Entrevistas

“Punto de Fisión”

punto de fision

“Es difícil comenzar una historia por el fin. Sobre todo si es el fin del mundo, el final de todos los finales”. Mirando de frente al infierno en la Tierra. Así empieza David Torres una obra que hace confluir elementos genéricos en apariencia dispares en una trama bajo la que subyace una sincera declaración de amor al oficio de escribir. En un momento en el que Japón se estremece ante la amenaza de un desastre nuclear, el autor, que aborda en su último trabajo las consecuencias de la catástrofe de Chernóbil, comenzó la entrevista preguntándose si las novelas “tienen las antenas desplegadas y captan la realidad de alguna manera”. El poder anticipador de la palabra es uno de los temas de este ‘Punto de Fisión’ que ha merecido el IV Premio Logroño de Novela.

Ámbito Cultural: En la novela, el personaje de Julia, define el libro escrito por Sergei -que, en un juego especular se llama también Punto de fisión, como “un cóctel a medio camino entre el disparate total y la novela picaresca con la tragedia de Chernóbil como telón de fondo”. ¿En qué medida crees que esta definición se ajusta a la obra de David Torres?

David Torres: Sí puede servir, hay bastante de tragedia, bastante de humor y de disparate. Es una novela tan compleja que la definición se iba a quedar coja por algún lado, siempre.

AC: ¿Cuál es la mejor actitud para acometer la lectura de Punto de fisión?

DT: Es una novela mucho más fácil de leer que de explicar. Se deja leer muy bien, hay que leerla como si fuera una novela tradicional, aunque no lo es. Es una novela que va envolviendo al lector.Vivimos en una época en la que los novelistas ya tenemos suficiente competencia desleal del cine, de la televisión y de todo tipo de medios como para pedir al lector que haga un esfuerzo sobrehumano y se lance con un cuchillo entre los dientes a desbrozar una obra. Simplemente, el lector va a pasarlo bien siempre que busque emociones. No es una novela difícil de leer, aunque tiene una complejidad de emociones y los personajes son bastante complejos.

AC: ¿Cuál fue el punto de partida para escribir la novela?

DT: Tenía una imagen que era algo así como empezar con un gatillazo y terminar con una erección. El personaje que se planteó primero fue el de Matas, al que metí en el mundo editorial. Quería hacer una novela sobre el fin de los valores masculinos o el descrédito de los mismos y me parecía que empezar con un gatillazo era un buen punto de partida. Esa historia cómica se fue enredando con otras historias, como la del PICHY, el grupo de terroristas chulapos, pero en el momento en que se cruzó por medio la historia de Chernóbil la novela adquirió un tono trágico que en un principio no tenía y por eso tiene esa mezcla un poco disparatada entre la comicidad y la tragedia. Pero creo que es un tono muy típico de otras grandes novelas: desde El Quijote hasta John Irving, casi todos los novelistas nos movemos en esos registros extremos.

AC: En la nota final de la novela, afirmas que no hay demasiada bibliografía sobre Chernóbil. ¿Cómo abordaste la investigación sobre la tragedia?

DT: Básicamente hay un libro de Frederik Pohl y lo demás lo encontré en Internet. Aunque más que Chernóbil me interesaba el escenario post-apocalíptico, el escenario post-nuclear y para ello me vino muy bien la página web de Elena Filatova (www.elenafilatova.com). Mientras escribía volví a ver Stalker de Andrei Tarkovski, una la película muy difícil que en su tiempo no entendí y que me dio la idea de la búsqueda, de meterse en una zona prohibida, en una zona donde ha ocurrido algo terrible y de esa búsqueda de niños, de exploradores que van buscando a través de los edificios de la ciudad abandonada los recuerdos que se dejaron allí sus habitantes.

AC: El personaje de Boris dice en un momento que “un futuro que no guarde las enseñanzas del pasado no vale para nada”. En este sentido, ¿la elección del tema de Chernóbil está relacionada con esa necesidad de recuperar la memoria?

DT: Aunque lo dice con otro sentido, es evidente que Chernóbil debería ser una lección para esos científicos y, sobre todo, esos políticos arrogantes y sus correvediles que creen que la energía nuclear es segura. Lo único que sabemos de la energía nuclear es que falla y que, cuando falla, las consecuencias de la catástrofe duran milenios. Es algo que ocurrió con Chernóbil y que puede ocurrir de nuevo en Japón.

AC: Tu novela es de fácil lectura pero tiene una estructura narrativa compleja en la que alternas diferentes líneas argumentales y juegas con el plano entre realidad y ficción. ¿Cómo ha sido el trabajo con este tipo de narración y qué riesgos has corrido?

DT: El principal trabajo ha sido hacer lo posible para que el lector no note esta estructura, no perciba que hay un esfuerzo y un trabajo, porque entonces se desmoronaría la ilusión de “realidad”. En cuanto al trabajo técnico en sí, el problema fue armonizar las distintas partes. El problema no es que fueran disparates, porque la realidad ya es muy disparatada, sino que el disparate del PICHY no se comiera el resto de lanovela. Y lo más difícil con diferencia fue la historia de Zubiri. No sabía muy bien qué hacer con ella hasta que descubrí lo que pasaba con el personaje. Quizás eso es lo que más me gusta de escribir novelas, descubrirlas mientras las estoy escribiendo.

AC: Desde que comienzas a escribir Punto de fisión hasta que llegas al final del proceso, ¿qué otras cosas descubres mientras avanzas en el camino de la escritura?

DT: Vas descubriendo cosas, por ejemplo, que el personaje de Matas que, en principio era un personaje de comedia, fue adquiriendo una gravedad y un peso que no tenía antes. Lo que me gusta de las novelas es que te vayan sorprendiendo como escritor y creo que esa es la razón por la que acaban sorprendiendo al lector, porque al propio autor el material de alguna forma le parece que está vivo y los personajes acaban haciendo cosas que no esperabas. Nunca me ha gustado planificar demasiado las novelas, de hecho creo que no me interesan ese tipo de obras en las que el novelista tiene perfectamente detallado todo antes de escribir. Creo que está muy bien tener cierto plan pero escribir una novela es un trabajo tan largo y tu estado de ánimo y tus energías pueden cambiar tanto que son los propios materiales los que le deben dar una dirección al relato.

 

AC: Trazas un retrato bastante duro del mundo editorial y de los ambientes literarios. ¿Cuánto hay de tu experiencia personal en este panorámica que no deja títere con cabeza?

DT: Hay bastante. Yo he conocido editores que me han dicho a la cara sin ningún pudor que no les gustaba leer. No he dado nombres pero son frases tremendas. Y sobre el mundo de los poetas, La Caverna está inspirada en un bar que existía realmente y el personaje de Luisito Sanabria es exactamente un poeta pedigüeño que deambula por los ambientes entre lamentables y al mismo tiempo entrañables de la farándula y la bohemia. Puede que haya exagerado pero hay bastante de verdad en todo lo que se muestra en la novela, no es una exageración al cien por cien.

AC: Matas, un editor que considera que la actual vanguardia literaria ya es solo retaguardia, arremete contra aquellos que apuestan por todo lo que suene “a novedad, a experimentalismo, a irreverencia con la sacrosanta tradición de la novela”. ¿Cuánto tiene tu obra de experimental y cuánto de clasicismo?

DT: Punto de fisión no es tan experimental como parece, creo además que vivimos tiempos tremendamente pacatos en cuanto a lo experimental. Cuando hoy tachan una novela de experimental la cojo y me echo a reír, la comparo, no digamos con Joyce, sino con los maestros sudamericanos de los sesenta y es bastante de chiste. Ha sido experimental en el sentido en el que he roto con varias cosas de mi pasado y en que la trama no es lineal, en que hay una novela coral. Me interesaba mucho la estructura en fuga y el hecho de meter una novela dentro de otra novela, son cosas que sé que están hechas pero quería saber si era capaz de hacerlas, si podía construir un mecanismo de relojería que funcionara y en el que todo encajara más o menos con precisión.

AC: Utilizas materiales muy dispares que al final funcionan…

DT: Ese era el reto, hacer un reloj con trozos de cualquier parte de manera que no pareciera algo mecánico sino orgánico, darle esa apariencia de vida. Mientras estaba escribiendo me di cuenta de que la vida es un poco así, tiene ratos trágicos, ratos cómicos, las tragedias tienen un lado cómico y las comedias un lado trágico. Al final, el arte de la novela es darle unidad a todo eso.

AC: ¿En algún momento pensaste que el material que estabas manejando no iba a cuajar?

DT: Sí, hubo varios momentos de desánimo. El principal fue la historia del PICHY, que empecé tres veces.Introduje algunas variantes y al final decidí contarlo a través de un policía, personaje que en un principio era funcional, con lo cual le acabó dando un tono de novela negra y, aunque en realidad no es una novela negra, sí tiene ciertos elementos. Todos los personajes han sido machados por la vida, son restos del naufragio. La historia de Zubiri fue la que me trajo por la calle de la amargura, no sabía como iba a encajarlo todo. Luego al final me di cuenta de que todas las historias hablaban de lo mismo, todos de alguna manera eran escritores no profesionales, gente que necesitaba la escritura para explicarse su vida: Matas acaba escribiendo una autobiografía que él no hubiera publicado, Sergei necesita escribir para explicarse su propia desgracia, Rodriguez escribe sonetos para intentar aliviar su dolor y Zubiri se está contando historias. De lo que habla el libro es de la necesidad de la ficción, de la necesidad de estar contándonos historias constantemente.

AC: Hay una reivindicación explícita del poder creador de las palabras ¿En qué medida tienen capacidad para modificar la realidad?

 

DT: La famosa frase de San Juan “al principio era el verbo”, es verdad. La democracia existe porque unos señores se sentaron un día y decidieron redactar la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. La palabra es el motor del mundo, para lo bueno y para lo malo. Por ello me da cierto reparo ver con qué desparpajo usan la palabra ciertos políticos y presentadores. La palabra tiene un poder muchísimo más grande de lo que pensamos. Creo completamente en la libertad, en que se puede decir todo, pero la mayoría de la gente que dice estas cosas no es consciente de que sus palabras tienen consecuencias, que no caen en el vacío.

AC: Un elemento fundamental en la novela es el sentido del humor, ¿con qué objetivo lo utilizas en Punto de fisión?

DT: El sentido del humor siempre lo he empleado en mis novelas, sobre todo en Niños de tizay El gran silencio, pero aquí tiene un sentido casi estructural, funciona como una columna del libro porque de otra manera la historia no se soportaría. Por ejemplo, la historia de Sergei en Chernóbil está narrada con un tono que la hace soportable, un tono entre infantil y casi fantástico, cuando sabemos que todo lo que está contando es verdad. El sentido del humor es lo que utilizamos en nuestra vida para tratar de aguantar los golpes e intentar resistir los embates. Sin el sentido del humor, la novela sería insoportable de leer, excesivamente trágica.

AC: Pero no ahorras momentos de gran dureza en ciertos pasajes sobre Chernóbil…

DT: La gente tiende a confundir el sentido del humor con la falta de seriedad, y el sentido del humor hay que verlo como el antídoto no de las ideas sino del aburrimiento. Hay novelistas tremendamente aburridos, que tienen mucho cuidado en que en sus novelas no salga ningún chiste, no vayan a interpretar que no son serios. En realidad, la novela se ha caracterizado a lo largo de su historia por ser el arte de la carcajada pura y dura, desde Cervantes a Tristram Shandy, Daniel Defoe o Dickens. Por ejemplo, leer a Kafka con excesiva seriedad es lo que ha hecho que sea considerado como un escritor aburrido.

AC: ¿El sexo y la muerte son dos de los temas que vertebran ‘Punto de fisión’?

DT: Vertebran esta novela y la vida en general. Está el sexo y está la muerte y entre medias, está la escritura e incluso la autobiografía, en el sentido de que estos personajes están intentando explicarse sus vidas, que giran en torno a estas dos fuerzas. El sexo está visto desde lo más sucio, la pornografía y las cintas caseras, hasta el amor más sublime, que es el que viven Julia y Sergei.

AC: La historia de amor entre Julia y Sergei remite en algunos aspectos a Vértigo…

DT: ‘Vértigo’ es la mejor recreación que en cine se ha hecho del mito de Orfeo y la historia de ambos es otra vez ese mito, tratar de traer del infierno a alguien del pasado porque físicamente se parece. Es lo que él y ella necesitan en ese momento. Se parece a la película de Hitchcock en la medida en que es totalmente inverosímil y sin embargo todo encaja.

AC:Punto de fisión ha sido galardonada con el IV Premio Logroño de Novela, ¿Cómo está siendo acogida tu última obra?

DT: Me interesa sobre todo lo que me cuentan los amigos y los lectores. Es mi libro que más está sorprendiendo porque es el más raro. Fernando Marías lo ha catalogado como una historia de amor arrolladora y yo no había visto esto, es muy curioso. Otra gente, en cambio, me comenta que se ha partido de risa con algunos personajes. Lo más gratificante para un escritor es cuando el libro comienza a andar por sí solo y cada uno lo ve a su manera.


David Torres

(Madrid, 1966) Es autor de las novelas "El mar en ruinas", "El gran silencio" y "Nanga parbat". Ha sido finalista del Premio Nadal en 2003. En 2007 ganó el Premio Tigre Juan por "Niños de Tiza". Su último libro es "Punto de Fisión", IV Premio Logroño de Novela

Punto de Fisión

Punto de Fisión
Autor: David Torres
Editorial: Algaida
Páginas: 376
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Sobre el autor

Redacción de Ámbito Cultural

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