Críticas

“Monsieur Venus”, de Rachilde.

Leticia Garcia
Escrito por Leticia Garcia

Decir que esta es otra historia de una terrible femme fatale sería dejar al lector desarmado ante la novedad de Monsieur Venus y luego hambriento tras su lectura. Sería también inclinarle a prejuzgar la novela desde el ángulo equivocado. Es necesario saber que fue publicada en 1884, el mismo año en que también lo fue Los poetas malditosm, de Verlaine, y en el que la Academia de París aprobó la cura de la rabia. Que además la obra se acoge (y alimenta) al movimiento decadentista  y que en algo adolece del mal du siècle.

Monsieur Venus es una novela queer avant la lettre. Es la historia de una aristócrata travestida, de un ambiguo obrero devenido diosa y de la unión erótica entre ambos. El deseo de evasión del mundo que le rodea,  la búsqueda de una respuesta artística singular lleva a la protagonista, Raoule, a encarnar el sentimiento que ocupa toda la novela: «¡Estoy enamorado de un hombre y no de una mujer. No me han amado lo bastante como para que haya podido desear tallar un ser a imagen de un esposo… Quise lo imposible y lo tengo, es decir, no, ¡nunca lo tendré!».

Raoule, adscrita al pensamiento materialista, da forma a su pasión como afirmó Verlaine, «creando  un nuevo vicio». Si esta obra no se contextualizara como finisecular y decadentista podría resultar brutal, dada la ausencia de muestras de placer, el sometimiento de un ser débil (el hombre) a un ser fuerte (la mujer) por medio de drogas, violencia y masoquismo (en un capítulo ella bebe de la sangre de su amante y en otro incluso de la propia). Pero en la evocación de la antigüedad clásica, época que normalizó las prácticas sexuales que la psiquiatría del siglo XIX calificó de perversiones, Raoule encuentra su razón de ser: «Safo no podía ser una prostituta, sino que era más bien la vestal de un nuevo fuego. En cuanto a mí, si yo creara una depravación nueva, sería sacerdotisa, mientras que mis imitadores se arrastrarían, tras mi reinado en un fango abominable».

Al igual que los deseos de Raoule, toda la novela borbotea una gran complacencia estética que inunda el contenido y la forma: a través  del lenguaje culto y preciosista, de los ambientes que con él recrea y de las prácticas amatorias entre ambos personajes. El lenguaje se alía a la trama. El avance en la lectura supone la transmutación gradual de los amantes de hombre a mujer y de mujer a hombre. Y ese travestismo que en principio en solo narrado trasciende a la palabra escrita, se altera el género de pronombres y tratamientos: al final ella es monsieur y él es madame.

Rubén Darío, en su libro Los raros,  dedica un capítulo a la autora y dice de ella: «El mayor de los atractivos que tienen las obras de Rachilde está basado en la curiosidad patológica del lector, en que se ve la parte autobiográfica, en que se presenta al que observa, sin velos ni ambages, el alma de una mujer, de una joven finisecular con todas las complicaciones que el mal del siglo ha puesto en ella. Barrès se pregunta: ¿porqué misterio Rachilde ha alzado delante de si a Raoule y a Jaques?». El volumen de Monsieur Venus que KRK edita incluye el prólogo de Maurice Barrés a la edición de 1889, también numerosas notas a pie de página, las necesarias para apreciar la novela, y un cuidado prólogo de Rodrigo Guijarro Lasheras. Todo ello esclarece algo el misterio que ya entrevió Rubén Darío. Resulta estimulante que Monsieur Venus de nuevo plantee aquellos interrogantes al que la lea en el siglo XXI.


Sobre el autor

Leticia Garcia

Leticia Garcia

Leticia García (Madrid, 1987) se licenció en Ciencias Físicas pero su curiosidad aún no se siente satisfecha y quizá por eso perdura su amor por la literatura.

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