Críticas

“Índigo mar”, de Ignacio del Valle.

Raúl Sánchez Espinosa reseña la novela más reciente del escritor asturiano.

Estamos ante una novela de género impreciso. No es género negro. No es género policiaco. No es un thriller. Y, sin embargo, en pequeñas dosis tiene los elementos de cada uno de ellos. Ignacio del Valle (Oviedo, 1971) nos tiene acostumbrados a otro tipo de lecturas, como la célebre saga de su personaje Arturo Andrade: bien conocidas son las historias del oficial del ejército franquista donde Del Valle mezcla con gran habilidad los géneros histórico y negro. En Índigo mar se atreve con otro tipo de aventura. Esta, tal y como reza la contraportada, quizás sea su novela más personal. En todo caso, en ella nos deja ver su destreza al presentar a personajes bohemios y solitarios como ya lo hizo en las novelas del mencionado Andrade.

En este caso el protagonista de la novela es Pablo, un escritor que se traslada a una isla buscando la paz y la tranquilidad necesaria para escribir, esperando que la inspiración y las musas le visiten para salir de su bloqueo. Pronto este ascetismo buscado comenzará a generarle contradicciones y querrá escapar de la soledad y el aislamiento que le han llevado allí. Estas idas y venidas de su rutina darán paso a la aparición de varios personajes y al desarrollo de la trama.

Tomás es un hombre que busca metales en la playa y que conduce a Pablo a un episodio que conseguirá que se sienta vivo, después de mucho tiempo, por las emociones prohibidas que la aventura le suscita. También tiene importancia Simón, un hombre desencantado de todo que para poder vivir algo mejor hace pequeños trabajos de mantenimiento e incluso trafica con drogas. Como todo escritor, Pablo también tiene a su musa. Ella es Linnea, una mujer que, al margen de su mujer Marta, le proporcionará unas dosis de deseo y vitalidad renovadas. Por último, algunos secundarios: Esther, la señora que contrata Pablo para que le lleve la limpieza y la cocina de la casa y por último Andrés, el ex de Linnea.

El tiempo de sueño de Pablo también tiene importancia en la historia de Índigo mar. En él se sumerge en alucinaciones como una pantera que aparece y desaparece y no se distingue si es fruto de ilusiones o de una realidad disfrazada. Todo es confuso cuando despierta. La violencia y el sexo, descritos sin tapujos, hacen aparición en la obra. Lo que es, es. Esto puede comprobarse en las ilustraciones que acompañan la cuidada edición de Pez de Plata y que han sido realizadas por Miguel Navia.

Aunque Del Valle describe muy bien los escenarios y en ocasiones parece que estamos deambulando con Pablo por la isla, de esta poco sabemos. Se desconoce cuál es, aunque podemos intuir dónde se ubica. No es lo primordial de la novela. No es el dónde sino el porqué y el para qué de su entorno lo que realmente importa de los espacios y atmósferas.

Para terminar, “una tormenta perfecta” —de las que encierran en casa con la despensa llena de víveres y sin los suministros más esenciales— se cierne sobre la isla inquietando a todos los que rodean a Pablo y propicia el ambiente perfecto para el giro inesperado que nos brinda al final.

Índigo mar tiene suspense e intriga. Los acontecimientos se suceden lentamente y casi sin saber a dónde van a llevarnos. Pero no tenemos que dejarnos engañar por el ritmo ni la trama casi desaparecida, ya que poco a poco la historia va llenándose con los personajes, cada uno con diferentes vidas que contar. Ellos van conformando la intriga y haciendo que la historia avance con ese final imprevisto que nos deja con sabor de querer más, de desear un “Al día siguiente…”.

Su prosa y su facilidad para encontrar la palabra exacta, aunque en ocasiones peque de demasiado lírica, dejan la novela a una altura más que notable. Por el contrario, se echa de menos, tal y como indica la contraportada, esa historia en la que todo creador se enfrenta a demonios y a miedos, donde el que escribe tiene que lidiar con los temas que importan en realidad.


Índigo mar

Índigo mar
Autor: Ignacio del Valle
Editorial: Pez de Plata
Páginas: 220
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Redacción de Ámbito Cultural

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