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Pornografía y Wikipedia

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Ángela Medina
Escrito por Ángela Medina

A mediados del siglo XVIII dos hombres muy listos se propusieron un reto: recoger todo el conocimiento humano en un solo libro. Aunque al final tuvieron que ser varios tomos. Y al final tuvieron que colaborar, no sabemos a cuánto la hora, un groso grupo de intelectuales. Así, en 1751, aparecía el primer volumen de la Encyclopédie y, desde ese momento, cualquiera que lo deseara (y si sus circunstancias se lo permitían) podía acceder a todos los frutos del saber humano.

Dos siglos después la historia se repitió, aunque ya elevada al nivel experto. También fueron dos hombres muy listos los que sumaron una dificultad más al reto: no solo querían recoger todo el conocimiento humano en un solo lugar, sino que además se prometieron hacerlo llegar a todos los rincones del planeta (sin importar las circunstancias). En este caso también contaron con un grupo de colaboradores (que no intelectuales, puntualizó aquél), que a ciencia cierta ni uno cobró, y publicaron una obra que en el año 2013 ya alcanzaba los 1.900 volúmenes. Y por el arco del triunfo pasó la Wikipedia, convirtiendo la construcción de conocimiento en algo mucho más democrático.

Pero si a Diderot y D’Alembert les juntó un editor francés con fines ya didácticos, a los creadores de la Wikipedia les unió, en primer lugar, una lista de correo sobre filosofía, y en segundo, el desarrollo de un motor de búsqueda de contenidos eróticos y pornográficos. Ese es el germen de esta historia.

El invento funcionaba de la siguiente manera: cualquier usuario podía entrar en la web para contemplar gratuitamente las fotografías de hermosas chicas en paños menores, pero siempre en paños. Si el interesado quería asomarse un poco más, tenía que pagar una cuota. De este modo la bolsa de monedas de Jimmy Wales y Larry Sanger se llenó y se llenó, hasta que al final la curiosidad por ver a una mujer desnuda acabó financiando uno de los proyectos de inteligencia colectiva más conocidos y reconocidos de nuestro siglo.

Se podría decir, trazando una línea directa desde su inauguración al día de hoy, y obviando todo lo que queda en medio, que fueron los cuerpos desnudos de bellas mujeres los que nos abrieron las puertas del conocimiento. Que enseñar más de la cuenta y en una postura apropiada derivó, como si de un clásico efecto mariposa se tratase, en la concesión de un premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional el año pasado, e incluso en la predicción de la propagación de enfermedades como el dengue o la gripe, gracias a históricos de más de tres años de datos.

Durante los 15 años de vida de la enciclopedia online muchas son las historias que han protagonizado, tantas que darían para una extensa crónica de éxitos y fracasos, entre los que se dividen los que ponen en duda su valor como fuente primaria y los que ya no conciben documentar sus trabajos sin pasar por una de sus entradas. Stephen Colbert habló de la wikiality, o de ese poder de crear una realidad con la que todos estemos de acuerdo. David Slater demandó sus derechos de autor por el selfie de un mono. Incluso existe un algoritmo que nombró a Carl Linnaeus la personalidad más importante de la Wikipedia (aunque ya me dirán cuántos usuarios conocen o buscan información sobre el botánico). Podríamos seguir recopilando y sumando, pero preferimos quedarnos con el origen de todo: con esas agraciadas muchachas que, después de satisfacer los deseos físicos de los internautas, alimentaron su erudición.

Si no se lo creen, consulten la Wikipedia.


Sobre el autor

Ángela Medina

Ángela Medina

(Cádiz, 1981) es licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas, máster en Escritura Creativa y máster en Edición Profesional de Libros. Trabaja en varios proyectos relacionados con la creatividad: es copywriter online para diversas agencias y estudios de publicidad, profesora en Hotel Kafka, colaboradora en Ámbito Cultural y editora en 120 Pies. Es autora de las novelas Pañales y cerveza (Demipage, 2011) y En frío (Ediciones La Palma, 2015), y del libro 742 ideas para escribir (Kitsune Books, 2016).

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