Críticas

“Las moradas”, de Nicolás Cabral.

Sara Barquinero reseña el nuevo libro de relatos del autor argentino.

Es curioso lo que nos sucede con las casas: siempre buscamos una en la que quedarnos, pero nos sentimos cautivos cuando estamos obligados a permanecer en ellas.

Moradas (Periférica, 2017), del autor argentino Nicolás Cabral, nos abre la puerta con dos citas que marcan la tendencia de las voces de todos los cuentos. La primera, de Jacques Lacan, reza: “Toda entrada del ser en su morada de palabras supone un margen de olvido”, pues tal vez en los cuentos de Cabral subyace la idea de que a todo hablante se le impone un lenguaje que, por una parte, le permite ser en el discurso, pero por otra le impide encontrarse en ese mar de palabras que no son suyas. La segunda, de  Santa Teresa de Jesús, dice: “Verdad es que no en todas las moradas podréis entrar por vuestras fuerzas”, pero los personajes de Cabral lo intentan, en una búsqueda de esa palabra adecuada que les permita quedarse, parar, alcanzar cierta quietud.

En el primero de los nueve cuentos, Moradas, un hablante difuso asiste sin verlo a la muerte de su padre: su madre murió hace tiempo, y lo único que el personaje conserva de ella es el recuerdo de un tipo echando tierra sobre su agujero. El protagonista se desliza por un pueblo en el que no parece haber nadie más que la ausencia de sus progenitores, ahogando sus necesidades en la inmundicia y desatando su deseo desde la lógica del fetiche. En Un cubo, un sujeto extremadamente pulcro y reprimido se encierra en un cubículo con tal de no ver una suciedad repentina que no sabe de dónde procede. La pajarera narra la historia de un experimento inhumano y burocrático en torno a un ser humano cantor que está encerrado en una caja. Ausencia y Superficie nos transcriben un monólogo interior de personajes en alguna medida abandonados, aunque de maneras radicalmente diferentes: la voz de Ausencia espera en la cama la llegada de una mujer a la que necesita y ama al tiempo que la desprecia, una mujer de la que no tenemos la certeza de que sea real. Por otra parte, Superficie nos ofrece una confrontación de un ser con su reflejo en el espejo, y la imagen punzante de un pájaro que llega y se va.

Quizá los relatos más impresionantes del compendio sean los centrales, En la penumbra y La palabra. En la penumbra nos expone lacónicamente los sucesos en un universo empobrecido –solo una luz en el centro, una ranura para comida y líquido, el resto oscuridad– en la cual sus moradores sin nombre obedecen a una voz que no saben de dónde viene, y que controla sus acercamientos, sonidos y alimentación. La palabra, aunque uno de los más convencionales en su prosa, posiblemente sea el que mejor relate esa tensión entre deseo de huir y de quedarse, pues el protagonista se encuentra inmerso en una investigación policial en torno al fallecimiento de un académico cuya principal preocupación era la búsqueda de la última palabra del mundo, la que le daría la paz pero también la que le pondría fin.

Cuaderno, una suerte de registro de bitácora en un espacio en el que los infantes se han revelado, y Cierto lugar, el más experimental de los relatos en cuanto a forma –que recuerda en algo al Residua de Beckett– cierran este libro publicado por Periférica, editorial que ya había editado la primera novela de Cabral, Catálogo de formas, en 2014. Este autor argentino ha logrado con su prosa una especificidad particular que expresa, además, esa situación tan contemporánea de todo aquel que escribe y habla hoy: el saber que ya no hay fuerza posible que nos permita entrar al reino de la calma –que ya no hay una “palabra suya que bastará para sanarnos”– y que ni siquiera podemos hacer de nuestras palabras un espacio habitable, pues nos olvidamos de algo de nosotros mismos cuando las usamos.

Por eso los personajes de Cabral hablan como hablan: su condición es la de seres que son incapaces de callar, una condición perversa, fetichista, inquieta, que quizá a lo único les deja aspirar es a dejar de ser lo que son. Esa misma tensión entre la búsqueda y la necesidad de huir, entre nada que decir pero imposibilidad de callar, el deseo de permanecer y el deseo de marcharse, esa palabra que es a la vez promesa y límite, es la que expresa esta colección de cuentos de Nicolás Cabral en la que la casa de la que se intenta escapar y llegar es el mismo lenguaje.


Las moradas

Las moradas
Autor: Nicolás Cabral
Editorial: Periférica
Páginas: 136
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Redacción de Ámbito Cultural

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