Entrevistas

“La pecera” de Juan Gracia Armendáriz

"Es llamativa la ausencia casi total de novelas que traten el asunto del alcoholismo en la literatura española. Un crítico dijo de ella que era una novela “extemporánea...”, pero vete a saber".

LA PECERA
Almudena Sánchez
Escrito por Almudena Sánchez

Cuando pienso en Juan Gracia Armendáriz (Pamplona, 1965) pienso en el escritor español que mejor ha narrado la enfermedad. En palabras de Guillaume Apollinaire, “que conoce la vida y de la muerte lo que un ser vivo puede conocer”. No hay muchos escritores que se hayan atrevido a hablar de forma explícita sobre un riñón herido o sus sesiones de diálisis. Sin embargo, Juan Gracia Armendáriz nos ha contado muchas cosas sobre “la humanidad doliente” que habita en los hospitales. En las últimas entrevistas que le realizaron tras publicar el último libro de su trilogía sobre la enfermedad, Piel Roja (Demipage, 2012), decía que ya estaba curado, que el infierno había quedado atrás y que ahora le apetecía fabular, imaginar y explorar los territorios de la ficción, como un hombre “lleno de ese aire que huele a vida”.

Estos nuevos aires han traído consigo una nueva obra, La Pecera (Demipage, 2015), una novela sobre alcoholismo, naufragios y constante pérdida que se refleja en los ojos de Miguel Quer, un profesor de literatura alcohólico, que se define, desde un principio, como “malo y sentimental”.

Almudena Sánchez: Estás tratando de despegarte de lo autobiográfico. ¿Por qué has decidido empezar a escribir ficción? ¿Crees que toda la literatura es autobiográfica o se puede escribir dejando a un lado la propia vida?

Juan Gracia Armendáriz: Ya antes había escrito ficción: un libro de relatos, Queridos desconocidos (1999), los volúmenes de microrrelatos Noticias de la frontera (1994) yCuentos del jíbaro (2008)… Después de La línea Plimsoll escribí los diarios. Y ahora sí: necesitaba despegarme de la autobiografía que puede resultar muy pegajosa. En todo caso, toda escritura es autobiográfica, porque la vida no sólo contiene aquello que experimentamos de forma directa sino también aquellas experiencias recibidas de manera vicaria: lecturas, estudios, conocimimentos, películas…Borges decía que nunca había salido de la biblioteca de su padre. Pues bien, eso también es biografía.

A. S.: ¿Te documentaste acerca del alcoholismo cuando empezaste a escribir “La Pecera”?

J. G. A.: Sí, es la primera novela que he escrito en la que la documentación ha sido básica para construir la voz narradora. Necesitaba saber por qué se empieza a beber de manera compulsiva, cómo es la mentalidad alcoholica, de qué manera se percibe la realidad, cómo se relaciona con los otros, de qué manera se produce una desintegración de la personalidad…Cuáles son los síntomas físicos, las heridas psicológicas…Para ello, escuche muchos testimonios de alcohólicos. También leí o releí obras literarias y volví a ver películas que tratan del tema. Es llamativa la ausencia casi total de novelas que traten el asunto en la literatura española. Quizá, por ello, un crítico dijo de ella que era una novela “extemporánea…”, pero vete a saber.

A.S.: ¿Es el alcohol el protagonista real de la novela o es Miguel Quer?

J. G. A.: Miguel Quer es la voz del alcohol, que, en efecto, es el personaje de la novela. Pero en Miguel hay fragilidad… Y dignidad.

A.S.: Miguel Quer tiene una visión distorsionada de la realidad porque siempre está bebido. ¿Cómo has conseguido que el personaje funcione narrativamente para que los lectores podamos acompañarlo?

J. G. A.: El alcohol, como es sabido, admite fases, de suerte que en Miguel resuenan distintos registros en una misma voz: el de la borrachera iracunda, la voz temblorosa de una resaca mayúscula; la ironía y la mordacidad, la sensiblería del borracho, la paranoia propia del alcohólico; momentos de lucidez reflexiva… En todo caso, es una voz que se expresa sin ningún tipo de represión.

A.S.: Ana Ferrer, la pareja de Miguel Quer, también sufre las consecuencias del alcohol. Sin embargo -según lo he interpretado- ella representa el movimiento, las ganas de abandonar esa dependencia.

J. G. A.: Ana es su contrapunto, y como suele ocurrir en la realidad, es mucho más fuerte que él. Su relación amorosa está condicionada por la botella y se produce un cambio de papeles cuando ambos se hunden en el fondo de su particular pecera, puesto que el alcoholismo feminiza a los hombres y masculiniza a las mujeres. Ana toca fondo mucho antes y de un modo mucho más radical…A partir de ahí sus direcciones divergen. Ella alcanza la superficie pero Miguel sigue allá abajo, buceando en la autocomplacencia.

A. S.: Háblame de la pecera, como metáfora, como espacio tóxico.

J. G. A: Dudé mucho con el título. Hice varias listas, pero finalmente me decidí por el menos “bonito”, el más anodino, porque era el que mejor reflejaba conceptualmente la propuesta narrativa: un relato circular, vidrioso, como las peceras que teníamos de niños con un solitario pez naranja girando en su interior. La pecera es un espacio donde dos peces se buscan sin encontrarse en el agua turbia del alcohol, con las paredes cubiertas de verdín, mal oxigenada…A diferencia de las peceras convencionales, no tiene fondo y en su interior habitan los peces abisales de la conciencia.

A. S.: En cuanto al estilo, imaginaba una novela dura, realista, sin adornos. Sin embargo, me ha gustado encontrar lirismo y humor en ciertos pasajes.

J. G. A.: Me propuse mostrar distintos modos de narrar. Las primeras cien páginas son puro vértigo. Hay capítulos donde predomina un desquiciamiento controlado; otros en que, en efecto, ofrezco al lector un pasaje de sosiego, de reflexión entre los amantes. Los testimonios que irrumpen en el relatos me sirvieron para quebrar la linealidad narrativa -ya de por sí rota por los constantes cambios temporales y espaciales, como la conciencia del personaje- ofrecen un lenguaje más prosaico, oral. Pero incluso en los capítulos donde predomina la violencia, no renuncio a la potencia que admite el lenguaje evitando que sofrene la acción narrativa. Con respecto al humor, es un disolvente que siempre está presente en mis libros. Huyo de lo melodramático y de lo enfático, dos tentaciones que tuve a bien esquivar, pues con un tema de estas características puedes acabar escribiendo una telenovela.

A. S.: Se observa bastante desprecio por parte de Miguel Quer hacia la literatura, materia que imparte como profesor. ¿Es Miguel un escéptico?

J. G. A.: No, es un alcohólico. No hay en la novela ninguna vocación por mi parte de impugnar la literatura o de mofarme de ella. Hay bromas, guiños, rabietas que Miguel, como profesor de literatura, puede permitirse cuando ya se ha bebido una botella de whisky para desayunar. Esa voz desaforada me permitía poner en su boca cuanto quisiera. Lo mismo cabe decir de sus invectivas contra el mundo universitario.

A. S.: ¿Crees que volverás a escribir diarios o te apetece seguir con la ficción? ¿Qué es lo próximo que estás preparando?

J. G. A.: No sé si volveré a escribir diarios. Me gusta explorar nuevos territorios literarios en cada libro. Nunca había escrito una nouvelle, una novela corta; y es un género que siempre he leído con mucho interés. Con un buen amigo elaboramos una lista de cien novelas breves…Y nos asombró la cantidad de obras maestras que ha dado el género. En ello estoy, sin saber si saldrá una perla o una cebolla.


Juan Gracia Armendáriz

Juan Gracia Armendáriz (Pamplona, 1965) fue cronista de sucesos en El Mundo y profesor de Ciencias de la Documentación. Es autor de varios libros de microrrelatos, de relatos y de novelas entre las que destacan las pertenecientes a la llamada "Trilogía de la enfermedad".

La pecera

La pecera
Autor: Juan Gracia Armendáriz
Editorial: Demipage
Páginas: 404
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Sobre el autor

Almudena Sánchez

Almudena Sánchez

(Palma de Mallorca, 1985) es licenciada en periodismo. Colabora habitualmente en medios culturales realizando reseñas y entrevistas. En 2013, fue seleccionada en Bajo treinta. Antología de nueva narrativa española. (Salto de Página). La acústica de los iglús (Caballo de Troya, 2016) es su primer libro.

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