Columnas

La obsesión del corrector

ortografía
Ángela Medina
Escrito por Ángela Medina

Rivers Cuomo -compositor, cantante y guitarrista de la banda Weezer- se sentía incapaz de componer un tema sin ningún defecto, por lo que en vez de seguir practicando, se decantó por buscar la manera de obtener la canción perfecta. Su obsesión por suprimir cualquier error en la ejecución, le llevó a crear en 1999The Encyclopedia of Pop, una carpeta de anillas en la que recogió tres métodos con los que poder obtener un buen tema. Su modelo se basaba sobre todo en las composiciones de Kurt Cobain, a partir de las cuales desarrolló una fórmula matemática que aplicar a sus propias creaciones. Ninguna canción de Cuomo aparece en ningún ranking como la más perfecta de la historia, y probablemente en su obsesión el gusto musical era un factor demasiado determinante. Pero al menos lo intentó.

Prescindiendo de cualquier inclinación por un grupo musical o por cualquier cosa que no pudiera medirse objetivamente, hace unos meses Bryan Henderson, uno de los editores de la Wikipedia inglesa, reparó en el mal uso de la expresión “comprised of” en algunos de los artículos de la enciclopedia online. Empezó a dedicar las tardes de los domingos a subsanar el error. A mano. Página por página. Una a una. Hasta llegar a modificar un total de 47.000 artículos. Inimaginable es el placer que pudo sentir Henderson cuando realizó la última corrección. Todos los artículos que había consultado eran perfectos, al menos en lo que se refería al “comprised of”. Esperemos por su bien que esa fuera su única obsesión. En 2005 se calculó que la Wikipedia en inglés, en sus para entonces cuatro años de vida, casi había alcanzado los 900.000 artículos. Háganse una idea de lo que puede ocupar ahora y pídale a un corrector que se ponga a revisarla. ¿Cuántas vidas necesitaría? Sin contar que, a medida que fuera corrigiendo, se irían añadiendo nuevos artículos… Impensable e inabarcable.

Y sin embargo, incluso aceptando que algunas cosas ya no tienen remedio, al corrector le sigue temblando el ojo de la misma manera cuando se topa con una falta ortográfica, un mal uso de la cursiva, un punto después de un signo de interrogación o un doble espacio.

Hagan el experimento de llevárselo al barrio de las Letras de Madrid y observen su cara al leer las citas literarias grabadas en el suelo. Puede que usted sonría al toparse con los versos de Góngora, pero nuestro corrector no dejará de ver unos puntos suspensivos después de la última coma. Al menos en el medio online existe un código al que se puede acceder y modificar lo que haga falta, pero repetimos: citas literarias grabadas en el suelo. Demasiado cemento para solo alcanzar la perfección.

(No pensemos en todo lo que podría encontrar en este texto…)

Pero frente a Cuomo y Henderson, que intentaron reparar los errores en solitario, la cuestión del corrector en busca de alcanzar la perfección empieza a ser mainstream.

Una mujer en Quito despertó indignada una mañana al ver que unos vándalos habían grafiteado el muro de su casa. Pensó que haría falta una buena capa de pintura pero, cuando se disponía a darla, descubrió que alguien había vuelto a pintar sobre la pared para corregir las faltas del texto. Le pareció tan original la idea que el grafiti corregido sigue adornando la entrada de su hogar. Los segundos vándalos -a los que dejaremos de llamar vándalos, porque se expresan muy bien- pertenecían a la Acción Ortográfica del Ecuador, una brigada de amantes de la ortografía que hace la revolución en la ciudad corrigiendo los textos mal escritos que encuentran por la calle. Un movimiento que fija y da esplendor -aunque no limpia- y que ha llegado hasta Madrid para ayudar a que la gente se comunique bien con pinturas, rotuladores y pegatinas. Una acción callejera que además gusta a medios y peatones, puesto que parece que lo que realmente hacía daño era la falta ortográfica.

Así que nuestro corrector imaginario ya puede salir a la calle sin perder el buen humor y sustituir, si lleva el aerosol a mano, un “Sino es ahora cuando” por un “¿Si no es ahora, cuándo?”, sintiéndose apoyado por la sociedad en su obsesión por conseguir que todo texto esté perfectamente escrito.

Las brigadas ortográficas han sacado a la luz y popularizado una labor que brilla más cuanto menos se nota, han convertido el vandalismo callejero en algo útil y, sobre todo, han puesto de moda la buena ortografía. Y ya se sabe que para conseguir que el público haga algo no hay un camino mejor que convertirlo en tendencia.


Sobre el autor

Ángela Medina

Ángela Medina

(Cádiz, 1981) es licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas, máster en Escritura Creativa y máster en Edición Profesional de Libros. Trabaja en varios proyectos relacionados con la creatividad: es copywriter online para diversas agencias y estudios de publicidad, profesora en Hotel Kafka, colaboradora en Ámbito Cultural y editora en 120 Pies. Es autora de las novelas Pañales y cerveza (Demipage, 2011) y En frío (Ediciones La Palma, 2015), y del libro 742 ideas para escribir (Kitsune Books, 2016).

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