Críticas

“La inocencia”, de Felipe Polleri.

A veces una pesadilla nos transporta a lugares oscuros de nuestra infancia. Una especie de laberinto, ubicado en el subconsciente, del que solo es posible salir una vez has vomitado todo lo malo con la ayuda de un bolígrafo y de mucho papel. Una situación similar, una pesadilla, fue utilizada por Felipe Polleri (Montevideo, 1953) como punto partida para escribir La inocencia, publicada en Uruguay en 2008 y en España a comienzos de año gracias a la editorial :Rata_.

En la primera parte de La inocencia, titulada “Vivir a veces”, Polleri reduce su infancia a un edificio situado en el barrio de Pocitos, Montevideo. En ese bloque solo viven locos, ricos locos que, juntos, como estrato social, creen tener el encargo divino de «cuidar y mantener uno de los barrios más hermosos de la ciudad». Sin ningún tipo de reparos, el escritor uruguayo caricaturiza a sus padres, no se sabe si a modo de venganza o como exigencia del guion, para hacerlos encajar en ese universo tan absurdo. Un mundo repleto de jóvenes vampiros de abolengo que se suicidan por la más mínima tontería y cuyo habitante más cuerdo es un buen mozo que «solía pasearse por el hall vestido de novia».

El narrador cambia en la segunda parte, titulada “Las muchachas de Pocitos”, en la que los pensamientos de un perdedor que vive con su hermana se intercalan con ilustraciones y con citas de William Blake. El universo ya no se reduce a un edificio pero la claustrofobia se multiplica ante la sensación de derrota que destila el narrador. La historia deja atrás su tono de novela de aprendizaje para convertirse en una especie de cortazariana Casa tomada en la que dos hermanos son expulsados de cualquier posibilidad de ser felices. Tras esta parte, reaparece aquel “Vivir a veces” en el que el narrador ya ha tomado la decisión de defraudar a su familia por partida doble: será ventrílocuo y se casará con una pardita. La valentía materializada en la decisión de abandonar «el abolengo» familiar le da al narrador la libertad necesaria para finiquitar su venganza desde el exterior del edificio negro, desde donde observa, con la indiferencia que da el saberse salvado, la blancura de los vampiros que entran y salen.

Todo está contado en breves fragmentos, aunque por la forma en la que escribe Polleri, espontánea y fluida, uno tiene la sensación de no haber cambiado de párrafo durante la lectura de La inocencia. Quizás influya el hecho de que el escritor uruguayo escribe sus obras a mano con un bolígrafo. La letra «peor va siendo» conforme uno escribe, dice el propio Polleri en la entrevista incluida en esta edición, y puede que esa fealdad sea la que espante la presencia de cualquier capa superficial en su discurso. Esta pureza le sienta muy bien al ingenio del ururaguyo, que no se refrena a la hora plagar la novela de expresiones chocantes e incluso contradictorias como “blanco edificio negro”. Esto funciona a la perfección como una «lengua quemada» que obliga al lector detenerse para prestar más atención y para saborear el relato a la velocidad justa.

Es posible, al terminar de leer La inocencia, que uno tenga la sensación de no haber comprendido por completo la historia, aunque se hubiera entendido cada uno de sus fragmentos. Cada parte de la novela tiene su significado, incluso podría decirse que su propia vida, pero es difícil encontrar el nexo que une “Vivir a veces” con “Las muchachas de Pocitos”, cuyo narrador cambia. Es en la entrevista que sirve de epílogo de La inocencia donde Polleri da sentido a todo: en la primera y tercera parte habla Rodolfo, “es ventrílocuo y cuenta su historia familiar”, mientras que en la segunda el narrador es un pingüino vestido de frac, también llamado Rodolfo, que representa lo que el ventrílocuo hubiera sido de no haberse rebelado. En este aspecto, hay que resaltar la edición de :Rata_ al incluir como paréntesis de La inocencia un prólogo en el que se detalla cómo Felipe Polleri llegó a publicar en esa editorial, y un epílogo, una entrevista al propio Polleri que, a su vez, cuenta con su propio preámbulo: un making of del diálogo con el uruguayo.

Se podría decir que esta edición de :Rata_ es un cúmulo de prólogos entre los que se esconde una maravillosa novela. Esta estructura ahonda en el tema de La inocencia: la vida como un prolegómeno de lo que realmente deberías estar viviendo que puede dejarte en mitad de una película de terror. Es lo que sentimos en la segunda parte de la novela, cuando presenciamos, como si estuviéramos acompañados del fantasma de las navidades futuras, lo que le ocurre al pingüino Rodolfo. Toda una vida, o un prólogo de una vida, que podría resumirse en una de las citas de William Blake que introduce Polleri en las “Las muchachas de Pocitos”: «Aquel que desea pero no obra engendra peste».


La inocencia

La inocencia
Autor: Felipe Polleri
Editorial: :Rata_
Páginas: 200
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Sobre el autor

José Miguel Nanjavacas

José Miguel Nanjavacas

José Miguel Nanjavacas (Cuenca, 1982) es ingeniero informático y estudiante de Filosofía. Escribe y colabora con diferentes medios en los que publica opinión y reseñas literarias, musicales y cinematográficas.

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