Críticas

La Bestia Humana

Jean Renoir entre las vías

La Bestia Humana

La obra cinematográfica de Jean Renoir es una de las cimas del arte del siglo XX. Encajada entre sus dos filmes más reconocidos, La gran ilusión (1937) y La regla del juego (1939), La bestia humana, realizada el mismo año que La Marsellesa, es también una de las obras mayores del cineasta francés.

La cinta está basada en una de las últimas novelas de Émil Zola de la serie Les Rougon-Macquart. Fue con otra adaptación perteneciente a la misma serie: Naná (1926) con la que Renoir se comprometió definitivamente con la profesión de cineasta. Jean, que había participado en la I Guerra Mundial siendo condecorado con la Croix de Guerre, y era un joven ceramista había cambiado de rumbo tras el estreno del primer éxito internacional de Erich von Stroheim, Foolish Wives actuando desde entonces como director de cine y también en varias ocasiones como actor y guionista. Varios años más tarde el propio Renoir contrataría al actor-director vienés para encarnar el personaje del comandante Rauffenstein de La gran ilusión, la primera de sus películas en recibir el reconocimiento mundial.

Jean Renoir (París, 1894-Beverly Hills, 1979) fue el segundo hijo del gran maestro del impresionismo Pierre August Renoir, a quien homenajea en Partie de champagne y muy especialmente en French Cancan, y tío del también cineasta Claude Renoir. Artísticamente a Jean cabe recordarle sin embargo más que por sus ascendientes y su apellido, por su impresionante legado cinematográfico.

A finales de los años 30 Renoir se había convertido en uno de los narradores más avanzados de la época, siendo por un lado el antecedente más claro del neorrealismo italiano y por otro, junto con Hitchcock y Robert Bresson, uno de los grandes inspiradores de la Nouvelle Vague, hasta el punto de que Jacques Rivette se refería a él como “el jefe”.

Fue precisamente uno de los autores a quien más influyó, François Truffaut, quien rescatara la obra del parisino de la poca consideración que -con la excepción de La gran ilusión– había tenido:

Nuestro amor por la obra entera de Jean Renoir -y hablo en nombre de mis amigos de Cahiers du Cinéma- nos ha hecho pronunciar la palabra ‘infalibilidad’, que no deja de irritar a los amantes de las ‘obras maestras’, aquellos que exigen de un film una homogeneidad de intenciones y de ejecución que Renoir, de hecho, jamás buscó. Por el contrario, pareciera que Renoir hubiera dedicado sus mejores esfuerzos a huir de la obra maestra, en lo que ella tiene de definitivo e inmóvil, para beneficiarse en cambio de un trabajo semi-improvisado, voluntariamente inacabado, abierto, de suerte que cada espectador lo pudiera completar y comentar a su gusto.

El relato de La bestia humana es uno de los mejores ejemplos de la potencia que encierra la narración cinematográfica, donde destacan especialmente los planos subjetivos del movimiento de las locomotoras sobre las vías. Apoyada por los sonidos metálicos y los de los silbatos, la alternancia de la luz del día y de la negrura de los túneles, la fuerza del tren es a la vez la metáfora de la oscura fuerza que encierra Lantier y también de la abstracta y absurda relación del hombre con su destino y con sus pasiones.

El original de La bestia humana data de 1890, pero el tren es una vieja historia en la vida de Zola. Su padre había construido una de las primeras líneas de ferrocarril de Europa, entre Linz y Gmunden. En 1858 (con 18 años) enfermo de tifoidea tiene una pesadilla: un accidente en un tunel, que veinte años más tarde traslada al relato La mort d’Olivier Bécaille: unos viajeros agonizan, encerrados en un túnel cuyas dos salidas han sido bloqueadas. La ingeniería y arquitectura del hierro había alcanzado su culmen con la construcción de la Torre Eiffel en 1889 y el ferrocarril se había convertido en una imagen perfecta de la sociedad de la época y de sus desigualdades, con sus vagones de primera y segunda clase, sus obreros (maquinistas, guardaagujas) y constituía el tejido de una Europa en permanente tránsito y a la vez en plena decadencia tras la gran depresión económica que la asoló entre 1873 y 1896.


El alma de la película se sustenta en la apabullante actuación de Jean Gabin, como el maquinista Lantier. Un personaje capaz del amor y de la compasión, pero también dotado de un lado irracional y oscuro, una especie de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, en el que percibimos a la vez una gran fragilidad y un instinto animal irrefrenable.

La bête humaine es una obra mayor entre las que realizó Renoir. Se trata de una cinta a mitad de camino entre el drama psicológico y el cine negro, protagonizado por un grupo de personajes imperfectos, donde la violación, los celos, la locura, la manipulación psicológica, el amor infiel y un irresoluble conflicto moral tiñen el relato de la presencia de un ser invisible: la muerte.

La película guarda un escrupuloso equilibrio entre los personajes, donde encontramos motivaciones en todos ellos, pero también la capacidad de infligir daños irreparables a los demás, y también a ellos mismos.

La tripleta principal de actores se complementa con otros dos actores sobresalientes. Fernand Ledoux representa a Roubaud, con quien inicia su novela Zola, en el rol de marido celoso, un personaje iracundo y desagradable en el que entendemos el desamor de su mujer, logra una representación sombría y dramática. Por su parte, Simone Simon, quien luego fuera La mujer pantera ofrece a la vez una imagen inocente, de víctima desamparada, pero aparentemente capaz de sobrevivir a los graves acontecimientos que rodean toda su trayectoria, esposa atormentada, involucrada a la fuerza en un crimen que no desea participar, frágil y a la vez manipuladora, pero finalmente otro títere en manos de una implacable realidad.

Los tres personajes, aunque distintos entre sí, transmiten una misma sensación: la de ser cabos sueltos en una sociedad, seres desamparados y desquiciados por giros vitales sucedidos al margen de su voluntad pero capaces de desencadenar sucesos de máxima violencia.

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Estéticamente se trata ya de una obra muy madura y avanzada de Renoir. Sorprende el empleo de una espectacular profundidad de campo, en lo que antecede a obras emblemáticas del cine más innovador de la época como Ciudadano Kane, los luminosos planos en exteriores, compuestos en ocasiones de forma peculiar, con grandes asimetrías.

Contrariamente a lo que se suele afirmar Renoir no es aquí un naturalista sino que bien al contrario utiliza el cine para crear una percepción aumentada de la realidad, esto lo hace de forma coherente, haciendo ver lo que normalmente queda fuera de foco para el ojo normal (mediante la profundidad de campo), mediante el uso sistemático de planos medios que dejan parte de la escena bajo la mirada y parte intuida o manejada mediante el sonido, con la utilización de espectaculares planos subjetivos, etcétera. Esta exacerbación de los detalles no es otra cosa que una forma narrativa propia del realismo, que Renoir traslada por primera vez a la historia del cine del mismo modo que Zola lo hizo a la literatura.

bete humaine animated gif fuente: nitratediva.files.wordpress.com

En esta película esta forma de expresarse es de una pertinencia ajustadísima tanto a lo que se narra, como al fondo de lo que se narra, al “plot” narrativo que diría EM Foster, y que en este caso no es otro que la impotencia de los hombres ante el abrumador peso de la realidad y la capacidad destructiva -y autodestructiva- de la fuerza irracional que todos encerramos. Una fuerza dramática, ajena a la voluntad de los hombres que se expresa en los fragmentos de la novela que Renoir escoge para iniciar la película:

a ciertas horas, sentía claramente la grieta hereditaria. […] Y vino a caer en cuenta de que pagaba por los demás, por los padres, por los abuelos, por generaciones de borrachos con la sangre gangrenada. […] sólo sentía aquella agonía de hombre impelido a cometer actos en que su voluntad no tomaba parte .

Coincide en su lectura de la novela con la que hizo Robert Barthes: “La bestia humana es la novela del Deseo (el filme que Fritz Lang extrajo de ella se llama Human Desire), del Crimen y del Destino (que, en este caso es la herencia hereditaria que tiene a Lantier por juguete).” Algunas de las secuencias más violentas de Los sobornados de Lang guardan similitudes expresivas con la “bête”, una cuestión probablemente no casual ya que esa película se produjo sólo un año antes de su propia adaptación de la obra de Zola. Vía por la que el francés también extiende su magisterio e influencia a una de las obras maestras del film noir.

La cinta no se aleja un milímetro de su perspectiva sobre la sociedad de la época, de sus clases, de sus miserias y desigualdades. Previamente a La gran ilusión se había señalado su cine como “frentista” y algunas de sus obras mostraban sin titubear una diáfana perspectiva comunista, esto fue utilizado injustamente para devaluar su obra, que se encontraba a años luz de las de la mayoría de cineastas franceses y europeos de la época.

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Zola en aquél año había recuperado una cierta fama, ya que la película The life of Emile Zola de William Dieterle se había alzado como triunfadora de los Óscar. El año en que se producía la película Renoir obtenía además un importante reconocimiento de la Academia al resultar nominada como mejor película La gran ilusión. Pese a tratarse de una obra sobresaliente La bestia humana pasó relativamente desapercibida, entre su obra más reconocida en aquel momento y la que la crítica posterior señalaría como la gran obra maestra: La regla del juego.

Hay que destacar por último la excelente edición que presenta Cameo, trasladándonos el máster de The Criterion Collection, la versión de más calidad de la película que existe actualmente en el mundo. Gracias a ello se cuenta con innumerables secuencias de blanco y negro esplendorosamente filmadas, con una calidad fotográfica tanto en exteriores como en interiores sorprendente para la época. También incluye planos esenciales que en cuidadas ediciones recientes, como la francesa de Studio Canal de 2004 ni siquiera aparecían. El contenido, ya de por sí difícilmente superable, se complementa con un libreto, Entre Vías, escrito por Carlos Losilla, uno de los mayores expertos en el cine de Renoir que repasa en 30 páginas esta película, la trayectoria del director y su filmografía . También incluye el audiocomentario del crítico de cine Àngel Quintana.

Una edición imprescindible para los coleccionistas, cuidada hasta el más mínimo detalle, que nos da la oportunidad de asistir a la descomunal interpretación de Gabin y a una obra cumbre del cine francés, que ubicada en una gran época de clásicos, es a la vez un relato del XIX y una puerta al futuro del cine y a lo más hondo del alma humana.

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La bestia humanaLa bête humaine, de Jean Renoir (1938). Guión de Denise Leblond y Jean Renoir, basado en una novela de Émile Zola. Interpretada por Jean Gabin, Simone Simon, Fernand Ledoux, Blanchette Brunoy, Gérard Landry, Jenny Hélia, Colette Régis, Claire Gérard, Charlotte Classis, Jacques Berlioz, Tony Corteggiani, André Tavernier, Marcel Pérès, Julien Carette y Jean Renoir.

Jacques Lantier, un maquinista de tren, se convierte en el amante de Séverine, la mujer del jefe de estación. Lantier es un hombre solitario marcado por el estigma de la locura que no puede reprimir su misoginia y esto se traduce en una violencia malsana contra las mujeres. Al enamorarse de Séverine, Lantier calla por amor ante un crimen del que es testigo, sin ser consciente de que ella lo utilizará para asesinar a su marido.

Contenido de la edición:

  • Película (99 min aprox.) – máster procedente de la edición de The Criterion Collection en USA
  • Audiocomentario del crítico de cine Ángel Quintana
  • Audio: V.O. Francés mono, V. Castellano mono
  • Subtítulos en castellano de la película
  • Fichas artística, técnica y biofilmografía del director
  • Formato: 1.33:1 – 4/3
  • Libreto “Entre las vías”, escrito por Carlos Losilla. 30 páginas sobre la película, el director y su filmografía.

Todo ello en una exclusiva funda de cartón.

Venta exclusiva en el Espacio de Cine de El Corte Inglés


La Bestia Humana

La Bestia Humana
Director: Jean Renoir
Año: 1938
Año: Jean Gabin, Simone Simon, Fernand Ledoux
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Sobre el autor

José Antonio Redondo

José Antonio Redondo ha desarrollado su actividad profesional entre los ámbitos de Internet, la formación y la cultura. Es cofundador de Hotel Kafka. Trabaja, trabajó más de 19 años en el campo del eLearning como consultor y directivo y lleva más de 20 liderando proyectos en el ámbito digital y escribiendo libros y manuales sobre estas materias y sobre management. Actualmente es asesor y formador en materia de ebusiness y marketing y comunicación digital; siendo también director de ambitocultural.es, la web de cultura de El Corte Inglés. Fue vocal desde su fundación de la Comisión de Innovación y Nuevas Tecnologías de CEIM (Confederación de Empresarial de Madrid – CEOE) y de la Comisión de eLearning de la Asociación Nacional de Empresas de Internet (ANEI). Es autor también de varios libros, artículos y manuales relacionados con la gestión de calidad en empresas de servicios, Internet y comercio electrónico. Tras estudiar Ciencias Químicas y Matemáticas en la UCM, se especializó en dirección de empresas y en gestión de producción y tecnología en la Universidad Politécnica de Madrid así como en todos los aspectos relacionados con Internet. Cursó Piano en la Escuela de Música Creativa y es Máster en Creación Literaria por la Escuela de Letras de Madrid.

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