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John Ashbery o el recuerdo de la vanguardia norteamericana.

El poeta neoyorquino falleció el pasado 3 de septiembre.

Para muchos lectores, durante décadas, el nombre de John Ashbery necesitaba un apellido adicional: “El mejor poeta norteamericano vivo”. No podrá seguir siendo así desde este mes de septiembre, ya que el integrante de la escuela de Nueva York falleció el pasado día 3 a los casi recién cumplidos noventa años y por causas naturales.

Nacido en Rochester, Nueva York, en 1927, el poeta se crió en un entorno rural que aparecería posteriormente en numerosos poemas como un contrapunto a la vida urbana que llevó más adelante. Tras una exitosa estancia en la Universidad de Harvard, Ashbery se mudó a París, ciudad en la que permaneció durante diez años y que marcó su vida personal y también literaria. Su actividad profesional estuvo ligada en gran medida a la crítica de arte en medios de prestigio como The New Yorker, algo que también influyó decisivamente en su poesía al tomar de las artes plásticas ciertas herramientas a la hora de concebir y plantear los poemas.

No fue su primer libro, Algunos árboles (para cuya publicación contó con la ayuda de W. H. Auden), sino el segundo, publicado en 1962, con el que revolucionó el panorama poético que había imperado hasta ese momento. Su título es El juramento de la pista de frontón y en él desarrolló un modo diferente de enfrentarse al lenguaje y servirse del mismo. Collage, fragmentación, cut-up, parodia y fragmentación son algunas de las técnicas y los recursos de los que Ashbery se sirvió para escribir este libro que marcaría su poética de forma definitiva.

Desde ese momento, la crítica se dividió entre la incomprensión y consiguiente desinterés y la admiración absoluta por un poeta que había logrado renovar el paradigma. Vinieron entonces, en su prolífica carrera, otros títulos como el aclamado Autorretrato en un espejo convexo, Una ola, Hotel Lautréamont, El doble sueño de la primavera o el más reciente Secretos chinos.

Es precisamente la incomprensión de su poesía algo que muchos lectores siguen destacando como el principal obstáculo a la hora de profundizar en ella y disfrutarla por completo. Sin embargo, el propio autor escribió en un ensayo titulado La vanguardia invisible: «La principal preocupación del poeta es dar vida a la obra de arte de tal manera que resulte imposible intentar explicarla». Quizá también en otra cita está la clave de su escritura, unos versos pertenecientes al ya mencionado El juramento de la pista de frontón: «Escribo, tratando de economizar / estos versos, estremeciéndome. La tierra misma es / una pensión. La historia de mi vida / Estoy jugando con la idea / Soy perfectamente capaz (firma)».

No importa cómo, John Ashbery seguirá siendo uno de los más grandes poetas norteamericanos.


El juramento de la pista de frontón

El juramento de la pista de frontón
Autor: John Ashbery
Editorial: Calambur
Páginas: 360
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Sobre el autor

Redacción de Ámbito Cultural

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