una chica muy joven me preguntó cómo promover un libro. Yo le conté mi experiencia. Seguramente a ella no le importa mucho lo que le dije, pero el día en que tenga que promover un libro se acordará de algo, y para eso es la universidad, para conocer a la gente que tiene que contarte esas cosas.


A.A.: Alfaguara ha cumplido 50 años en este 2014, y también hemos sabido que ha sido absorbida por Penguin Random House Mondadori. ¿Cómo interpretas esto? ¿Qué opinión te merecen los grandes grupos y las pequeñas editoriales que no paran de emerger?

J.C.: Hace años Peter Mayer decía que en esta época en la que estamos ahora empezarían a proliferar pequeñas editoriales. Yo creo que lo que se han producido son huecos por donde vienen otras. Los grandes grupos están distraídos haciendo que el negocio no se les vaya al garete, por eso se fusionan. Pero mientras tanto hay pequeñas editoriales haciendo cantera de nuevos autores. A las escuelas literarias les viene muy bien esto.
A.A.: ¿Y por qué las grandes editoriales no apuestan por autores noveles?

J.C.: Apuestan de vez en cuando, pero no tanto como debieran, porque tienen capacidad para hacerlo. Hoy se está viviendo, como decía Beatriz de Moura, una gran crisis de lectura, no por la crisis económica, sino porque la lectura compite con el ocio. Antes la lectura no competía con el ocio, formaba parte de lo que tenías que hacer, y ahora el tiempo libre se usa para el ocio. La literatura formaba parte de lo que teníamos que hacer cuando teníamos tiempo libre. Ahora estamos con las maquinitas. Y el pirateo de música, pirateo de cine, pirateo de libros…
A.A.: Ahora estás preparando un libro en la misma línea que este con Beatriz de Moura. ¿Tienes la intención de que esto sea una serie?

J.C.: Bueno, si se tercia… Lo de Beatriz es que yo me empeñé, me empeñé y me empeñé, y ella finalmente dijo que sí, pero todavía está un poco en el aire, es decir, depende de ella. Es una intuición, yo no sabía que ella se iba a retirar. Me parece insólito que una mujer sola en una mesa camilla un día se diga: “Yo quiero hacer una editorial así, con un catálogo así”. Y así lo hizo, por eso me interesa tanto.


A.A.: ¿A quién más querrías homenajear?

J.C.: A Porrúa. Pero ya no se puede, está muy mayor. Fue editor de Cortázar y García Márquez. Me gustaría hacerlo con Carmen Balcells también, pero no creo que se deje.

 

A.A.: ¿Hay generaciones de editores así como de autores?

J.C.: Claro, hoy está la de Juan Cerezo por ejemplo, o Pilar Reyes, o Palmira Márquez, o Miguel Aguilar, que es la misma que la de Manuel Fernández-Cuesta, que ya no está entre nosotros. Las generaciones editoriales no son como las de periodistas, son mucho más amplias. Un editor dura más que un futbolista, es decir, hay un montón de gente. Está Juan Casamayor, Enrique Redel, Vallcorba, hay tantos… Están los chicos de Nórdica y Capitán Swing. Soy optimista con el futuro editorial.


A.A.: Hay quien se queja de que después de toda una vida dedicada a la edición, no llega a fin de mes.

J.C.: En España hemos tomado la costumbre de dar solo noticias malas del sector. Parece que si la Feria del Libro de Madrid hace un 8% más de ventas no importa tanto para los periódicos como si hay un tanto por ciento menos. Esto es así.


A.A.: Jaime Salinas hizo llegar la literatura europea a los lectores españoles, ¿tal vez sea ese su gran hito como editor?

J.C.:
Él consiguió a Günter Grass, Otto Strauss, Peter Handke, Homo Faber, Max Frisch, Thomas Bernhard…
Autores hoy fundamentales en la literatura europea. Salinas acercaba la gran literatura, fue el editor europeo de España.


A.A.: ¿Crees que ha habido algún editor que le igualara?

J.C.: En Alfaguara, no. Pero hay muy buenos editores, por ejemplo Beatriz de Moura, Herralde, Carlos Barral, Vallcorba, Mario Muchnik…


A.A.: ¿Qué opinas de la literatura en digital?

J.C.: Yo creo que va a coexistir con la tradicional en papel. Una editorial no puede dejar de tener ni lo digital ni el papel. Los libros son elementos de una cultura que exige todavía lo físico. Es mi opinión, a lo mejor soy un viejuno… Dicen que el problema hoy es que se venden muchos aparatos para leer, sí, pero la gente se entretiene con esos aparatos y no con los libros que se pueden leer en ellos.


Juan Cruz

Juan Cruz Ruiz (Puerto de la Cruz, Tenerife, 1948)ha desarrollado una extensa labor como periodista en el diario El País, en el que trabaja desde su fundación en 1976. Cuenta con más de veinte libros en su haber, por los que ha obtenido premios como el Azorín o el Comillas de Historia, Biografía y Memorias.

Jaime salinas, el oficio de editor

Jaime salinas, el oficio de editor
Autor: Juan Cruz
Editorial: ALFAGUARA
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Sobre el autor

Azahara Alonso (Hotel Kafka)

Azahara Alonso (Hotel Kafka)

Azahara Alonso (Oviedo, 1988) es licenciada en Filosofía y máster en Escritura Creativa. Autora del libro de aforismos Bajas presiones (Trea, 2016), trabaja como coordinadora de la escuela de literatura Hotel Kafka y de la web Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Escribe crítica literaria para distintos medios nacionales e imparte clases de escritura creativa y poesía.

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