Críticas

“La casa y la isla”, de Ronaldo Menéndez.

La narrativa es una cuestión de ritmos y Ronaldo Menéndez (La Habana, Cuba, 1970) ha escrito una novela cadenciosa y redonda. Su título es La casa y la isla y, junto con otras novedades, Alianza de Novelas ha iniciado un proyecto editorial de narrativa contemporánea.

Precisamente en y entre dos ritmos, el telúrico y el hesicástico (no se preocupen, él lo explica), transcurre la historia de Anabela y Rebeca, dos jovencitas sobresalientes –especialmente la primera, una suerte de memoriosa borgiana– que ingresan en la prestigiosa (y revolucionaria) escuela Lenin y cuyas vidas se cruzarán años más tarde, como suele ocurrir, en extrañas circunstancias. Pero no nos adelantemos. En La casa y la isla también conocemos a Montalbán, a su joven y fresco grupito de escritores en ciernes –El Establo– y a su familia. Sus particularidades, rutinas y dilemas terminan por darnos una idea muy concreta de Cuba, de todas las Cubas: la de los (revolucionarios) privilegiados, la de las jineteras, la de los pillos, la de los ilusionados, la de los hospitales, la de los santeros, la que recibió a escondidas la cultura pop de los setenta y ochenta con una música de fondo de Led Zeppelin, Kiss o de la atemporal Nina Simone (no todo iba a ser Silvio Rodríguez, aunque también). Y la Cuba de la miseria. Como en una muestra de terreno, observamos todos los estratos en sus páginas. Porque ya se sabe: lo personal es político, y con los personajes ocurre lo mismo.

La voz que nos guía en estas historias (y en sus silencios, de capital importancia y plasticidad) es la de un narrador avispado, irónico y culto, que gusta de iniciar los capítulos al más puro estilo de García Márquez y que organiza la información en círculos narrativos y rimas internas como mantras. El ritmo, no lo olvidemos. Pero hay algo más, y es lo cierto –lo no ficticio– de este narrador, porque lo que ocurre en la novela que ha ocupado la escritura de Menéndez durante más de cinco años es que el propio autor es uno de los personajes: «¿Y yo, qué pinto en todo esto? Me decían Roni, y a veces me llamaban por mi feo nombre de futbolista: Ronaldo». Aunque siempre nos quedará la duda de hasta dónde llega la no ficción (y ahí también está la gracia).

Y si en Cuba (o en esta novela) hubiera una pregunta, una gran pregunta, sería: ¿qué es lo revolucionario? Lo revolucionario es un apellido socarrón en La casa y la isla, un agujero negro que todo lo engulle en su nombre, más que en su forma: «Hasta ese día había escuchado que de la Revolución hablaban bien solo en la tele y en la escuela. Pero la gente de verdad, la de su barrio, no hablaba mucho de la Revolución». O como le ocurría a Montalbán, uno de los protagonistas: «La Revolución le quitaba todos los argumentos revolucionarios».

El ritmo lo es todo y Ronaldo Menéndez lo sabe, por eso los tiempos de La casa y la isla encajan como movidos por una armonía oculta y nos dejan a la vez prendados de sus personajes tras un cierre que, trescientas sesenta páginas después, llega demasiado pronto. Publicada unas semanas antes del fallecimiento de Fidel Castro, los planetas se han alineado para que esto sea irrefutable: La casa y la isla es la novela de la Cuba del cambio.


La casa y la isla

La casa y la isla
Autor: Ronaldo Menéndez
Editorial: Alianza de Novelas
Páginas: 360
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Sobre el autor

Azahara Alonso (Hotel Kafka)

Azahara Alonso (Hotel Kafka)

Azahara Alonso (Oviedo, 1988) es licenciada en Filosofía y máster en Escritura Creativa. Autora del libro de aforismos Bajas presiones (Trea, 2016), trabaja como coordinadora de la escuela de literatura Hotel Kafka y de la web Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Escribe crítica literaria para distintos medios nacionales e imparte clases de escritura creativa y poesía.

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