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Las letras ilustradas de Samanta Schweblin.

Páginas de Espuma publica el cuento ‘La respiración cavernaria’, de la autora argentina, con dibujos al óleo de Duna Rolando.

Alberto G. Palomo
Escrito por Alberto G. Palomo

Los editores daban por hecho que una antología de cuentos siempre incluye un hilo conductor. Por eso, convertir una de esas narraciones en un libro aislado es darle la autonomía necesaria. Acompañarlo, además, del «maridaje perfecto» entre ilustración y palabras ya suponía elevarlo a un reconocimiento supremo. Así, al menos, lo presentaba Juan Casamayor, responsable de Páginas de Espuma. Y así es La respiración cavernaria, de Samanta Schweblin, la apuesta de la editorial española en esta nueva andanza. Con ella, la editorial planea promover una colección de imagen y texto con cuentistas contemporáneos.

En este caso ha sido algo novedoso. Sin planificar. Según contaron el 30 de octubre la autora argentina y Duna Rolando, la ilustradora, fueron ellas las que iniciaron la maquinaria. Schweblin había publicado en la misma editorial Siete casas vacías, con el que obtuvo el Premio Internacional Ribera del Duero. Residente en Berlín desde hace cinco años, allí conoció a Rolando, artista también de Buenos Aires, que retrataba a personas de la capital alemana. Su obra la impresionó y le dejó sus escritos para que decidiera si quería pintar algo con ellos. «Eligió ella el que quiso. Y me confesó que pasó miedo por si no le gustaba ninguno y me lo tuviera que decir», recordaba en Madrid la nominada al Man Booker Prize por su novela Distancia de rescate, publicada por Random House Mondadori.

La elección fue una fábula un poco sombría. La respiración cavernaria trata del avanzar rutinario de una señora en la tercera edad, aquejada de dolores y con un jadeo silbante en cada movimiento. Esta rutina va ligada a una propensión por las listas, a los escuetos diálogos con el marido y a un ocaso vital donde se perfilan la pérdida de memoria o el hartazgo por la sensación de que su cuerpo siga levantándose cada mañana a su pesar. «Identificaba a la protagonista, Lola, con mi abuela», reconoció Rolando, «y necesito ser parte de lo que pinto.» La ilustradora (y también cantante de tango) acostumbra a usar técnicas digitales para idear escenografías de cine. Aquí, señaló, el proceso fue distinto: portaba un material sensible, que cada lector se apropia, y se fio de algo más artesano, como el óleo. No dudó, en cualquier caso, en proporcionarle su técnica y subjetividad.

A la presentación del libro en Madrid acudieron las dos protagonistas de este lanzamiento literario. Ambas hablaron de este cuento «en la tierra de nadie de las cuarenta o cincuenta páginas», que en esta edición supera las 90 y compagina texto con estas láminas que —debido a la técnica— debieron ser todas barnizadas. Con el punto de partida de la total libertad y el cuento ya escogido, las dos se reunieron para pulir cada detalle. «Si no nos convencía una cara o un color, lo afilábamos. Teníamos que llegar a un lugar desde la imagen», indicó Scwheblin, que dijo haber aprendido cómo en los dibujos se puede mostrar mucho más que con el texto a secas y que había partes de su relato en las que no había pensado. «De repente, Duna me preguntaba cómo eran los azulejos del baño o las manos de Lola. Era ponerle piel a la atmósfera del lenguaje», apuntó.

«Cada objeto es una historia. Los colores son una conexión real entre emociones y letras. Y había muchas perspectivas», añadió la escritora, formada en cine y a quien el premio Nobel Mario Vargas Llosa ha descrito como «una de las voces más prometedoras de la literatura moderna en lengua española». En total, el proceso ha durado unos dos años. «Nosotras estuvimos año y medio pensando cada dibujo. Llegamos a tener más de cuarenta bocetos solo de un rostro. Todo ha sido una conexión, no una reinterpretación», admitió Duna Rolando, que se describió «orgullosa pero cansada». La conclusión de Schweblin es que la experiencia ha sido «bien interesante» y que ahora sabe qué es mejor contar con palabras y qué con imágenes. Una unión que en este cuento ya vuela por sí misma.


Samanta Schweblin

Samanta Schweblin nació en 1978 en Buenos Aires, donde estudió cine y televisión. Es relatista y sus libros están traducidos a más de veinticinco lenguas. Ha estado becada por distintas instituciones. Ha vivido brevemente en México, Italia y China, y reside desde hace cinco años en Berlín, donde escribe y dicta talleres literarios.

La respiración cavernaria

La respiración cavernaria
Autor: Samanta Schweblin
Editorial: Páginas de Espuma
Páginas: 96
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Sobre el autor

Alberto G. Palomo

Alberto G. Palomo

(Madrid, 1983). Aunque formado como maestro, se dedica al periodismo después de escuchar a su hermano leer columnas desde el sillón. Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Salamanca, colabora en varios medios nacionales como TintaLibre, El País o El Mundo escribiendo de temas internacionales, viajes, sociedad o cultura, por lo que está aquí.

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