Críticas

“Pequeños tratados”, de Pascal Quignard.

Es natural desconfiar cuando un autor nos plantea su obra como inclasificable. No suele pasar de coquetería intelectual, de tentativa inocua de transgresión de géneros, de llamada sin éxito al fin de las taxonomías literarias. No lo es si se trata de Pascal Quignard (Francia, 1948); especialmente cuando más que declarar, confiesa: «Los Pequeños tratados no son ni ensayos ni ficciones. Eran algo que no cabía en ningún género. Eran cortos argumentos desgarrados, contradicciones que se dejan abiertas, manos negativas, aporías, fragmentos de cuentos, vestigios (…) Siempre he amado las cosas rechazadas». La editorial Sexto Piso España cierra un año de excelente catálogo con un hito, la publicación de estos Pequeños tratados. Un cofre que contiene dos volúmenes y sesentaiún tratados y en el que, como dice la solapa, «están a resguardo los tesoros más preciados de la historia humana».

Quizá fragmento sea, en efecto, la palabra que más se acerca a la naturaleza común de los escritos que integran esta obra elegantísima y que su traductor, Miguel Morey, abre con una nota más que clarificadora. Son astillas textuales de las que destacan cientos de frases en relieve, como si con su contundencia y belleza quisieran contradecir a la duda nuclear que habita estas páginas. Pero la relación que mantienen entre sí responde más bien a la disposición rizomática de Deleuze: su orden no es jerarquía, es pensamiento desplegado en la relativa libertad que le permite la escritura, y cada uno de esos fragmentos remite y afecta a cada uno de los otros. La paciencia que se demore en el incuestionable goce de esta lectura será la que acceda al mundo relacional que se abre ante sí en cada detalle. Porque lo que el prolífico autor francés escribe es un «antepaís silencioso, quimérico, del que nadie guarda recuerdo, aunque muchos conserven la nostalgia». Lo escribe a través de una exploración ontológica: por contacto con cada uno de los elementos que lo pueblan.

La escritura de Pascal Quignard es entonces ese antepaís, pero también una ruta paralela, una reflexión exhaustiva y que adivinamos inevitable en un pensador de sus características. De formación filosófica (Ricoeur, Levinas o Lyotard fueron algunos de sus maestros) y una vida dedicada a los libros de muy diversas maneras, el autor no puede desvincularse ya de la mirada: se sitúa en torno a un tema capital de lo humano y lo observa, lo escruta por cada una de sus caras y en todas las posibles iluminaciones. Y todas llevan a lo escrito: de ahí su recurrencia a la página, a la literatura, al carácter de lo elocuente, a las bibliotecas, a las lenguas muertas, a la traducción casi imposible de un inasequible pensamiento a la letra, material. Pero no se trata de un sistema, nada más lejos: «Sistemas enteros parecen reiterar: horror al vacío. “¡Una respuesta mejor que nada! ¡Una pesadilla, una tiranía, no importa qué, una guerra, un amor, una superstición, todo antes que la falta de sentido! Pero no son más que vacío. Son el sonido que produce el vacío. La amenaza no proviene del vacío sino del miedo al vacío». No es sistema la alarma desde ese vacío para reconocerlo como tal. Es, en todo caso, el uso del lenguaje –violentado hasta sus límites– para decir lo impensable, lo inimaginable, lo indecible. Una duda, porque «La dubitación es el placer de la energía de pensar. Puede desearse decir. No puede desearse responder». Menos aún cuando todas las respuestas, a pesar de todo, ya han sido dadas.

Los Pequeños tratados son, en verdad, inclasificables en todo lo que de positivo tiene el término. Un borrón de tinta como el que figura en las cubiertas de esta impecable edición en la que habitar. La magnitud –en forma y contenido– de obras como esta de Quignard demuestra que, ciertamente, la más alta literatura es garabato. Y que así sea.


Pequeños tratados

Pequeños tratados
Autor: Pascal Quignard
Editorial: Sexto Piso España
Páginas: 904
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Sobre el autor

Azahara Alonso (Hotel Kafka)

Azahara Alonso (Hotel Kafka)

Azahara Alonso (Oviedo, 1988) es licenciada en Filosofía y máster en Escritura Creativa. Autora del libro de aforismos Bajas presiones (Trea, 2016), trabaja como coordinadora de la escuela de literatura Hotel Kafka y de la web Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Escribe crítica literaria para distintos medios nacionales e imparte clases de escritura creativa y poesía.

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