Críticas

La palabra se hace arte

Edelvives apuesta por una Biblia ilustrada que no entiende de edades: una edición diseñada para disfrutar de uno de los grandes afluentes culturales de occidente a través de la imagen.

Biblia

Edelvives apuesta por una Biblia ilustrada que no entiende de edades: una edición diseñada para disfrutar de uno de los grandes afluentes culturales de occidente a través de la imagen.

Es recibir este libro y preguntarme ¿por qué editar otra vez la Biblia?

Quizá un poco de historia nos ayude a obtener una respuesta. En el siglo III a.c. (sí, tan lejos nos vamos) ante la necesidad de conseguir que la comunidad judía de Alejandría entendiese algo de sus textos sagrados, se dispuso realizar una traducción fidedigna de la Bíblia al griego. Al griego koinós, no al griego clásico de Homero o Esquilo sino al nuevo griego de la cultura helenística que se había extendido por lo que llamamos oriente. El problema surgió a raíz de que los judíos post-diáspora habían paulatinamente olvidado el hebreo para decantarse por el griego y el arameo.

De la reunión de sabios surgió uno de los dos cánones para la Biblia y un texto traducido del hebreo para el antiguo testamento: la Septuagésima o Biblia de los 70. Se llamó así no por la década de los setenta sino por los 70 sabios que se estrujaron el cerebro para traducirla. Lo más curioso del asunto es que no se consideró que aquel texto fuese una mera traducción sin valor real sino “Palabra de Dios” de la buena. Oro de ley. Es decir, Dios empezó a hablar al pueblo de Abraham, de Isaac y de Israel, en griego.

Lo que hoy llamamos multiculturalismo, vamos.

Unos 600 años después, en medio de la desintegración del imperio romano y ya con el cristianismo en vistas de consolidarse, uno de los cuatro padres latinos de la iglesia, San Jerónimo, realizó otra traducción del antiguo y del nuevo testamento, esta vez al latín. Se llamó la Vulgata y se convirtió en la traducción más influyente de la historia. Hasta hace poco más de 30 años siguió siendo el texto canónico para la doctrina de la iglesia católica. Desde ese momento hasta bien pasado el renacimiento, la Vulgata fue la referencia para todo el mundo cristiano. Tanto para literatos, dramaturgos, reyes, emperadores, legisladores y teólogos. Esta fue la Biblia que leyó Dante, Santo Tomás de Aquino, Hildegarda de Bingen, Escoto, Eckhart y Montaigne. Este es, en definitiva, el texto que marcó a occidente más claramente: desde las invasiones bárbaras (los cuales ya habían realizado traducciones propias seguidoras del arrianismo. Véase la de Wulfila al gótico) hasta la avalancha reformista del renacimiento. La Edad Media no son caballeros, cruzadas y miseria; la Edad Media es, de un costado al otro, la Vulgata.

Con el advenimiento de la edad moderna se inican las ediciones que más nos han influido en la modernidad. Está la traducción luterana de la Biblia que emitió el pistoletazo de salida para el protestantismo.  El movimiento humanista dejó también su huella con la edición de las biblias filológicas de corte científico y textual: la Políglota de Amberes o la Políglota Complutense son buenos ejemplos y además patrios. Fundamental en el mundo de las letras es la edición inglesa conocida como King James: la Biblia de Shakespeare, aquella que impregna toda su obra, la de Milton o la de escritores mucho más actuales como Faulkner. Retales de esta traducción, palabras sueltas, se pueden hallar como pepitas de oro a lo largo de ese Ponto que denominamos literatura anglosajona.

En definitiva la vida y los cambios en la Bíblia se han dado siempre con la intención de “traducir” o hacer llegar el texto a los lectores. En esta línea conviene preguntarse si en este tardío 2013, la opición de la “Bíblia Ilustrada” no será la más adecuada para llegar hasta el lector. Edelvives se añade ahora a esa tradición y publica esta versión de la Bíblia cuyo mayor acierto es desvincular la Biblia ilustrada de la Biblia infantil. Además apuesta por un texto, el Ecuménico, con cierto perfil aséptico en cuanto al debate textual entre las distintas Iglesias que utilizan el Libro. Gracias a unas ilustraciones francamente expresivas, a medio camino entre el sueño oriental y el pan de oro, el libro permite disfrutar de algunos grandes textos de la Biblia y acercarlos con gusto a un público no obligatoriamente infantil. Las narraciones elegidas poseen un perfil sin lugar a dudas religioso pero que también alimentan algunos de los manantiales que más han calado en el carácter occidental, como por ejemplo la génesis, patriarcas y Sansón. Es, por lo tanto, una edición diseñada para disfrutar de uno de los grandes afluentes culturales de occidente a través de la imagen: otra manera de modernizar el texto sagrado.

Entonces ¿por qué volverla a editar? Para añadir otro granito de arena (otra posibilidad) al desierto que es la historia bibliográfica de la Biblia “[…] y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar […]” (Génesis 22:17).

Me refiero, al fin y al cabo, a algo que tiene que ver con la tradición. Con la línea de continuidad que dibujamos entre lo que éramos y lo que somos.


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Editorial: Edelvives
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Redacción de Ámbito Cultural

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