Críticas

“Leer”, de André Kertész.

Leticia Garcia
Escrito por Leticia Garcia

¿Por qué la palabra escrita atrapa nuestra mirada allá donde estemos, sea en un idioma legible o no, sea sobre una puerta de baño o sobre una hoja impresa? ¿Cuántas veces en un metro nos hemos inclinado sobre el hombro del vecino, curiosos de su lectura? ¿Qué se puede leer en el rostro del que lee? Y ¿cómo y dónde lee el que lee?

Las editoriales Errata Nature y Periférica, en una complaciente respuesta a esas cuestiones e incluso al consejo del fotógrafo Philippe Halsman, “La fotografía es la disciplina artística más joven, todos los esfuerzos por ampliar sus fronteras son importantes y deben de ser alentados”, publica Leer por primera vez en castellano con un prólogo de Alberto Manguel y una nota de Robert Gurbo. Leer es obra de André Kertész (Hungría, 1894 – Estados Unidos, 1985) y recopila una serie de fotografías de gente leyendo entre los años 20 y 70, localizadas en París, Buenos Aires y Tokio. Las imágenes, todas en blanco y negro, se editan en pequeño formato. El cuidado que se ha puesto en la edición no evita que se eche en falta el pie de foto al final de cada imagen, lo que evitaría el tener que recurrir al índice al final del libro.

La serie de fotografías que incluye Leer refleja el tipo del fotógrafo que André Kertész fue: uno de los autores más destacados de la llamada fotografía de calle. La falta de pose, lo absortos que están los lectores en sus libros (que ignoran tanto aquello que les rodea en la ciudad como al fotógrafo) hace que su serie no pueda ser más viva y auténtica, fruto de aquello que él definió como fotografía emocional y que Cartier Bresson explicó mejor: “Cada vez que André Kertész oprime el obturador, siento el latido de su corazón”.

André Kertész no perteneció a ningún movimiento artístico, era un húngaro sencillo, un hombre algo solitario y tímido, quizá por eso muchas de sus fotos en Leer tratan de gente sola y aislada leyendo en azoteas o en parques. Resulta hermoso que los fotografiara desde otras aceras o terrazas, invitando a escapar de nuestro mirada habitual según su preferencia: “Me gustan los disparos altos. Si usted está en el mismo nivel, se pierde muchas cosas”. En estas instantáneas ningún elemento queda desenfocado, el paisaje y el lector comparten el mismo plano, la ubicación gana la importancia merecida, porque cuán cierto es que a menudo escogemos el lugar donde leemos, y que tiene que ser en aquella silla y bajo esa luz o en esta cafetería, de igual manera que hay libros y estados de ánimo que invitan a hacerlo al aire libre.

Kertész fue viajero en Francia, Argentina o Japón, lugares en los que se detuvo ante lectores que no se antojan diferentes unos de otros cuando es el mismo hombre el que los mira y fotografía. Una de las maravillas del libro está en cada uno de los lectores, de dispares edades y condiciones, que imprimen su gesto y su postura ante el libro abierto, como el niño que lee uno de los periódicos sobre el que se sienta mientras su helado gotea.

Es muy atractivo también rememorar las modas, peinados femeninos, zapatos de aquellos años y sobre todo sentirse identificado con aquel otro lector anónimo que en momentos robados al día se escurre allá donde puede para leer, pues quién no ha deseado en nuestro siglo igual que en el otro, plantar un libro sobre la mesa de la oficina en las horas de estancamiento laboral.


Leer

Autor: André Kertész
Editorial: Periférica y Errata Naturae
Páginas: 80

 

Sobre el autor

Leticia Garcia

Leticia Garcia

Leticia García (Madrid, 1987) se licenció en Ciencias Físicas pero su curiosidad aún no se siente satisfecha y quizá por eso perdura su amor por la literatura.

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