Críticas

“La máquina de escribir”, de John Kendrick Bangs.

George Simons
Escrito por George Simons

La risa es una de las emociones más extrañas de la naturaleza. Puede uno compadecerse de alguien que llora, pero difícilmente derramará una lágrima. En cambio, un desconocido le sonríe y, si no lo piensa tanto, le devolverá una sonrisa como por una complicidad visceral e inexplicable. Sucede que la risa es tan contagiosa como el bostezo. Los especialistas la describen como una “emoción social”. Sin embargo, los bebés, sin tener mucha idea de nada, sonríen a las carantoñas de los desconocidos. Además, uno se puede desternillar de risa leyendo —tal vez se deba esto a la mágica presencia del otro en los libros.

Existen varios tipos de risa: la carcajada, la sonrisa silenciosa, la risotada estridente, la risa de asombro, de satisfacción… Y no me cabe duda, querido lector, querido nadie, de que experimentará muchas más leyendo La máquina de escribir, de John Kendrick Bangs.

La historia arranca cuando el narrador advierte un extraño sonido en su biblioteca por la noche. Específicamente viene de las teclas de una vetusta máquina de escribir que funciona aparentementepor sí sola. El narrador, asustado, pregunta: “¿Quién anda allí?”. Y se da con la sorpresa de que le escriben desde el infierno.

Su interlocutor es Jim Boswell, escritor escocés que funge como periodista en el Hades, y lo pone al tanto de los últimos acontecimientos: se busca castigar a Napoleón proporcionalmente al número de muertes que las Guerras Napoleónicas ocasionaron. Ciertamente sienta un precedente reprochable en el infierno, así que se procura hacer sin provocar una revuelta que transforme el infierno en una república democrática.

“Hay demasiados políticos inteligentes y ambiciosos entre nosotros como para que se mantenga el despotismo por mucho tiempo. Si el lugar estuviese lleno de poetas, gente de sociedad y cosas así, podría seguir siendo una autocracia para siempre, pero ya ve usted que no es el caso. Para hombres del calibre de Alejandro Magno, Bonaparte, César y otros mil guerreros que nunca tuvieron costumbre de seguir las órdenes de nadie sino que fueron ellos mismos líderes, el despotismo de Abadón resulta intolerable.”

Boswell no es el único interlocutor que se vale de la máquina de escribir para conversar con el narrador. También aparecen la esposa de Sócrates, Jantipa, cuya mala leche es proverbial, el Barón Munchausen, Carlos I, Enrique VIII, Luis XIVo Shakespeare, que confiesa no haber escrito sus obras, entre otros muchos personajes con hilarantes ocurrencias.

El autor de La máquina de escribir es John Kendrick Bangs, uno de los maestros ingleses de la sátira política. Su apellido da lugar a la fantasía bangsiana, subgénero de lo fantástico cuyo objetivo es narrar la vida en el más allá de grandes personajes históricos, literarios y mitológicos. Si se toma en cuenta el infierno de la Comedia de Dante o el Canto X, de la Odisea, en la que el héroe homérico desciende al infierno y conversa con los muertos, se trata pues de un tópico más viejo que el popular ardid de “mañana te pago” y, sin embargo, nace del apellido de este autor decimonónico poco conocido.

Las novedades del infierno están plagadas de un humor negro, socarrón y algo erudito, pero formulado de manera ligera y distendida. Esta edición cuenta con notas a pie de página precisas, sin ese tufillo innecesario de sabelotodo que termina por perder al lector. Además, la editora y traductora de la obra Susana Prieto Mori ha tenido el buen tino de diferenciar tipográficamente el parlamento del narrador y la de la máquina de escribir, con lo cual la lectura es sencilla y ello juega a favor del sagaz sentido del humor del autor. No me cabe duda, querido lector, querido nadie, que esta lectura lo hará feliz.


La máquina de escribir

La máquina de escribir
Autor: John Kendricks Bangs
Editorial: Defausta
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Sobre el autor

George Simons

George Simons

George Simons (Lima, Perú, 1980). Lector obsesivo, aficionado al asombro, a la buena música y a las conversaciones de madrugada. Se formó en las humanidades, se licenció en Filosofía por la Universidad Pontificia Comillas y, en el ínterin, se enamoró de Madrid, de su gente, de Malasaña, del Museo del Prado y de otras maravillas. Trabaja como escritor, periodista científico y cultural. Colabora habitualmente con medios de comunicación de España y Latinoamérica.

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