Críticas

“La uruguaya”, de Pedro Mairal.

Manuel Álvarez reseña la más reciente novedad de Mairal, publicada en España por la editorial Libros del Asteroide.

Marechal dice en el Adán Buenosayres, su novela titánica, que cuando uno duerme se olvida de sí mismo y, olvidándose, cura sus lastimaduras. Algo parecido escribe Borges en su poema Dos formas del insomnio, donde dice que el insomnio es el horror de ser y seguir siendo, porque cuando dormimos somos otra cosa, estamos haciendo ficción, somos autor, narrador y héroe, todo en uno. Este libro, La uruguaya, empieza con el protagonista hablando dormido. Y repite una palabra, una obsesión, repite Guerra.

En La uruguaya (Libros del Asteroide, Madrid, 2017), la nueva y adictiva novela de Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970), el protagonista es Lucas Pereyra, un escritor cuarentón en plena crisis (económica y conyugal) de la mediana edad. Guerra es el apellido de Magalí, la mujer deseada y quien hace honor al título: la uruguaya.

Pero vayamos a la historia de la novela. Lucas tiene que viajar a Montevideo para retirar unos dólares que pretende cobrar por anticipos de derecho de autor. Frío. A esto se le suma que en Montevideo hay una joven, varios años menor que él, a la que conoció el último verano y que lo tiene obsesionado desde entonces. Caliente. Un detalle: Lucas está casado con Catalina y tienen un hijo pequeño. Caliente, caliente. Su matrimonio viene de mal en peor, gastado como el horno viejo de su departamento que empezó a largar un olor raro. Quemado.

La novela transcurre durante un día, el martes que Lucas viaja (huye de sí mismo) por la mañana a Montevideo y vuelve por la noche a Buenos Aires. Y tenemos dos tramas que se funden como el bajo y la guitarra eléctrica en una canción de rock. Por un lado, la del viaje a Uruguay, el encuentro con Magalí y el incidente casi policial. Por el otro, la de su matrimonio en caída libre.

En un momento, pasada la mitad del libro, el Lucas en tiempo presente dice que se encuentra como atrapado en ese martes fatídico, como si estuviera en el día de la marmota. Es al revés, justamente el día en Montevideo funciona como el elemento disruptivo: en Buenos Aires Lucas estaba atrapado, estafado, sus días con Catalina eran siempre el mismo día, en esa situación llega el sopapo que le pega Montevideo. Esa ciudad tan parecida pero diferente termina funcionando como la confesión en la película y ahora, después de todo el vendaval, al sentarse Lucas a recordar, a repasar y, sobre todo, a escribir, por recomendación de su maestro literario Enzo, la novela —esta novela—, se rompe la fantasía de la marmota.

Mairal alterna con mucho talento la primera persona y la segunda confesional, como una carta a Catalina, una carta escrita con las venas. Son muchos los temas que se tratan en la historia. El autor habla con sinceridad de la letra chica del matrimonio en el que Lucas no encaja (en el que tantos de su edad ya no encajan), pero que recién ve cuando lo sufre, del lado B de ser padre, de la sexualidad del hombre entrado en los cuarenta, de las ficciones que nos creamos para escapar de la realidad, de la necesidad del dinero en el escritor y, citando a Enzo, de la incomodidad de la plusvalía.

Todo en La uruguaya va a gran velocidad: desde su lectura, que dura menos que una película de Scorsese, hasta la verborragia de los monólogos interiores de Lucas, que funcionan como el mejor stand up y, por momentos, nos hacen recordar las reflexiones —y confesiones—del Rob de Hornby en Alta Fidelidad. Esto es mérito de la pulsión narrativa de Mairal que maneja el ritmo de la historia in crescendo como si fuera el baterista de los Who, que toca cada vez más fuerte, cada vez más rápido, hasta que viene el golpe final e inmediatamente pone la mano sobre los platillos. Eso mismo hace Mairal con la intriga hasta la última página (no vamos a spoilear). Pareciera que Lucas aguanta el aire y respira solo ahí.


La uruguaya

La uruguaya
Autor: Pedro Mairal
Editorial: Libros del Asteroide
Páginas: 144
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Redacción de Ámbito Cultural

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