Críticas

“Moravia”, de Marcelo Luján.

Manuel Álvarez
Escrito por Manuel Álvarez

Juan Kosic es un prestigioso bandoneonista de origen checo-argentino que vive en New Orleans con su mujer y su hija. En Estados Unidos tiene todo: familia, éxito y dinero, pero le falta algo. Ese algo es el reconocimiento de su madre y su hermana de un país que no lo vio triunfar. Juan se fue de Argentina a sus veinticinco años jurando volver con gloria. Es por eso que quince años después de su ida concibe un plan y decide volver de visita a la Argentina. Le había llegado su hora. Aunque el regreso tenía un trasfondo algo complejo, lo que quería no era el simple hecho de volver, ni siquiera volver con gloria, lo que realmente quería era refregarle esa gloria a su madre y su hermana, que vieran en lo que se había convertido él, el inútil del pueblo de Buen Respiro. Volver solo para demostrar que se equivocaron. Volver para decir acá tienen.

Moravia (Salto de Página, 2017) es la segunda novela de Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973). Ahora vuelta a publicar después del éxito que supuso Subsuelo, su tercera y consagratoria novela. Es una novela exquisitamente oscura, una tragedia griega en la Argentina del siglo pasado, triste y fatal, como un tango duro. “El tango es un pensamiento triste que se baila”, decía Discépolo. Resignifiquemos entonces y digamos que Moravia es un pensamiento triste que se lee.

La trama que utiliza Luján, con sus licencias literarias, surge de un fragmento de El extranjero de Camus. El fragmento es del momento en que Meursault, preso en Argelia, lee la noticia de un trozo de diario. Luján, para que no queden dudas, exhibe el párrafo entero al final del libro, su libro sobre otro extranjero: Juan Kosic.

El mérito del escritor no pasa por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. Su prosa es clara por momentos, poética en otras ocasiones, muy pegada al suspenso, creciendo en intensidad. La historia fluye con ritmo, con capítulos cortos y pocos diálogos que dosifica para salirse cuando golpea. Es un escritor que trabaja las palabras con la precisión de un arquitecto que hace mediciones.

“El hogar es una memoria. La única memoria: pues la memoria es nuestro hogar”, escribe Fuentes en Gringo Viejo. Y aplica para Juan y su vuelta a casa. Los recuerdos miserables son los que lo obligan a volver y cerrar su historia, una historia de resentimiento. La memoria siempre opera con vocación de jaula y Juan Kosic lo sabía.

Los recuerdos en la novela persiguen como fantasmas, no solo para Juan, sino también para Lidia, su mujer, y para Anna y Ofelia, madre y hermana. El pasado siempre vuelve. Deberían haber elegido olvidar, pero ¿quién puede olvidar?, ¿quién se burla de quién?

La historia cuenta un viaje de regreso, desde el transatlántico Murray II, pasando por el tren que cruza la patria peronista, hasta la ida a pie, sobre el pavimento nuevo y bajo el sol tremendo de febrero, al pueblo de Buen Respiro. Pero también es un viaje histórico, ya que Luján usa el flashback para contarnos las historias de los personajes, sus orígenes y las penurias del exilio de los Miclav y los Kosic a Estados Unidos escapando del nazismo, por un lado, a Argentina escapando de la crisis europea de principio del XX, por el otro.

Es una historia que trata sobre las complicaciones del lenguaje, la incomunicación, sobre el juego de la arrogancia y la ambición, sobre las miserias familiares y, sobre todo, la fatalidad. Como dice el narrador: “Viene apurada la desdicha y sin que nadie la llame: viene con su mala espina y nunca es tiempo de esquivarla. Nunca”.

Lidia nunca estuvo de acuerdo con el plan de Juan, lo alertó de que era una mala idea, no le parecía correcto alardear frente a los que menos tienen. Pero a pesar de los consejos de su mujer, Juan decidió jugar, decidió transpirar sus manos de bandoneonista y tocar la puerta de su pueblo. Cuatro pasos, cuatro golpes.

Y fueron como cuatro breves golpes que dieron en la puerta de la desgracia.


Moravia

Moravia
Autor: Marcelo Luján
Editorial: Salto de Página
Páginas: 176
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Sobre el autor

Manuel Álvarez

Manuel Álvarez

Manuel Álvarez (Buenos Aires, 1986) ya de pequeño heredó de su padre el fanatismo por los libros. Podría decirse que la escritura en él es una consecuencia lógica de la lectura. De chico un profesor le dijo que leer es oír escribir y él, que siempre quiso que lo escuchen, se puso a escribir.

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