Entrevistas

Entrevista con Tere Susmozas autora de “Terrestre océano”

Tere Susmozas: Mis personajes están atravesados por la angustia, por el miedo y el temor a que el mundo que conocen se desvanezca.

Tere Susmozas
Escrito por Sonia Aldama

Tere Susmozas y yo nos citamos en el bar Diablos Azules, en el barrio madrileño de Malasaña, un lugar de encuentro para escritores y artistas donde, además de sus famosasJam Session de poesía y relato, también puedes encontrar buenos amigos. Por el pequeño escenario de Diablos Azules han pasado autores anónimos, noveles y consagrados: Tere Susmozas se ha subido varias veces a este escenario y desde allí ha compartido sus relatos envueltos de símbolos y melancolía.

Entre sus logros como escritora, Tere Susmozas ha sido galardonada con el XVII Premio Internacional de Relato Julio Cortázar (2014), ha publicado en varias antologías y la revista Lectures d´Espagne ha traducido al francés varios de sus microrrelatos.

Hoy acecho con la grabadora la vida literaria de la autora de “Terrestre océano” (Ed. Torremozas, 2015) mientras nos tomamos un vino en Diablos Azules, se encienden las luces del escenario y se apagan las palabras de los atrevidos que subieron a contarnos un cuento:

Sonia Aldama: Tere, ¿recuerdas el primer relato que escribiste? ¿Cómo se llamaba el o la protagonista?

Tere Susmozas: No recuerdo de qué trataba el primer relato que escribí, pero si puedo hablarte del primero con el que gané un concurso. Tendría 16 o 17 años. Estaba organizado por el instituto en el que estudiaba y la junta municipal del distrito madrileño al que pertenece (Ciudad Lineal). La temática era sobre las culturas precolombinas. Yo elegí los mayas y la protagonista era una chica llamada “Chimalpopoca”. Del argumento tampoco me acuerdo mucho, pero se trataba de mostrar las costumbres y ritos de los indígenas. Luego el relato lo publicaron en una revista de la que todavía guardo, casi como un tesoro, un ejemplar.

S.A.: ¿Y el primer libro que leíste? ¿Lo has vuelto a leer?

T. S.: El primer libro con el que al terminar de leer tuve la sensación de haber leído literatura de verdad, fue El viejo y el mar, de Ernest Hemingway. Recuerdo que me impactó mucho la soledad del viejo pescador en mitad del océano. La verdad es que posteriormente he leído los relatos y otras novelas de Hemingway, pero esa, en concreto, la verdad es que no.

S.A.: Dime cuáles ha sido tus experiencias en los talleres literarios.

T.S.: Muy positiva. Yo escribía a rachas, luego lo dejaba, volvía, y pensé que un taller podría ayudarme a mantener cierta continuidad. Empecé en Fuentetaja con Víctor García Antón, que es un maestro estupendo y a quien, además, admiro mucho como escritor. Una vez aprendido lo básico en cuanto a la construcción de relatos y técnicas narrativas, cambié a los talleres de Escuela de Escritores y me incorporé a las clases de Ángel Zapata. Parte del éxito de los talleres es, por supuesto, del profesor, de la manera en que conectas con él y puede guiarte. Pero también del grupo: tiene que haber complicidad y una dinámica en la que la crítica sea constructiva. En ese sentido he tenido mucha suerte, porque me he encontrado con muy buenos compañeros.

S.A.: Has ganado algunos premios, ¿cómo te dieron la noticia del Julio Cortázar?

T.S.: Es un concurso con prestigio, así que me puse muy contenta con ese primer premio. Me lo notificaron por email. Yo no había podido abrir el correo en toda la tarde y lo hice justo antes de acostarme y me encontré con la sorpresa. Debían de ser ya como las doce de la noche, recuerdo que era lunes y ya no pude llamar a nadie para contárselo. Tuve que esperar hasta el día siguiente, pero imagínate, fui incapaz de dormir en toda la noche de la alegría.

S.A.: Muchos de tus compañeros de pupitre ya se han convertido en escritores. ¿Lees a tus contemporáneos?

T.S.: Escojo mucho mis lecturas y la verdad es que no sólo leo contemporáneos, pero sí que sigo atentamente la trayectoria de los autores españoles en torno al relato, como Javier Sagarna, Hipólito García Navarro, Ignacio Ferrando, Inés Mendoza, Javier Sáenz de Ibarra, Fernando Clemot, Ernesto Calabuig, Juan Carlos Márquez, Matías Candeira, Sergi Bellver, Julio Jurado, Paula Lapido o Juan Gómez Bárcena, entre otros muchos, y también de autores que han sido compañeros de taller o que, como yo, acaban de publicar su primer libro, como es el caso de Javier Quevedo Arcos, Miguel Dueñas, Kike Parra, Maite Nuñez, Silvia Fernández Díaz o Mariana Torres. Fuera de España, conecto con la literatura de autores como Herta Müller y Mircea Cartarescu.

S.A.: ¿Cuál es el conflicto de tus personajes?

T.S.: Podría decirse que no hay conflicto como tal. Están sus emociones y sus sensaciones, la manera en que perciben el mundo y cómo esa percepción -lo simbólico-, traída a un primer plano, se mezcla con el mundo real. Pero sí podría decirse que son personajes que están atravesados por la angustia, por el miedo y el temor a que el mundo que conocen se desvanezca. Hay cierto vértigo en cada uno de los relatos, temor al abismo que puede verse representado por una ruptura, un mar sin fondo, la sensación de que todo se acaba. Todo eso rodeado de escenarios donde lo sensorial juega un papel fundamental.

S.A.: Los relatos de Terrestre océano tienen una estructura muy marcada, ¿te ha influido el surrealismo o más bien ese lirismo que se mezcla con la oscuridad de lo cotidiano?

Sí que hay lirismo, en nada forzado porque me sale solo, pero no creo que haya surrealismo. He leído a algunos autores surrealistas, puede que algo me hayan influido, pero no se podría definir mis cuentos dentro de ese movimiento. Quizá sí hay en algunos de ellos una atmósfera onírica, como es el caso de El desamparo de los niños perplejos, pero el surrealismo es otra cosa. Lo que si hay, sin embargo, es cierta conexión con la tradición del simbolismo literario, adaptado, claro está, a las técnicas narrativas contemporáneas como son la estilización del lenguaje y una textura mucho más abstracta, lo que vendría a ser el neo-simbolismo. En cuanto al proceso, en general, es bastante largo porque parto de sensaciones y emociones. Desde ahí construyo la trama y el escenario del relato, necesitando varias reescrituras.

S.A.: Ángel Zapata escribe el prólogo de tu libro y además, nos regala una lección de literatura. Háblanos de sus clases, de si recuerdas el momento de la anagnórisis, del descubrimiento de tu yo como escritora después de alguna corrección, de alguna lección que te revelara las pautas para construir una escena o dar voz a un personaje.

T.S.: Uno de los méritos de Ángel Zapata como maestro es que enseguida detecta qué clase de escritor eres y en ese sentido te va guiando. Otra, es su gran habilitad para analizar los textos, a veces incluso desde el psicoanálisis, lo que es muy enriquecedor. Gracias a sus clases he podido acercarme a las vanguardias literarias del siglo XX y leer autores que no conocía, como Henri Michaux, que me ha influido luego mucho a la hora de escribir. También me ha enseñado a cuidar la prosodia y la importancia de la precisión del lenguaje. Y sobre todo he aprendido de él a trabajar sin prisa. Creo que su mérito como maestro es que no se conforma con enseñar técnicas de escritura, sino que pretende formar a artistas. Mi escritura evolucionó mucho cuando comencé con sus clases, cambiando la manera en la que me enfrentaba a mis textos. Luego, el libro lo fuimos trabajando relato a relato, viendo lo que podía faltarle, lo que no funcionaba o sobraba y, poco a poco, fue tomando forma. Pero aparte de un gran docente, Ángel Zapata es para mí un escritor de referencia y un excelente crítico literario, por lo que considero todo un privilegio que me haya prologado Terrestre océano.

S.A.: La editorial Torremozas solo publica a mujeres. ¿Crees que es importante esta reivindicación de la literatura escrita por mujeres? ¿Te ha afectado la misoginia literaria?

T.S.: Torremozas comenzó hace ya más de treinta años apoyando a las mujeres escritoras, una época en que era más difícil para nosotras. Por eso considero que su fundadora, Luz Mª Jiménez Faro, hizo una contribución extraordinaria a la literatura escrita por mujeres. Hoy en día, Marta Porpetta sigue con la misma línea, como un sello característico de la editorial. Yo no creo que ya sea necesario hacer esas distinciones, todo lo contrario, un modo de que la igualdad sea total es evitar hacerlas, aunque sí es cierto que seguimos estando en minoría y hay más escritores que escritoras. Pero, al final, lo que de verdad importa es que haya editoriales que apoyen a las nuevas voces que buscamos hacernos un hueco en el panorama literario y Torremozas, en ese sentido, tiene ya una importante trayectoria. Respecto a la misoginia literaria, no creo que me haya afectado.

S.A.: ¿Qué nombre le pondrías a esta generación de escritores y escritoras a la que perteneces?

T.S.: No sabría qué decirte. No sé el nexo de unión que podría hacer de nosotros una generación con un determinado nombre. Quizá podrían buscarse afinidades en cuanto a estética. Como te comentaba antes, los relatos de Terrestre océano podrían considerarse dentro de la estética del neo-simbolismo, y otros cuentistas españoles que lo han frecuentado son por ejemplo, Inés Mendoza y J.J. Muñoz Réngel, así como Ángel Olgoso y Manuel Moyano.

S.A.: ¿Lees poesía?

T.S.: Sí, casi todos los días. Hay en la poesía algo que, en cierto modo, me alimenta. A veces, incluso, leo algunos poemas antes de ponerme escribir, para colocarme en ese estado sensible que necesito para ponerme a trabajar un texto. Releo continuamente a Neruda, Cernuda y a Pizarnik. Últimamente también he leído y disfrutado de la poesía de Álex Chico y de dos autoras de las cantera de mi misma editorial, Carmen Nieto y Sara Medina.

S.A.: ¿Escribes sólo narrativa o te interesan otros géneros literarios?

T.S.: Podría decirse que también escribo poesía porque me enfrento a cada relato casi como si fuera un poema. Algunos de los cuentos de Terrestre océano, en concreto los más breves, están escritos en prosa poética, como es el caso del Universos compuestos o La plenitud del cíclope. Y, en principio, me interesa más eso que pasarme directamente al verso, aunque no lo descarto en un futuro.

S.A.: Iba a preguntarte si eres supersticiosa, porque voy a terminar con la pregunta número 13, así que para terminar, hablemos de la liturgia de la escritura, de si para ti son importantes los pequeños detalles, si escuchas las conversaciones ajenas o miras las caras de los que esperan en la cola de un concierto e inventas sus vidas.

T.S.: Soy muy observadora, así que es fácil que capte detalles que a veces a otros le pasan desapercibidos. Y busco las pequeñas diferencias de cada uno, esos rasgos que nos hacen únicos porque luego pueden venir bien a la hora de construir un personaje. En cuanto a la liturgia de la escritura, te diré que me gusta el silencio y que soy incapaz de escribir si no estoy tranquila, si hay algo que me preocupa o me altera. Respecto a la superstición, la verdad es que no, no soy nada supersticiosa, así que está muy bien terminar con esta pregunta, aunque sea la número 13.


Tere Susmozas

Tere Susmozas (Madrid, 1974) es diplomada en Marketing y Publicidad y trabaja en el departamento financiero de una empresa. Sus relatos han sido publicados en Ellas También Cuentan (Torremozas) tras conseguir una accésit en el XXII Premio Ana María Matute, en Relatos 03 (Tres Rosas Amarillas) y en Cuentos para el Andén.

Sobre el autor

Sonia Aldama

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