Críticas

“El enfermero de Lenin”, de Valentín Roma.

«Mi padre enloqueció durante veintiún días en el verano de 2011, tras una operación rutinaria cuyas complicaciones siguen siendo, aún hoy, inexplicables. A lo largo de aquellas tres semanas aseguraba ser Lenin y pedía que lo trataran como tal, llegando a exigir que su informe clínico y las medicinas que le eran suministradas llevasen escrito el nombre de Vladímir Ilich Uliánov.» Así comienza El enfermero de Lenin (Periférica, 2017), segundo trabajo publicado de Valentín Roma (Ripollet, 1970) tras el ensayo Rostros. Una confesión que sirve como prólogo de una historia que aborda una relación paterno-filial enmarcada dentro de la historia política e ideológica del siglo XX.

El enfermero de Lenin es el relato en primera persona de un profesor universitario que debe estar pendiente de su padre, un obrero con fuertes convicciones ideológicas. Estas son tan sólidas que termina por adquirir la personalidad de Vladímir Ilich Uliánov: Lenin. Se podría decir que se apropia de las ideas y de la historia del revolucionario soviético pero estas se someten a los modos de la persona poseída. Esto hace que el narrador no deje de ver señales inequívocas que confirman que la figura de su padre aún sigue estando ahí.

Para contar la historia del joven profesor, Valentín Roma decide dar saltos en el tiempo en su narración. A base de  flashbacks introduce los hitos personales que de algún modo forjaron su personalidad, siendo esta estructura uno de los puntos más interesantes de la novela. Estampas de temporadas en diferentes pueblos, desde Castilla-La Mancha hasta Cataluña, y situaciones que marcaron al protagonista y, en cierto modo, le distanciaron de su padre, como sus primeras preocupaciones políticas o aventuras personales fallidas que terminaban con un gracioso reproche paterno: «¿Terminaste ya de hacer el bohemio? ». Estos paisajes vitales, al mezclarse con su papel de enfermero de un padre que cree ser Lenin, muestran la traza que sigue el emigrante forzoso, el camino de migas del niño que es obligado a seguir los pasos de sus padres a través de su propia historia y geografía.

Puede que se eche en falta en El enfermero de Lenin cierta naturalidad en las escenas más personales del relato, donde no abandona del todo su carácter teórico. Más allá de hacer que la voz e identidad del profesor resulten reconocibles, Valentín Roma sabe sacar partido de este tono didáctico para introducir en la novela esos elementos teóricos que tendrían difícil encaje en una narración más distendida. Así, Roma encaja todo tipo de información: desde teoría filosófica hasta curiosas anécdotas sacadas de la revolución rusa (un ejemplo es el juicio sumario a dios que termina con disparos hacia el cielo). Todo este conjunto de vivencias y de datos históricos muestra a la perfección, sin quizás quererlo, el estado de la sociedad actual regido por un sistema político-económico desgastado. Un presente sin ideas cuyas soluciones pasan por tomar medidas proteccionistas, nacionalistas, antihumanitarias… Solo hace falta disfrazarse, ideológicamente hablando, del referente fantasmal adecuado.

Sorprende en este aspecto la cordura y lucidez que hay en El enfermero de Lenin, al reflejar cómo hay que volverse loco, quijotesco en el peor de los sentidos, para asumir hoy en día como programa político un puñado de ideas que se daban por superadas hace décadas. Algo que se resiste a morir y que perdura, como si fuera pura herencia biológica, trasmitiéndose de padres a hijos, como si no quedara otro remedio que asumirla.


El enfermero de Lenin

El enfermero de Lenin
Autor: Valentín Roma
Editorial: Periférica
Páginas: 272
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Sobre el autor

José Miguel Nanjavacas

José Miguel Nanjavacas

José Miguel Nanjavacas (Cuenca, 1982) es ingeniero informático y estudiante de Filosofía. Escribe y colabora con diferentes medios en los que publica opinión y reseñas literarias, musicales y cinematográficas.

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